No te acerques a mamá

4. TE LIBERO DEL JURAMENTO

nVPkHFv.jpeg

~Luciano~

Venir aquí, cuando es un día tan especial para Camila y para mí, es una absoluta locura, pero es algo que necesito hacer. No puedo dejar que Briana se vaya de esta manera, menos cuando presiento que solo lo hace por lo que pasó entre nosotros, para alejarse de mí.

Si ella se va, no podré protegerla como Carlos me lo pidió en su lecho de muerte.

—Pase, señor —me dice Paulina, abriéndome de nuevo la puerta—. Lamento hacerlo esperar; el señor Rivas estaba en algo importante y…

—Entiendo, no te preocupes —la interrumpo—. ¿Me va a recibir él?

—Sí, por supuesto.

Mientras sigo a Paulina, un aroma particular y delicioso inunda mi nariz. Es Briana; ella debe estar aquí. Seguramente se me adelantó y ya les contó la noticia de que se irá a estudiar la maestría.

Por un momento me planteo la idea de detenerme e irme, pero la ansiedad me gana. ¿Qué hará Briana sola en otra ciudad? Lo único que conseguirá será rodearse de malas compañías y de hombres infelices que jueguen con ella.

Pensar así es hipócrita de mi parte, pero no me importa. No quiero que nada ni nadie pueda dañarla ni tocarla. Ella es una de las personas más importantes de mi vida, y además le prometí a Carlos que la cuidaría, que no la dejaría sola nunca.

—Buenas tardes, Juan Carlos —saludo al entrar al despacho.

El padre de mi amiga no me devuelve el saludo de inmediato, por lo que, por un segundo, temo que se haya enterado de lo que pasó. De ser así, no puedo negarlo; tampoco culparía a Briana por hacerlo. Sin embargo, eso abriría una grieta entre los dos por intentar arruinar mi relación con Camila.

—¿Pasa algo? —inquiero al sentarme en la silla frente a su escritorio.

—No cabe duda de que el tiempo pasa volando y que mi hijo estaría igual que tú, un hombre fuerte y saludable.

Mi cuerpo se tensa, pero lo disimulo, asintiendo con una leve sonrisa.

—Sí, Juan Carlos. Si esos malnacidos no…

—No, no tiene caso que recordemos esas cosas tan dolorosas —me interrumpe—. ¿Querías verme para algo en especial? Te escucho. Por cierto, mi hija me informó que volviste al lado de Camila.

—Sí —sonrío—. Decidí darle otra oportunidad. Esta vez voy a dedicarle el tiempo que se merece.

—Perdón que lo diga, pero la mujer que esté contigo tiene que entender que eres un Alarcón y tienes las empresas de toda la familia a tu cargo —replica Juan Carlos con seriedad—. Pero está bien, no voy a cuestionar tu decisión.

—Lo siento, pero yo sí vengo a cuestionar la decisión de Briana —respondo, haciéndolo fruncir el entrecejo—. No me parece una idea sensata que se vaya a estudiar lejos cuando hay buenas universidades aquí.

—Mi hija siempre busca las mejores oportunidades, y esta es una de ellas. No entiendo por qué tu preocupación.

—¿Acaso ella no es tu heredera? En algún momento, Briana tiene que asumir el mando y no podrá hacerlo si no conoce bien la compañía.

—Me causa tristeza que, para ser tan cercano a ella, la conozcas tan poco —suspira—. Mi hija, desde antes de aprender a leer o escribir, ya conocía perfectamente el manejo de lo que algún día será suyo y de Antonio.

Aprieto los dientes, negando con la cabeza. ¿Qué mosco le picó a Juan Carlos?

—Sé bien que conoce la empresa y que se ha desarrollado magníficamente como vicepresidenta, pero si se va…

—Mi esposa es perfectamente capaz de suplirla en su ausencia —me interrumpe—. Además, no es como que Briana se vaya a perder. Ella mantendrá comunicación constante con la empresa y no dejará de trabajar. No te angusties por esos temas. Ella necesita irse, respirar nuevos aires, conocer a otras personas.

—¿A otras personas? —me río, con el pecho ardiendo ante esas palabras—. Personas que solo van a aprovecharse de ella y que…

—Ese no es asunto tuyo —me corta tajante.

—Claro que sí, yo le prometí a Carlos que la cuidaría, y quiero seguir cumpliéndolo.

—Briana ya no es una chiquilla, así que te libero de ese juramento —me anuncia como si estuviera decidido a ser mi salvador—. No tienes que cuidarla más.

—No, no me parece, yo…

—Lo siento, hijo, pero Briana quiere explorar otra parte de su vida y la voy a apoyar para que lo haga —contesta—. Tú vas a casarte, así que tienes que respetar a tu mujer.

—Una cosa no tiene nada que ver con la otra.

—Sí, sí tiene que ver —rebate, sin perder la paciencia—. Muchas gracias por haber cuidado de mi hija todo este tiempo, pero ella ya no necesita que lo hagas. Briana debe equivocarse, enfocarse en ella… y conocer el verdadero amor.




Reportar suscripción




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.