Zeynep Keller
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«Soy mucho más mujer que tú, Zeynep. Es obvio que lo conquistaré».
Habían pasado varios días desde aquella confrontación, pero el veneno de esas frases aún me quemaba por dentro. Era fin de semana y había decidido regresar a casa de mis padres, buscando refugio en el lugar donde siempre me he sentido segura. Al cruzar la puerta, Nube —mi lindo cachorro— corrió hacia mí con el rabo moviéndose como un pequeño ventilador. El entusiasmo desbordante del animalito logró provocarme una sonrisa por primera vez en días. Me agachó para abrazarlo y enterrar mi rostro en su pelaje suave, dejando que el calor de ese pequeño cuerpo me consolara.
Sin embargo, cuando la noche llegó y la casa quedó en silencio, los pensamientos volvieron a atormentarme sin piedad. Me metí en la cama, pero el sueño se negaba a llegar. Permanecí horas con los ojos abiertos en la oscuridad, dando vueltas a la misma escena: la mirada confiada de Elif, la sonrisa triunfal, y sobre todo… la actitud de Rayan.
«Solo soy su amiga», repetía una y otra vez.
Ni siquiera había tenido el valor de rechazarme claramente. ¿Era por cobardía? ¿O realmente solo me veía como una amiga y no quería herirme? Fuera cual fuera la razón, el resultado era el mismo: un dolor sordo que se instalaba en el pecho y no me dejaba respirar tranquila.
Recordé entonces otras heridas más antiguas. Amistades que creí verdaderas y que terminaron traicionándome de la peor manera. Una en particular me venía a la mente con frecuencia: aquella chica que se acercó sólo para acercarse al chico que me gustaba. Al final, no solo me lo quitó, sino que me dejó sintiendo invisible, insignificante, como si nunca hubiera sido suficiente.
Desde entonces, una vocecita interna se había instalado en mi cabeza: «Siempre serás la segunda opción. Siempre elegirán a otra menos a ti». Y esa vocecita había crecido con los años, alimentándose de cada rechazo, de cada mirada que pasaba de largo, de cada cumplido que nunca llegaba. Se había vuelto experta en menospreciarme: su cuerpo nunca era el adecuado, su personalidad demasiado callada, demasiado intensa, demasiado… todo y nada al mismo tiempo.
Aquella noche, los recuerdos del pasado se mezclaron con el miedo al presente. ¿Y si la historia se repetía? ¿Y si Elif tenía razón y Rayan terminaba cayendo en sus brazos, dejándome una vez más en las sombras? El pánico me apretaba la garganta, pero en el fondo se que no son las mismas personas ni las mismas circunstancias. Ya no soy aquella adolescente vulnerable que se escondía detrás de los libros. Había crecido, había luchado, había aprendido a quererme un poco más… aunque a veces aún me cuesta creerlo.
Aun así, el trauma no desaparecía tan fácilmente. Las inseguridades seguían allí, arañando desde dentro: el miedo a no ser suficiente, a ser siempre «la amiga», a ver cómo otra persona más segura, más llamativa, arrebataba lo que más quiero.
Se giró en la cama y miró el techo. Una lágrima solitaria rodó.
A la mañana siguiente se propuso ir a tomar aire matutino en un parque cerca de su casa, nunca pensó en encontrarse a Marcus en ese lugar.
Me sente en el primer banco vacio y no logre contener mis lagrimas, solo podia mirar el cielo como si en él estuviera la respuesta.
—¿Zeynep? ¿Ocurrio algo?—la calida voz de Marcus, me devolvio a la realidad.
—No, paso nada malo tranquilo; tenía una basura en el ojo por eso las lagrimas—me limpie las lágrimas que rodean mis mejillas.
—No me mientas—su voz sono autoritaria, en los meses de amistad se que Marcus es una persona muy protectora con sus amistades; sin embargo es la primera vez que tengo buenos amigos. Sé que no me dejara de molestar hasta decirle la verdad.
—Solo no me juzgues.
—No lo hare, eres mi amiga y no te quiero dañar al contrario deseo verte feliz.
—Bueno…—rompí en llanto, Marcus se agacho al frente para abrazarme. Su solo abrazo logró calmar el dolor que alberga mi corazón.
—Pasé la noche sin poder dormir, Marcus. Sobrepensado la situación con Rayan. La verdad me duele mucho saber que solo soy su amiga, ni siquiera ha tenido el valor de rechazarme—Solté las palabras ya no podía guardar más este agobiante dolor que cada día se vuelve más insoportable.
—Tranquila Zeynep, tal vez te está protegiendo para no arruinar la amistad tan inquebrantable que tienen; no llores, por favor no me gusta verte así. Además, si no se arriesga a cruzar la línea antes de la graduación, entonces él se lo pierde.
Después de desahogarme y llorar en sus brazos sentí una paz, admito que la presencia de Marcus me ayudó. Cuando me despedí de él para regresar a mi casa no quise seguir pensando en Rayan, es momento de ponerme a mí misma antes que los demás; ya el tiempo decidirá si Rayan ¿será mi primer novio? ¿o no?
Marcus Aslan
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El viento frío de la mañana arrastraba las hojas secas por el sendero del parque y los primeros rayos del sol se filtraban entre las ramas. Tenía las manos hundidas en los bolsillos de la chaqueta, los hombros ligeramente encorvados, no dejaba de pensar en Zeynep la manera en cómo se derrumbó en mis brazos.
Caminé unos pasos por delante, sin embargo me detuve de golpe. Al ver a Rayan que venía caminando para saludarme «Este parque tenía algo en mi contra» mi mandíbula se tenso.
—Te lo advertí, Rayan. Que no la hicieras sufrir… y es exactamente lo que estás haciendo.
Mi voz salió baja, contenida, pero cada palabra tenía filo. Rayan levantó la vista un instante, solo para volver a bajarla casi de inmediato hacia las puntas de sus zapatillas. Sabía muy bien que se refiere a la situación con Zeynep.
—Sé que estoy aplazando demasiado las cosas… —empezó, hablando más para el suelo—. No es fácil. Tal vez si ella…