Juliette
Un dolor punzante detrás de la cabeza que me obliga a fruncir el seño antes siquiera de abrir los ojos,
Intento moverme, pero todo mi cuerpo se siente pesado. Parpadeo varias veces hasta que la luz blanca sobre mi deja de ser una mancha borrosa. Intento incorporarme pero un quejido escapa de mis labios.
-No, no, tranquila
Una voz femenina hace que gire la cabeza
-¿Dónde estoy?- Pregunto
-En es hospital, cariño-dice la enfermera con una sonrisa en sus labios
-Quiero hablar con mi papá- digo inquieta
-Lo voy a llamar, pero necesito que te tranquilices
La enfermera sale y minutos después entra mi padre
-Juliette, estaba preocupado mi niña
-¿Qué me paso?-pregunto totalmente desconcertada
-Alguien te encontró inconsciente
No recuerdo nada, todo esta muy borroso en mi mente
-¿Desde cuanto estoy aquí?
-Hace tres dias
Tres días llevo en el hospital inconsciente, intento hacer memoria pero no recuerdo absolutamente nada.
-¿Sabes quién me hizo esto?
-Aun no
-Pero ¿Qué era lo que buscaban? No me hicieron daño, solo me durmieron y me dejaron inconsciente por ahí
Antes de que pudiera responder la puerta de la habitación se abre. Un hombre entra, es alto, ojos cafés claros, pelo oscuro, con barba, vestido completamente de negro. Su expresión es fría, casi inexpresiva.
-Llegas tarde-dice mi padre- Juliette a partir de hoy, no volverás a estar sola. Él es Lucien Moreau tu guardaespaldas
-¿Mi guardaespaldas?- repetí mirándolo de arriba abajo
-No necesito uno-digo con un tono seco
-Después de lo que paso no eres tu quien va a decidir eso-dice papá con un tono firme
-Pero es mi vida, no quiero un guardaespaldas, no quiero tener a alguien siguiéndome siempre.
-Juliette, no es discusión tendrás un guardaespaldas
-¿Y mis clases? ¿También me seguirá ahí?
- Si
- Papá…
- Basta, vas a tener un guardaespaldas te guste o no- dice regañándome y con una expresión seria que deja en claro que eso no esta en discusión
-Bien, ¿Cuándo regreso a mi apartamento?
—La enfermera dijo que pasaras aquí la noche. Mañana por la mañana podrás volver a tu apartamento —dice mi padre, mirándome fijamente.
-Lo mejor será que descanses-mi padre se acerca y me da un beso en la frente y luego salen los dos de la habitación .
Trago saliva. No se quién me atacó y por qué, y ahora, además de intentar descubrirlo, tengo que soportar la idea de tener un guardaespaldas siguiéndome a todas partes.
Intento cerrar los ojos y descansar, necesito descansar.
…
Por fin en mi apartamento, ya no soportaba estar en el hospital. Dejo mi bolso sobre el sofá y suelto un suspiro mientras observo a mi alrededor. Todo está exactamente como lo dejé, y por un momento siento que puedo volver a mi vida normal, o al menos eso quiero creer.
-Te dejo en buenas manos, eso me tranquiliza- dice mi padre, mirando a Lucien
-Si, claro- respondo con un tono seco
Mi padre ignora por completo mi comentario.
Me había contado que Dante, su propio guardaespaldas y uno de sus hombres de mayor confianza, había sido quien recomendó a Lucien para protegerme.
-Tengo que irme- dice mi padre acercándose a mi para darme un beso en la mejilla
-Adiós Dante- digo con una sonrisa en mis labios, Dante me devuelve la sonrisa antes de comenzar a caminar hacia la puerta junto a mi padre. La puerta se cierra detrás de ellos.
-Mi nuevo Guardaespaldas, que horrible situación- murmuro con sarcasmo
-No estoy aquí para aguantar sus quejas, estoy aquí para protegerla. Le aseguro que no notara que estoy aquí.
-Pues te aseguro que lo estoy notando-digo con un tono seco
El no dice nada, solo se queda ahí parado con la misma expresión fría que parece tener siempre.
De pronto se oyen unos golpecitos en la puerta y me encamino hacia esta pero antes de que pueda abrirla Lucien se interpone.
-¿Quién es?-Pregunta con una expresión seria
-Samara, mi amiga-respondo mirándolo a los ojos- Hazte a un lado y déjame abrir la puerta- el no se mueve, lo miro unos segundos esperando a que lo haga al final es el quien abre la puerta.
-Pendeja, me tenías preocupada- dice Samara mientras se lanza a mis brazos.
-Perdóname amor mío- respondo abrazándola con fuerza.
—¿Cómo estás? ¿Te duele algo? ¿Qué te pasó?
-Estoy bien Sami
Por encima de su hombro, noto que Lucien sigue de pie detrás de nosotras, observándonos con su habitual expresión seria.
-¿Y este quién es?
-Mi nuevo guardaespaldas
-¿Guardaespaldas?
-Si, una larga historia que ya te contare. Ven vamos a mi habitación para que podamos hablar cómodamente-le digo mientras mi mirada se posa en Lucien.
Sami y yo nos encaminamos hacia mi habitación y cuando llegamos la puerta se cierra detrás de nosotras.
-Cuéntamelo todo- suelta Sami mientras se deja caer en mi cama .
-Mi padre decidió ponerme guardaespaldas para estar más protegida después de lo que paso. Es la persona más borde, frío y amargado que puede haber en este mundo.
-Y te falto decir que está buenísimo
-Samara
-¿Qué? Es la verdad Juls no me lo puedes negar,
-No te lo voy a negar, esta lo que le sigue de bueno.
Sami y yo nos empezamos a reír
-Te extrañe pendeja
-Y yo a ti Juls
-Bueno, ¿y ya saben quién te hizo eso?
-No, aun no
—¿Cómo que no? ¿Tu papá no ha averiguado nada?
—Está intentando hacerlo, pero no han encontrado ninguna pista.
-Bueno ve el lado positivo, ahora tienes un guardaespaldas que se cae de bueno.
Sami y yo hablamos de muchas cosas. Nos ponemos al corriente de todo lo que ha pasado durante estos días y, entre risas, chismes y recuerdos, se nos pasa el tiempo volando. Sin darnos cuenta, el día se nos pasa súper rápido, cuando miro por la ventana, el cielo ya comienza a oscurecerse.