No te acerques a mamá

5. NO HAY NADA QUE PUEDAS HACER

oZQhHru.jpeg

~Briana~

Pensando que Luciano ya se fue, bajo las escaleras para ir a agradecerle a papá lo que estoy segura de que hizo por mí. Para mi desgracia, me tengo que detener a la mitad de las escaleras porque Luciano está subiéndolas.

A pesar de la decepción, mi pulso se acelera y afloran muchos sentimientos en mi vientre, aunque sepa que es el cerebro el que los produce.

Lo amo no solo con la mente o el corazón, sino con todo el cuerpo. La separación ya me está doliendo, aunque estemos tan cerca ahora.

—¿Podemos hablar? —me pregunta con mucha seriedad—. No quise decir mucho frente a Camila, ya sabes cómo es, pero quiero que…

—No hay mucho que quiera hablar sobre el tema —respondo con una sonrisa—. La decisión que tomé es definitiva; estoy muy emocionada por esta oportunidad.

Luciano avanza los escalones que nos separan y me mira desde arriba con severidad. Tal vez sabe que su aroma y esa mirada tan penetrante son capaces de doblegarme y quiere usar eso en mi contra.

—Estás huyendo de lo que pasó —me acusa con tono mordaz—. Es eso, ¿verdad?

—No, esta decisión la vengo pensando desde hace unos meses —le miento—. Si no te lo dije antes fue porque no estaba segura y porque ya no tengo deseos de compartirlo todo contigo. Vas a casarte y no quiero ser motivo de discordia entre Camila y tú.

—Tú nunca has sido…

—No soy tonta, Luciano —lo interrumpo—. Aunque Camila me trate bien, sé que agradecerá que ya no tengas que preocuparte por mí.

—Nunca podrás evitar que me preocupe por ti —susurra, tomando mi rostro entre sus manos—. Briana, no te puedes ir. Al menos tienes que decirme dónde estarás.

—Está bien —vuelvo a mentir—. Te diré en dónde estoy y nos mantendremos en contacto. No te preocupes.

Un leve alivio asoma en sus ojos, aunque no cambia esa cara de preocupación que quisiera quitarle de un beso. Por un instante, tengo ganas de dejarme llevar por mis impulsos y luchar por él, aferrarme a ese cariño fraternal que me tiene para transformarlo en amor verdadero.

—A pesar de lo que pasó, nunca dejarás de ser como mi hermana y no puedo evitar preocuparme por ti —me dice, arruinando todo en el acto—. Dime al menos que lo pensarás, por favor. Me angustia que…

—No te angusties por mí —le pido, apartando sus manos de mi rostro—. Todo está controlado. No es como que me vaya a ir al fin del mundo.

—Pues yo lo siento así —replica—. ¿Qué es lo que puedo hacer para convencerte?

—Nada, Luciano, solo respetar mi decisión —suspiro—. Gracias por preocuparte, pero de verdad ya no hay nada que puedas hacer para que cambie de opinión.

—Yo no…

—No, no hay nada que puedas hacer —le sonrío, aunque por dentro esté muriéndome de pena—. Lo siento.

Anonadada, observo cómo el rostro de Luciano pasa de la dulzura suplicante al más profundo resentimiento. No dice nada, tampoco se despide, pero la forma en que me mira y cómo azota la puerta me lo dicen todo.

—Dios santo, ¿qué pasó? —pregunta Isabel bajando las escaleras.

Papá sale del despacho y suelta un suspiro.

—Conozco a este muchacho casi tanto como conocí a mi hijo y sé que está furioso porque ya no tiene poder sobre mi hija.

—Sí, algunos hombres aman tener el control —murmura Isabel—. Y ya se veía venir con Luciano.

—No te preocupes, hija, que no le dije nada que pudiera hacerlo sospechar —me jura papá—. Ahora que hablé con él, me di cuenta de que lo mejor es que te alejes, que tengas a mi nieto lejos de esa familia.

Bajo las escaleras a toda prisa y corro hacia él para abrazarlo.

—Gracias, papá, de verdad te agradezco que no le dijeras nada —susurro—. Te prometo que seguiré trabajando tan duro como hasta ahora y…

—No, lo único que yo quiero es que seas feliz, mi princesa —me interrumpe—. No quiero nada más.

—Pero…

—Eso es lo único que debe importarte; además de traer con buena salud a mi precioso nieto o nieta —añade—. Te amamos, hija, y sé que esta mala experiencia te ayudará a crecer.

—No sé qué es lo que haría sin ti —sollozo.

—Seguirías siendo la misma gran mujer que eres ahora —susurra—. Pero habría tenido la desdicha de no verlo.

Unas cuantas horas después, regreso a mi departamento para empacar. Isabel y Antonio se ofrecieron a ayudarme, pero les dije que quería hacerlo sola.

Por suerte, ya no me tengo que preocupar por los boletos de avión, ya que papá me los consiguió. Me iré a pasar unos días a casa de la tía Reina y después buscaré otro pueblo para pasar tranquilamente mi embarazo.

—Bueno, las decepciones amorosas sirven, ¿cierto? Al menos algún día…

Mi corazón se acelera al escuchar que alguien toca la puerta, ya que no espero visitas, al menos hasta la noche, que es cuando papá e Isabel van a pasar por mí.




Reportar suscripción




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.