Más allá de nosotros

26. Más que una amiga

Ramón bloqueó a Sugey en un acto desesperado. Además, la conocía lo suficiente para saber que no tomaría bien un desaire así. Lo inquietaba su reacción; era probable que dejara de hablarle de nuevo. Y en medio de la premura, ni siquiera sabía si esta vez le dolería tanto como la primera. Sin embargo, necesitaba demostrarle a Lily de una vez por todas que el lugar de Sugey en su vida no se comparaba con el de ella. Después tuvo más tiempo para pensarlo. Quizás el problema era que Lily no acababa de entender que entre Sugey y él existía una amistad diferente. Habían compartido mucho; él la quería. Se sentía entre la espada y la pared, obligado a elegir cuando, desde su perspectiva, no debería haber sido necesario. Pero si tenía que hacerlo, la elección era clara.

Media hora después recibió un mensaje por Discord. Lo tomó por sorpresa. Entre el cansancio del viaje y la plática con Lily, no tenía cabeza.

«¿Por qué me bloqueaste de Whatsapp?».

«Mañana hablamos», respondió rápido.

«Nada más dime qué te pasa».

No respondió. Lo ocurrido merecía una explicación cara a cara. No pensaba engancharse en un intercambio de frases ambiguas y escasas.

Abrió el tercer mensaje apresurado, esperando que entendiera que en ese momento no podía atenderla.

«¿Desde cuándo haces esto conmigo?».

«Ahorita no puedo hablar».

«No es muy educado de tu parte».

Entonces comenzó a ver de otra forma esos rasgos del carácter de Sugey que minimizó con el cariño. En la universidad discutía sin mediar si no le parecía la decisión de un profesor, o en su casa cuando su madre intentaba hacerle una observación. No daba tregua. Para ella era ganar o ganar. Tampoco se detenía a pensar demasiado en lo que iba a decir. Lo que en la mayoría sucedía al calor del enfado, en ella era una constante. Era muy equilibrada con lo referente a lo profesional y pocas veces le costaba argumentar, tanto que parecía que nunca se equivocaba.

También recordó que solía reclamarle si tardaba en responder o no lo hacía. Antes no había sido un problema. Era su única amiga y él mismo esperaba con ansia sus mensajes. Permanecía callado o le daba la razón cuando veía que necesitaba explayarse sobre algún tema o sobre lo que sentía. Luego de su reconciliación, había sido un poco similar. Así fue como un par de mensajes se volvieron cientos.

A pesar de esa exigencia de su parte, le agradaba hablarle, lo hacía reír y le había ayudado a olvidar cuánto extrañaba tener a Lily para él durante los meses en que su esposa parecía navegar su propio mar, consumida por el cuidado de Rebeca a pesar de lo que él hacía para aliviarle la carga. Con Lily había seguido teniendo sus momentos, eso nunca se perdió, pero más espaciados, con ausencias y silencios de por medio a los que le costó acostumbrarse.

Muy a su pesar aceptó que, por un tiempo, Sugey había llenado esos espacios, haciéndolo sentir menos solo en su propia casa, pero eso había quedado atrás. Él amaba a Lily y la cercanía con Sugey se estaba tornando complicada. Lo supo al leer los siguientes mensajes.

«Si estás molesto dime por qué».

«No puedes bloquearme y ya».

Las notificaciones no pararon de llegar. Aprovechó que Lily por fin se había dormido en sus brazos para responder el último mensaje.

«Nos vemos mañana».

Muy temprano, poco antes de que saliera de su departamento, le llegó otro mensaje.

«Te espero en el Starbucks».

El desayuno que Lily había preparado para él se volvió pesado en su estómago. Por un momento, consideró no acudir ese día, evadir a Sugey. Tomó aire, negándose a ceder a lo fácil. Al llegar al Starbucks la vio de inmediato. Mientras los demás realizaban sus pedidos, ella ya se encontraba en una mesa, con una bebida humeante y el gesto tenso. Había una botella de agua del otro lado, supo que era para él porque no solía pedir otra cosa.

Con pasos lentos fue a su encuentro.

—Hola —dijo. Luego se sentó, cabizbajo.

—Hola. Te escucho.

Ramón notó que apenas lograba controlar la entonación de su voz. Levantó la vista. Sugey tenía el entrecejo contraído y los dedos apretados alrededor de su vaso.

—Lily vio la captura que me mandaste.

Si ella era directa, él también lo sería. Sobre todo cuando no quería alargar más de la cuenta esa conversación. Había vuelto a pensar lo que Lily le señaló. Al principio le pareció obvio que Sugey había enviado la captura sin mayor intención, pero luego, las dudas de su esposa se le contagiaron. Aquella imagen había sido enviada sin ningún mensaje acompañándola. Era poco común en ella no dar aclaraciones.

—No sabía que te revisaba el celular.

—Pasó.

—¿Ella te dijo que me bloquearas?

—No.

—Al menos.

—Esto es entre tú y yo. —Su tono se endureció—. Mejor dime por qué enviaste la imagen esa. ¿Para qué?

Sugey le dio un trago a su bebida. Evadía su mirada, ordenando algo en su interior. Ramón le dio unos segundos.

—¿No te dio nada de curiosidad lo que iba a decirte en la posada?




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