La intención de Ramón había sido compartir con su familia el espacio donde laboraba y trascurría la mayoría de las horas de su día, pero también compartir a su familia con su único círculo de amistades.
Con Abraham y Sugey en especial. En su particularidad, los consideraba buenos amigos.
A pesar de lo bueno, seguía sin comprender las radicalidades de Abraham. Quiso creer que no haber saludado a Lily fue un despiste producto de su prisa y lo dejó pasar.
Por otro lado, desde aquella vez, en la que compartió con Sugey un poco de su relación con su esposa, se sintió mejor. No era un tema para tratarse con cualquiera ni que entendieran muchos. Ni siquiera él sabía la mayoría de las veces si estaba haciendo lo que debía o dónde encontrar respuestas concretas para ayudar a Lily a sentirse mejor.
Después, había protagonizado junto a su compañera pláticas por mensajes fuera del trabajo. La primera una noche en la que se quedó jugando videojuegos un rato. Lily se había ido a dormir a Rebeca y no volvió a salir de la habitación, agotada por la extenuante jornada. Las otras en oportunidades similares. Sugey le otorgó un respiro nocturno con comentarios que le daban gracia y jugando en línea Resident Evil. Fue espontáneo. No había necesidad de seriedad ni apariencia; se aproximaba a lo que fluía entre los dos cuando eran estudiantes y la muchacha lo hacía olvidar las obligaciones de un hogar ya hecho, uno en el que todavía debía ser fruto y no raíz, aunque las circunstancias lo hubieran empujado a sostenerlo.
Verla ahí le arrancó una sonrisa sincera. Había esperado esa oportunidad para presentarle a Lily y para que conociera a Rebeca.
No vio más allá.
Tampoco quiso hacerlo cuando Lily entró a pasos tan cortos como rápidos y le arrancó a Rebeca de los brazos.
El cuerpo se lo dijo con una línea fría atravesándole la nuca. El tono de su esposa no era al que estaban habituados sus oídos. Aún así, se quedó ahí, de pie con Octavio, compartiendo impresiones del evento y burlándose un poco del aprieto en el que Rudy había dejado a Sugey. No lo pensó mucho, atribuyó la actitud de Lily a la urgencia que surgía en ella cuando se trataba de satisfacer las necesidades de la bebé.
Luego, Sugey se levantó de la silla donde los adolescentes la tenían rodeada, dándole una nueva distracción.
—Monchis —exclamó, aproximándose a ellos—. ¿Y Rebeca? La vi y cuando volví a voltear ya no estaba.
—Lily se la llevó. Tenía hambre.
Un llanto infantil desde el pasillo lo hizo mirar un breve instante a la puerta. Era agudo y desesperado, el mecanismo evolutivo perfecto para obligar a los adultos a responder al llamado de las crías. Ramón tuvo el impulso de asomarse; incluso dio medio paso, pero pensó que Lily tendría todo bajo control. La imagen de su rostro al llevarse a Rebeca volvió, medio difusa medio no queriendo ser recordada: la boca apretada y los ojos sin buscarlo. Lily sabrá qué hacer, se repitió. Solía hacerlo. Excepto por el corte de uñas, no había nada que él pudiera atender mejor que ella con respecto a Rebeca. Cuando él apenas lo estaba analizando, ella ya lo tenía resuelto.
Además, quiso concederse una tregua. En ese lugar donde podía encontrarla a diario. Unos minutos para no resolver ni cargar nada, con la risa de Octavio cerca y Sugey ahí, representando un pasado que volvía sin pedirle cuentas.
—Ahorita que se ponga a comer se calma. —Sonrió para darle fuerza a su afirmación—. ¿Qué dejaste haciendo a los sobrinos de Rudy, chica zombi?
—¿Chica zombi? —Octavio miró a uno y a otro, sus ojos oscuros se entrecerraron.
Desde que Sugey le había dejado claro lo poco dispuesta que estaba a corresponder a su interés amoroso procuraba mantenerse al margen. No obstante, el apodo utilizado por Ramón hacia su compañera le llamó la atención lo suficiente para atreverse a indagar.
Por su parte, él intercambió con Sugey una mirada que no necesitaba palabras, un vistazo que los llevó años atrás.
Sonrieron al unísono.
—Monchis es vengativo en el fondo. Y como antes no le gustaba el apodo que le puse, comenzó a llamarme así… de nuevo.
—Pues está raro. —El tono de Octavio cambió a pura especulación.
—Es por mi banda favorita y la canción que más me gusta: Living dead girl. Ah…—dijo. Se giró un poco a Ramón y le dio un manotazo en el brazo—. Ya sé que se estaban burlando porque me dejaron de niñera.
Él formó la cruz con los dedos a la que recurría cada vez menos, pero que no soltaba del todo.
—Por esta que no —respondió—. Nada más poquito. Se te da bien, los tienes bien entretenidos —admitió, divertido.
Los otros dos lo acompañaron con risas breves, de camaradería cómplice. De ahí pasaron a comentarios breves sobre el evento, la ausencia de sus compañeros y el trabajo que tendrían para la siguiente semana. En ese lapso el llanto de Rebeca cesó; Ramón pensó que Lily entraría con ella en cualquier momento. Aguardó a que lo hiciera, revisando el reloj en su celular cada tanto. Cinco, diez, quince… casi veinte minutos y Lily seguía sin aparecer.
Uno de los adolescentes en la estación de trabajo de Sugey la llamó.
—Voy —respondió ella, viendo de reojo a los chicos —. Los dejé corriendo una simulación, pero creo que ya tengo que volver —aclaró, dirigiéndose a él—. Deberías explicarles la parte mecánica; son muy curiosos. Preguntan por todo.
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Editado: 13.06.2026