Más Allá de la Amistad

Capítulo 23 Peligro

Marcus Aslan

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El sol de la tarde se filtraba entre las hojas de los árboles del campus cuando

me encontré con Rayan cerca de la biblioteca. Él caminaba con las manos en los

bolsillos, la mirada baja, como si cargara un peso invisible sobre los hombros.

Yo ya sabía de qué se trataba. Elif no había escondido su molestia desde que se enteró de que él y Zeynep estaban juntos. Sus comentarios cortantes, las miradas largas todo apuntaba a algo más profundo que un simple desagrado.

—Si no le dices, lo haré yo —le dije sin rodeos, deteniéndolo con una mano en

el brazo, Sander se unió a nuestro encuentro, solo permaneció en silencio—No es justo que le ocultes esto.

Rayan suspiró y se pasó una mano por la nuca, ese gesto que siempre hacía

cuando no sabía cómo enfrentar algo.

—No quiero preocuparla —respondió en voz baja.

Entendía su miedo. Zeynep era dulce, demasiado confiada a veces, y Rayan prefería cargar solo con la inquietud antes que verla angustiada. Pero ocultarle la verdad no iba a protegerla; solo iba a retrasar lo inevitable. Estábamos a punto de seguir discutiendo cuando una voz suave, casi melódica, interrumpió nuestra conversación:

—¿Por qué no me quieren preocupar?

Me giré de inmediato. Zeynep estaba de pie a pocos metros, con una carpeta

apretada contra el pecho y una expresión de confusión en el rostro. Había escuchado lo suficiente. Rayan se tensó a mi lado; el color se le fue un poco de la cara.

—Anda, Rayan, dile —insistí, cruzándome de brazos. No iba a dejar que se escapará esta vez. Sander solo lo miro con una mirada desafiante para obligarlo a hablar.

Él abrió la boca, la cerró, y volvió a pasar la mano por el cuello. El silencio se alargó demasiado.

—Bueno, este…

empecé yo, al ver que no iba a decir nada Definitivamente tendré que decirlo porque Rayan no lo hará. Zeynep nos miraba de uno a otro, esperando.

—Ay, no puedo con esto —suspiré, bajando la voz un poco—. Elif está molesta

porque tú y Rayan están juntos. Y nuestro buen amigo aquí teme que te haga

algo.

El rostro de Zeynep se suavizó primero con sorpresa y luego con una especie

de comprensión triste. No parecía enfadada por el secreto; más bien preocupada

por Rayan.

—¿Por qué no me lo dijiste? —le preguntó a él, sin reproche, solo con esa

dulzura que siempre la caracterizaba. Rayan bajó la mirada.

—No quería que te sintieras mal por mi culpa. Pensé que si lo ignorábamos… se pasaría.

Yo me quedé callado un momento, dejando que hablaran. Sabía que Elif no era

una persona peligrosa en el sentido literal, pero su resentimiento podía volverse

molesto y Rayan tenía razón en preocuparse. Aun así, ocultárselo a Zeynep ha sido un error. Después de un rato más de conversación, en la que intenté mediar y calmar un poco los ánimos, nos separamos. Yo tenía que entregar unos papeles en la facultad, y ellos necesitaban hablar a solas. Mientras me alejaba, no pude evitar mirar atrás. Rayan tenía el brazo alrededor de los hombros de Zeynep, y ella apoyaba la cabeza en su pecho. Al menos, pensé, ya no había secretos entre ellos.

El resto de la tarde transcurrió con normalidad en el campus. Gente estudiando en el césped, grupos preparando los últimos trabajos, risas lejanas. La graduación se acercaba, y con ella esa mezcla de euforia y nostalgia que todos sentíamos. Yo mismo tenía que terminar de revisar mi discurso para la ceremonia. Pero no podía quitarme de la cabeza la expresión de Zeynep cuando se enteró de lo de Elif. Esperaba que todo se resolviera pronto.

Zeynep Keller

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No pude dejar de pensar en las palabras de Marcus durante el resto del día.

Rayan y yo caminamos un rato por el parque del campus después de aquella

conversación y aunque él intentaba restarle importancia, veía la tensión en

sus hombros. Elif. Nunca me había imaginado que nuestra relación le molestara

tanto. Admito que nunca le he caído bien por ser muy cercana a él, pero tanto sería su molestia para hacer algo contra mi.

—No creo que te haga nada realmente malo —me dijo Rayan mientras nos sentábamos en un banco bajo un árbol—. Solo… está molesta. Y yo no quiero que te sientas incómoda por mi culpa—Le apreté la mano.

—No es tu culpa. Y prefiero saberlo a que me lo ocultes. Confío en ti, Rayan. Y

también confío en que Elif no es alguien que haría daño de verdad.

Él asintió, aunque no parecía del todo convencido. Nos quedamos un rato en silencio, escuchando el ruido lejano de los estudiantes que cruzaban el campus. La graduación estaba a solo unas semanas. Pronto todo cambiaría: los horarios,




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