Zeynep Keller
💛╔══《✧》══╗💛
El eco del balón contra el piso de madera resonaba como un latido constante, casi hipnótico. Cada salto, cada golpe, cada respiración controlada era una pequeña victoria contra el torbellino que llevaba días girando dentro de mi cabeza. Necesitaba esto: el sudor que me corría por la espalda, el ardor en los músculos de las piernas, el silencio mental que solo el voleibol conseguía regalarme. Aquí no existían mensajes sin responder, miradas cargadas de significado ni ese nudo constante en el estómago cada vez que pensaba en Rayan Harrington.
Se había prometido a sí misma que dejaría de esperar. Dejaría de analizar cada palabra, cada gesto casual, cada roce accidental. Rayan era su amigo, sí, sin embargo también era el chico que había ocupado sus pensamientos durante semanas sin dar un paso claro. Y ya no quería ser la que siempre esperaba.
— ¡Buen remate, Zeynep! —gritó mi compañera desde el otro lado de la red.
Sonreí por inercia, pero mi mente ya empezaba a desconectarse otra vez. Recogí el balón y lo sostengo entre mis manos, sintiendo la superficie rugosa contra mis palmas. Respiró profundo. «Solo voleibol. Solo el aquí y ahora»
Sin embargo, una conversación proveniente del pasillo lateral del gimnasio rompió mi frágil concentración. Reconocí inmediatamente una de las voces. Rayan. El gimnasio de básquetbol estaba demasiado cerca y las paredes del complejo deportivo no eran precisamente gruesas.
—Tomemos un descanso ¿te parece?—le propuse a mi compañera, con la excusa de escuchar la conversación de mis amigos. «Será solo un rato, espero no arrepentirme»
—Si claro
Cuando llegué al pasillo entre ambos gimnasios pude oír mejor la conversación, la otra voz es la de Marcus.
— Si tanto te molesta verla triste, ¿por qué no le dices la verdad? —exclamó Rayan. Su tono era serio, casi retador.
Me quedé quieta, el balón aún estaba entre mis manos. Mi corazón dio un vuelco.
Marcus respondió con una risa amarga que no había escuchado nunca.
— Estás bromeando, ¿verdad? Es obvio que me va a rechazar. A ella le gustas tú, no yo. Para Zeynep solo soy un amigo… el que siempre está ahí, el que la hace reír cuando las cosas se ponen complicadas. Nada más.
Hubo un silencio. Sentí que el suelo se movía bajo mis pies.
— Tal vez no sea así… —contestó Rayan, más bajo—. Tú eres mejor para ella en muchos sentidos.
— No importa quién sea “mejor”. Lo correcto es pensar en lo que ella siente. No es justo que estemos aquí decidiendo quién puede estar con ella como si fuera un trofeo. Ella tiene voz y voto, Rayan. Y no la estamos escuchando.
Trague saliva por los nervios que me albergaban. Mis dedos apretaron el balón con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos.
— Son excusas —insistió Rayan—. Ve y dile que te gusta. No me enojaré. Solo quiero que ella sea feliz, aunque no sea conmigo.
Esas últimas palabras fueron demasiado. El balón se me escapó de las manos y rodó con fuerza por el piso pulido, directo hacia el pasillo donde estaban los dos chicos. El sonido del rebote fue como una explosión en medio del silencio.
Los dos se giraron al mismo tiempo. La expresión de Marcus pasó de la sorpresa al horror en menos de un segundo. Rayan, en cambio, simplemente cerró los ojos un instante, como si hubiera estado esperando que esto ocurriera.
—¿Qué dijiste, Harrington? —pregunte, avanzando hacia ellos. Mi voz salió más firme de lo que se sentía por dentro. El corazón me latía tan fuerte que estaba segura de que ellos podían escucharlo.
Marcus se pasó una mano por el cabello, nervioso. Sus ojos, normalmente llenos de bromas y calidez, ahora parecían vulnerables.
— Zeynep… no era así cómo quería que te enteraras.
Ella cruzó los brazos, más para sostenerse a sí misma que por defensiva.
— ¿Desde cuándo?
Marcus miró hacia el suelo un segundo antes de enfrentar su mirada.
— Desde hace varias semanas. Tal vez más. Al principio pensé que era solo admiración. Me gustaba tu forma de ser callada pero fuerte. La manera en que sonríes cuando crees que nadie te ve. Pero… se volvió más profundo. Hasta que me di cuenta que me estaba enamorando.
Zeynep sintió un nudo en la garganta. Marcus siempre había sido su refugio seguro, el amigo que la hacía sentir cómoda y valorada. Saber que él guardaba esos sentimientos en silencio le dolía de una forma que no esperaba.
— Marcus… yo…
— No —Me interrumpió él suavemente, levantando una mano—. No tienes que decir nada que no sientas. Lo entiendo, Zeynep. De verdad. Sé que tus sentimientos están en otra parte. Y está bien. No quiero que te sientas culpable ni que las cosas entre nosotros se vuelvan raras. Solo… quiero que seas feliz.
Sus ojos brillaban con una mezcla de tristeza y resignación sincera. Di un paso hacia él y sin pensarlo, lo abracé. Se tensó un segundo antes de devolver el abrazo, fuerte pero breve.
— Eres un gran amigo —susurró ella contra su hombro—. El mejor. Y lamento si alguna vez te di esperanzas sin darme cuenta.
— No lo lamentes —respondió él, separándose con una sonrisa pequeña y triste—. Solo prométeme que no dejarás que nadie te haga sentir menos de lo que vales. Ni siquiera tú misma.
Rayan se había mantenido en silencio durante toda la escena, observándolos con una expresión indescifrable. Cuando Marcus se alejó para darles espacio, Rayan se acercó lentamente.
— Zeynep…
Lo mire. Había mil emociones chocando dentro de mi pecho: sorpresa, ternura por Marcus, nervios, esperanza.
— Después de las clases —dijo Rayan con voz baja pero decidida—, te espero en la entrada principal del campus. Estaré con el auto. Quiero llevarte a un lugar. Solo nosotros dos.
Zeynep parpadeó, sorprendida por la determinación en su voz.
— ¿A dónde?