El bosque estaba envuelto en un silencio casi absoluto.
T/N caminaba despacio entre los árboles, sin un destino claro.
No sabía exactamente por qué seguía avanzando.
Era como si una fuerza invisible la guiara.
Sus pasos eran lentos, tranquilos... casi hipnotizados.
Las ramas crujían bajo sus zapatos mientras la luz del atardecer se filtraba entre las hojas.
—Siento que... ya estuve aquí hace mucho tiempo... —susurró.
Su mirada recorría cada rincón.
Cada sendero.
Cada piedra.
Todo le resultaba familiar.
De repente, un recuerdo apareció en su mente.
"¡Este es nuestro árbol!"
T/N se detuvo en seco.
Abrió los ojos con sorpresa.
—¿Nuestro...?
No terminó la frase.
Sacudió la cabeza.
—No... era... mi árbol.
Comenzó a mirar alrededor con más atención.
Recordaba perfectamente cómo era.
Era un árbol enorme, con un tronco ancho y una rama gruesa que se inclinaba hacia un lado.
Pero había algo que lo hacía inconfundible.
Cuando era pequeña, había dibujado un corazón rosa en el tronco para reclamar que ese era su árbol.
—Tiene que estar por aquí...
Avanzó unos metros más.
Pasó junto a varios árboles.
Ninguno era.
Hasta que, al fondo, distinguió un tronco mucho más grande que los demás.
Su respiración se aceleró.
Corrió hasta él.
Y allí estaba.
Aunque el paso de los años había desgastado la pintura, todavía podía verse el contorno de un pequeño corazón rosa dibujado en el tronco.
T/N sonrió sin darse cuenta.
—Lo encontré...
Le pasó la mano con cuidado.
La pintura estaba casi borrada.
Pero seguía allí.
Como si hubiera esperado todos esos años.
Mientras observaba el árbol, algo brillante llamó su atención.
Debajo de unas raíces, apenas asomaba un pequeño reflejo metálico entre la tierra.
—¿Qué es eso?
Se agachó.
Con las manos comenzó a apartar hojas secas y tierra.
El objeto apareció poco a poco.
Era una esquina de metal.
Siguió excavando.
Después de varios minutos logró sacar una vieja lonchera metálica.
Estaba cubierta de tierra y óxido.
La limpió con la manga de su sudadera.
Sus ojos se abrieron de inmediato.
—No puede ser...
La reconocía.
Era una lonchera de una de sus caricaturas favoritas cuando era niña.
Tenía algunos rayones y los colores estaban deslavados, pero era exactamente la misma.
—¿Qué hace esto aquí?
La observó unos segundos.
Sentía una mezcla de emoción y curiosidad.
Finalmente abrió los seguros metálicos.
Click.
La tapa se levantó lentamente.
Dentro había varios recuerdos perfectamente acomodados.
T/N comenzó a sacarlos uno por uno.
Había dibujos hechos con crayones.
Un pequeño listón rosa.
Algunas hojas dobladas.
Y varias fotografías.
Sonrió con nostalgia.
En una aparecían sus antiguos juguetes acomodados sobre la alfombra de su habitación.
En otra podía verse cómo era su cuarto cuando tenía cinco años.
Las paredes estaban llenas de dibujos infantiles.
Los peluches ocupaban casi toda la cama.
T/N no pudo evitar reír.
—Tenía demasiados peluches...
Siguió revisando.
Encontró otra fotografía.
Era ella de pequeña sosteniendo un enorme globo durante una feria escolar.
Luego otra donde estaba jugando con cubetas de arena en el patio.
Cada imagen era un pequeño viaje al pasado.
Hasta que una fotografía diferente llamó su atención.
Era una polaroid.
El borde blanco estaba un poco amarillento por el tiempo.
T/N la tomó con cuidado.
La imagen mostraba este mismo bosque.
Y en el centro...
Estaba ella.
Tenía unos cinco años y sonreía directamente a la cámara.
Era el mismo árbol del corazón rosa que acababa de encontrar.
Todo parecía normal.
Pero...
Algo no encajaba.
T/N sintió un escalofrío.
Observó la fotografía más de cerca.
No había nadie más.
Solo la pequeña T/N.
Y, aun así...
Era como si la imagen estuviera incompleta.
Como si alguien hubiera debido aparecer junto a ella.
Como si hubiera un espacio vacío reservado para otra persona.
Un lugar donde alguien... faltaba.
—¿Por qué siento que no estaba sola...?
Se quedó mirando la polaroid.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
No podía explicarlo.
Era una sensación extraña.
Muy extraña.
Como si su memoria recordara algo que la fotografía no mostraba.
En ese instante, una suave ráfaga de viento recorrió el bosque.
La polaroid tembló entre sus dedos.
Y una voz, apenas perceptible, pareció mezclarse con el sonido de las hojas.
—...La foto... no está completa...
T/N levantó la cabeza de golpe.
—¿Quién dijo eso?
Solo había árboles.
Y el bosque volvió a quedarse en silencio.
Hola chicos, perdon si aqui en este libro no e puesto nada, pero por la escuela no puedo dedicarle al libro, asi que tenganme paciencia porfis, les prometo que se los voy a compensar en serio bueno byeeeeee :3