Mi Reino Por Un Amor

Capítulo 16

Christina se refugió en un pequeño piso que había alquilado con el dinero que había ahorrado trabajando en el mercado. Pasaron varios días sin que nadie supiera de ella. Las paredes desnudas del apartamento y el silencio que la rodeaba le brindaban el espacio necesario para pensar y reflexionar sobre todo lo que había ocurrido.

Mientras tanto, en la oficina, Alexei estaba profundamente preocupado. Se paseaba de un lado a otro, con el teléfono en la mano, esperando cualquier noticia de su hija. Natasha, su asistente, observaba su angustia con empatía.

—Alexei, necesitas calmarte —dijo Natasha suavemente, entrando en su oficina con una taza de té caliente—. Te preocupas demasiado.

Alexei aceptó la taza y suspiró.

—No puedo evitarlo, Natasha. Christina no ha dado señales de vida desde el incidente en el restaurante. No sé dónde está ni cómo está —respondió, con la voz cargada de preocupación.

Natasha se sentó frente a él, con una expresión seria.

—Tal vez te pasaste un poco con el castigo, Alexei. Christina es fuerte, pero esto fue demasiado duro para ella —dijo, tratando de sonar conciliadora.

Alexei bajó la mirada, sintiendo el peso de sus decisiones.

—Solo quería que aprendiera, que entendiera el valor del trabajo duro y la humildad. Pero no esperaba que esto la alejara tanto de mí —dijo, con voz quebrada.

Natasha asintió, entendiendo sus sentimientos.

—Lo sé, y estoy segura de que lo hiciste con las mejores intenciones. Pero ahora necesitas encontrar una manera de acercarte a ella y mostrarle que la amas, que siempre has querido lo mejor para ella —dijo, tratando de infundirle ánimo.

Alexei la miró, buscando apoyo.

—¿Qué puedo hacer, Natasha? No sé cómo arreglar esto —admitió, sintiéndose impotente.

Natasha sonrió suavemente.

—Quizás debas darle tiempo y espacio. Pero también podrías intentar hablar con Nikolay. Él parece haberla entendido bien y puede tener una idea de cómo acercarte a ella de nuevo —sugirió.

Alexei asintió lentamente, considerando su consejo.

—Hablaré con Nikolay. Espero que podamos encontrar una solución juntos —dijo, tomando un sorbo de su té.

Mientras tanto, en su pequeño apartamento, Christina estaba sumida en sus pensamientos. Habían sido días difíciles, pero estaba decidida a no dejarse vencer. Se levantó y miró por la ventana, observando las calles de la ciudad.

—Tengo que decidir qué hacer con mi vida —murmuró para sí misma—. No puedo quedarme aquí escondida para siempre.

Tomó una decisión. Iría a buscar trabajo por su cuenta, demostraría que podía valerse por sí misma sin la ayuda de su padre o de Nikolay. Se vestía con ropa sencilla pero profesional, lista para enfrentar el mundo de nuevo.

Mientras caminaba por las calles en busca de oportunidades, recordó las palabras de Nikolay sobre el valor del trabajo duro y la humildad. Tal vez tenía razón, y este era el camino que necesitaba para encontrarse a sí misma.

En la casa de Alexei, Gila, la cocinera y nana de Christina, se paraba todos los días en el balcón con la esperanza de ver a Christina volver. La preocupación se reflejaba en sus ojos y en cada movimiento de su cuerpo. Un día, mientras Gila estaba en el balcón, Alexei se acercó a ella, notando su angustia.

—Gila, ¿aún no hay señales de Christina? —preguntó Alexei con un suspiro, sabiendo la respuesta pero esperando algo diferente.

Gila se giró hacia él, y su rostro mostró claramente su enojo.

—No, Alexei. No hay señales de ella, y es por su culpa —respondió Gila, su voz temblando de emoción—. ¿Cómo pudo hacerle esto a Christina? ¿Cómo pudo idear un plan tan cruel?

Alexei miró al suelo, sintiéndose culpable.

—Gila, solo quería que Christina aprendiera el valor del trabajo y la humildad. Pensé que era lo mejor para ella, que le ayudaría a ser una mejor persona.

Gila lo miró fijamente, sus ojos llenos de dolor y reproche.

—Alexei, ese plan... esto no es algo que un padre debería hacer. La ha lastimado profundamente, y ahora está perdida, sola y sin rumbo.

Alexei sintió una punzada de arrepentimiento en su corazón.

—No quería que esto saliera así, Gila. Solo quería lo mejor para ella. Pero ahora... no sé cómo arreglar las cosas.

Gila suspiró, su expresión suavizándose un poco.

—Debe encontrarla, Alexei. Hable con ella, explíquele sus motivos y, lo más importante, pídale perdón. Christina necesita saber que, a pesar de todo, usted la ama y se preocupa por ella.

Alexei asintió, sintiendo el peso de sus acciones.

—Lo haré, Gila. Buscaré a Christina y haré lo que sea necesario para enmendar este error.

Gila volvió a mirar al horizonte, con la esperanza de que, pronto, Christina regresara a casa.

—Espero que así sea, Alexei. Por el bien de todos.

De regreso en la oficina, Alexei llamó a Nikolay.

—Nikolay, necesitamos hablar. Es urgente —dijo, con un tono que no admitía discusión.

Nikolay llegó rápidamente, preocupado por la urgencia en la voz de Alexei.

—¿Qué ocurre, Alexei? —preguntó, entrando en su oficina.

Alexei suspiró y le contó todo sobre la desaparición de Christina y su propia culpa.

—Necesito tu ayuda para encontrarla y arreglar las cosas con ella —admitió, con sinceridad.

Nikolay asintió, comprendiendo la gravedad de la situación.

—Haré todo lo que pueda, Alexei. Christina significa mucho para mí también —respondió, con determinación.

Y así, mientras Christina emprendía su búsqueda de un nuevo comienzo, Alexei y Nikolay se unieron en un esfuerzo por encontrarla y reparar el daño hecho, con la esperanza de que el amor y la comprensión pudieran sanar las heridas del pasado.
Christina consiguió un trabajo en una pequeña librería en el centro de la ciudad. Era un lugar acogedor, con estanterías de madera oscura repletas de libros de todos los géneros. La luz cálida de las lámparas colgantes creaba un ambiente relajante, y el suave murmullo de los clientes hojeando los libros le brindaba una sensación de paz.




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