Capítulo # 43
En la casa Harris Johnson.
—Ya tengo que irme —anunció Maddie.
—Pero, ¿a dónde vas a esta hora? —le preguntó extrañado su esposo.
—Me llamó Chad, que no ha llegado a Lucrecia, y la voy a cubrir —le explicó.
—Pero estamos de vacaciones —le dijo serio.
—Sí, no hemos salido para ninguna parte —le comentó seria.
—Porque no me lo dices tampoco —le dijo frustrado.
—No quiero pelear —le dijo sin ganas.
—¡Maddie! ¿Algo te pasa? ¿Estás muy rara?
—No, me pasa nada.
—¿Ya no me amas? —le preguntó preocupado.
—Sí… pero es que, no sé cómo decirte —contestó nerviosa.
—¡¿Qué!? ¡Dime, por favor! —exclamó desesperado.
—Erick… ¡Estoy embarazada, voy para tres semanas! —le anunció.
—¿Qué? —dijo perplejo.
—Por eso estoy así, porque sabía que te ibas a poner así —dijo triste.
—Es muy pronto.
—Lo sé, yo no lo hice sola —le recordó molesta.
—¿Quién dice algo, solo que no me esperaba ser padre tan rápido? —le dijo mirándola.
—Entonces, ¿lo tenemos o no? —le preguntó con desafío.
—Maddie —dijo asombrado.
—Yo sí lo voy a tener, no sé tú —le aclaró furiosa.
—Claro que sí, es mi hijo.
—Entonces, estamos bien —dijo dudosa.
—Claro que sí, mi amor —le afirmó abrazándola.
—Qué alegría —dijo sonriendo.
—Vamos, te llevo para la clínica —se ofreció.
—Ok, vamos —dijo feliz.
Erick llevó a Maddie a la clínica, y al llegar comenzó a trabajar porque la estaban esperando.
Mientras en la casa Johnson Collins, todos estaban durmiendo muy a gusto, hasta que Hanna comenzó a llorar de nuevo.
Taisha estaba despertando.
—¿Qué pasa, Hanna?
Hanna comenzó a llorar porque le estaba doliendo la pierna.
—¿Será que le duele la pierna? —Hans preocupado.
—Puede ser —dijo ella revisándole la herida—. Está bien.
—Voy a darle la medicina —le dijo él.
—Ok.
Hans le dio una dosis pequeña a Hanna, y al rato estaba tranquilita en el pecho de Taisha.
—Parece mentira que hace unos meses estaba pequeñita —comentó encantado él.
—Sí, ya pronto cumplirá su primer año de vida —dijo Taisha acariciándola.
—¿De qué se lo vamos a hacer? —le preguntó.
—De princesas.
—De princesas, me gusta más de otra cosa —le dijo serio.
—Dejemos que ella decida —le dijo sonriendo.
—Buena idea.
—Gracias.
—Aaaa —balbuceó la pequeña.
Hans agarrándola.
—¿Qué pasó?
Hanna estaba muy divertida porque Hans le hacía cosquillas; Taisha solo los miraba mientras Aisha comenzó a moverse.
—Ya se va a despertar —le dijo Taisha sonriendo.
—Sí —afirmó él.
Aisha abrió los ojos, molesta.
—¿Por qué? ¡No dejan dormir!
—Mi princesita se puso brava —dijo él, risueño.
—Tengo sueño —le dijo quejándose.
—Princesita, ve para tu habitación —le habló su padre.
—No quiero —dijo haciendo puchero.
—Hans, vamos para la sala. Se me quitó el sueño —dijo su esposa.
—Sí, vamos.
Taisha y Hans bajaron con Hanna para la sala; al llegar, comenzaron a preparar el desayuno. No faltaba casi nada para que fueran las ocho de la mañana. Hans se encargó del jugo y Taisha de preparar panquecas, ya que era la comida favorita de Aisha, mientras que Hanna estaba jugando en el corral.
—Yo creo que mejor hago jugo de manzana —comentó él.
—Sabes que casi no me gusta —le recordó ella.
—Sí lo sé, es que no va a alcanzar el jugo de naranja —le dijo mirándola.
—Ok —le dijo ella.
—¿Por qué no vamos para la playa? —le propuso.
—No tengo ánimos de playas; mejor vamos a cenar en la noche o nos quedamos aquí viendo películas —le dijo Taisha.
—Buena idea.
—Gracias —dijo ella dándole un beso.
Hanna comenzó a llorar.
Hans caminaba hacia ella.
—¿Qué pasó? —le preguntó dándole un beso en la mejilla.
Hanna comenzó a reír.
—Hanna ya está malcriada —quejándose su esposa.
—Culpa mía no es —le soltó inocente.
—Sí, cómo no —dijo riéndose.
—Verdad, Hanna. ¿Qué, papi, no te tiene malcriada? —le preguntó a y Hanna reía muy divertida.
—No, que no —le dijo divertida.
—Pero, ¿qué puedo hacer, si esta princesita se gana el corazón de quien sea? —le confesó enamorado.
—Eso sí.
—Ven, vamos a preparar el desayuno, Hanna —dijo él.
Taisha terminando de acomodar la mesa.
—Vamos a desayunar.
—Sí, vamos a esperar a Aisha —le dijo mirándola.
—Ok.
Aisha bajando las escaleras.
—Mi princesita, ya está listo el desayuno —le comunicó su padre.
—Qué bien, ya tengo hambre —dijo sonriendo.
—Ven, —colocó a Hanna en su sillita.
Mientras Taisha comenzó a preparar la comida de Hanna.
—Mi amor, si quieres, yo le doy la comida a Hanna —se ofreció él.
—Ok, gracias, mi amor —dijo ella.
—Está delicioso —le dijo Aisha encantada.
—Sí, ¿pero no quieres miel? —le preguntó Taisha.
—Sí, mami.
Taisha le echó un poquito de miel.
—Gracias, mami.
—Mi amor, pásame la comida de Hanna —le pidió Hans.
—Toma —le dijo dándosela.
Hans comenzó a darle la comida a Hanna, mientras Taisha aprovechó y comenzó a comer también.
—Oye, mi amor. ¿Por qué no llevamos a Hanna al parque? —le preguntó Hans mirándola.
—Me parece una buena idea. Aisha se va para la casa de su tía Chloe —dijo Taisha.
—Pero yo quiero ir, también —les dijo haciendo puchero.
—Ah… Pero cómo amaneciste así, pensé que no querías venir —le dijo Hans, serio.
—Claro que sí —habló la niña.
—Ok.
—Terminemos de comer, para irnos un rato —le dijo ella.
—Ok —dijo, terminando de darle la papilla.
—Vamos a bañarte —le dijo ella agarrando a Hanna.
—Yo también me quiero bañar —habló Aisha atrás de su madre.
—Vamos.
Taisha subió con las niñas para arriba, después les dio un baño a las niñas y luego las vistió. Taisha le colocó a Hanna un conjunto de color azul; el conjunto le resaltaba los ojos a Hanna, mientras que a Aisha le colocó un vestido color rosa y le eligió un juego de collar y de aretes.