Mi Reino Por Un Amor

Capítulo 5

Christina, aún molesta por lo ocurrido en el restaurante, se quejaba mientras caminaban por la calle.

—No puedo creer lo que pasó. Esa mesera arruinó mi vestido y mi humor —dijo con irritación.

Sus amigas trataban de consolarla, pero Christina, en busca de distracción, decidió cambiar los planes.

—¿Saben qué? Vamos a mi casa. Mi padre está dando una fiesta esta noche —sugirió Christina, tratando de olvidar el incidente.

Una de sus amigas, algo preocupada, preguntó:

—¿Estaremos bien en esa fiesta? ¿Encajaremos?

Christina, con confianza, sonrió y asintió.

—Claro que sí. Será divertido. Y además, necesitamos algo para animarnos después de este desastre —dijo, tratando de levantar el ánimo del grupo.

Las amigas de Christina aceptaron la propuesta y comenzaron a dirigirse a la casa de Christina. Mientras caminaban, Christina intentaba dejar atrás el mal momento en el restaurante y enfocarse en disfrutar de la fiesta que su padre estaba organizando.

La fiesta en la casa de Alexei estaba en pleno apogeo, con música animada y los invitados disfrutando del ambiente sofisticado. Las luces brillaban, reflejándose en las amplias ventanas y creando un ambiente acogedor y festivo. Entre los invitados, Nikolay, uno de los socios de Alexei, se acercó para admirar una reciente adquisición.

—Alexei, esta pintura es magnífica. Te felicito por obtener una pieza tan importante —dijo Nikolay, observando la obra de arte con admiración. Luego, se volvió hacia Natasha. —Y Natasha, la decoración de la casa es realmente exquisita. Tienes un gusto increíble.

Natasha sonrió agradecida.

—Muchas gracias, Nikolay. He puesto mucho esfuerzo en hacer que este lugar sea acogedor —respondió, orgullosa de su trabajo.

En ese momento, Christina y sus amigas, visiblemente ebrias, se acercaron al micrófono. Alexei, notando la situación, se disculpó con Nikolay y se apresuró a intervenir.

—Disculpa, Nikolay, necesito atender algo —dijo Alexei, moviéndose rápidamente hacia el micrófono.

Christina, con una sonrisa borracha, estaba hablando incoherencias, haciendo reír nerviosamente a algunos invitados.

—¡Papá, ¿no es esta la mejor fiesta?! —gritó Christina, tambaleándose.

Alexei se acercó a ella, tratando de apartarla del micrófono.

—Christina, basta. Esto no es apropiado —dijo con severidad.

Pero Christina, al escuchar a su padre mencionar que se iba a comprometer con Natasha, se detuvo en seco y, con una mezcla de sorpresa y furia, tomó el micrófono de nuevo.

—¡Oh, claro, no les he dicho a todos! Mi padre aquí ha decidido que se va a casar con Natasha —anunció Christina, su voz resonando en la sala. —Sí, sí, parece que se le ha metido en la cabeza la idea de casarse de nuevo.

Los murmullos comenzaron a correr entre los invitados. Alexei, con una expresión de vergüenza y frustración, se acercó a Natasha y se disculpó.

—Lo siento mucho, Natasha. Esto es... inaceptable. —dijo, apretando la mandíbula.

Natasha, tratando de mantener la calma, le susurró a Alexei.

—Debemos esperar, Alexei. Quizá no es el mejor momento para todo esto.

Nikolay, observando toda la escena, pensativo, miró a Christina tambalearse antes de caer torpemente en la fuente central del jardín, provocando un chapoteo y risas nerviosas de los presentes.

Alexei, con el rostro endurecido por la preocupación y el enojo, se dirigió rápidamente hacia la fuente para ayudar a su hija.

—Christina, vamos, es suficiente. —dijo con voz firme, ayudándola a salir del agua.

Christina, aún borracha, miró a su padre con ojos vidriosos.

—¿Por qué no me lo dijiste antes, papá? —preguntó con una mezcla de tristeza y enojo.

Alexei suspiró, sintiendo el peso de la situación.

—Lo siento, Christina. De verdad lo siento. Pero necesitamos hablar de esto en otro momento.

Mientras Alexei llevaba a Christina adentro para secarse y calmarse, los invitados continuaban susurrando entre sí.

El sol se alzaba lentamente sobre el horizonte, iluminando la vasta extensión del paisaje ruso. Los rayos de sol atravesaban las hojas de los árboles, creando sombras danzantes en el suelo. Un suave viento matutino hacía crujir las ramas y susurrar las hojas, mientras los pájaros cantaban alegremente en el fresco aire de la mañana.

Dentro de la mansión, los primeros rayos de sol entraban por las ventanas, iluminando los pasillos y las habitaciones con una cálida luz dorada. Alexei, con el ceño fruncido y una expresión de disgusto en su rostro, se dirigió hacia la habitación de su hija. Abrió la puerta de golpe, encontrando a Christina recostada en su cama, todavía lidiando con la resaca de la noche anterior.

—Buenos días, hija. O tal vez debería decir, buenas tardes —dijo Alexei, su tono goteando sarcasmo.

Christina se giró lentamente, con los ojos entrecerrados y una expresión de molestia en su rostro.

—No son tan buenas tardes —murmuró, su voz ronca por el sueño y el malestar.

Alexei cruzó los brazos, mirándola con dureza.

—No me sorprende que no lo sean, considerando que en la alta sociedad todos están hablando de tu caída en la fuente anoche —replicó.

Christina se incorporó ligeramente, frotándose la sien.

—Bueno, de nada, papá. Esto es más publicidad para tus negocios, para tus cadenas de hoteles, para este completo reino que has construido —respondió, con un tono sarcástico.

Alexei frunció el ceño aún más, acercándose a la cama.

—Tenemos que hablar en serio, Christina. Arruinaste mi compromiso con Natasha anoche.

Christina soltó una risa amarga.

—Deberías agradecerme, papá. Le di vida a esa fiesta tan aburrida. No creas que voy a aceptar a esa mujer.

La paciencia de Alexei se agotaba rápidamente.

—Natasha merece respeto, Christina. Ha trabajado duro y se ha ganado su lugar.

Christina lo miró con desdén.




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