No te acerques a mamá

7. DEMASIADO TARDE

RiNZfHe.png

~Luciano~

Me despierto y veo el rostro que antes me parecía lo más perfecto del mundo. Ahora, sin embargo, no puedo evitar pensar en otro, uno que contemplé muy bien mientras la tenía bajo mi cuerpo.

Durante ese día no pensé más que en la culpa que sentía, pero los recuerdos han ido volviendo poco a poco y soy consciente de lo que dije y de que no estaba mintiendo. Siempre deseé que eso pasara, solo que mi amor por Camila me impedía hacer realidad todos esos deseos.

—Buenos días, mi amor —me saluda Camila.

Giro la cara con disimulo. Su aliento matutino jamás me ha gustado demasiado, pero lo puedo entender porque ningún ser humano es perfecto. Camila tiene muchas imperfecciones que antes me resultaban adorables, pero después de su traición, ya no puedo verlas de la misma manera.

Ahora todo lo que hace me parece un movimiento sospechoso.

—Buenos días —murmuro mientras me pongo de pie de un salto.

—¿A dónde vas? —pregunta mientras se estira y bosteza—. Todavía es temprano, mi amor.

—A diferencia de otras personas en esta familia, yo sí tengo que ir a trabajar —respondo con tono desdeñoso mientras entro al baño.

Camila solo me responde con un gemido y se vuelve a dormir. Cierro la puerta del baño con seguro y reviso mi celular para ver si tengo algún mensaje de Briana. En ningún momento de la noche dejé de soñar con ella y en las mil formas en que puedo convencerla de que se quede.

Ella no necesita dinero; tampoco mi empresa posee algún puesto libre para dárselo. Mucho menos puedo convencerla con joyas costosas o autos porque no le gustan.

¿Una carta? ¿Unas flores? Me encantaría, pero odia esos detalles tan poco originales. Briana es la mujer más dulce, aunque también la más obstinada del mundo.

—No importa, de algún modo te debo convencer —murmuro mientras le escribo un mensaje para vernos hoy.

Mientras me ducho, no puedo dejar de pensar en esa noche. Recuperar los recuerdos es casi tan doloroso como la idea de que se vaya. Desde ese momento no he podido volver a estar con Camila y tengo que buscar excusa tras excusa para evadirla en ese sentido. Sé que no podré hacerlo para siempre y eso me aterra.

Lo mejor sería que Briana se vaya para siempre para que su recuerdo no atormente mi vida, pero simplemente soy incapaz de soltarla. Me afecta tanto que incluso duele físicamente.

Cuando salgo de la ducha, vuelvo a revisar el celular para ver si Briana ya respondió. Me llevo una decepción enorme al comprobar que no ha respondido nada y que ni siquiera le llegó.

—Espera, ¿me bloqueó? —susurro, anonadado—. ¿Qué demonios?

—Mi amor, quiero entrar al baño —dice Camila desde afuera—. Por favor, Luciano, tengo que…

Aún desconcertado y con un desagradable calor que se extiende por mi cuerpo, voy a abrirle la puerta. Camila no repara en mi angustia; va directo a hacer sus necesidades.

—¿Hasta cuándo va a seguir con esto? —murmuro molesto mientras me visto a toda prisa en el vestidor.

—Amor, ¿te pasa algo? Estás más apurado de lo usual —me dice Camila desde el marco de la puerta—. ¿Es algún negocio o…?

Debería ser honesto y decirle que estoy preocupado por Briana, pero sé que eso no es correcto; voy a encender todas sus alarmas y sus inseguridades con respecto a ella.

—Sí, voy a llegar tarde —respondo, dándole un beso al pasar—. Voy a estar ocupado hoy, así que tienes la tarde libre para hacer lo que quieras.

—¿De verdad me vas a seguir recriminando lo que según tú hice? —gruñe.

Me detengo en seco, sonriendo con ironía.

—¿Lo que creo que hiciste o lo que realmente hiciste?

—Te he dicho mil veces que esas fotos son un montaje, mi amor —insiste, haciendo una pequeña pataleta—. Por favor, almorcemos juntos hoy, tengo una noticia que darte.

—¿De qué…?

Camila me interrumpe con un beso que me resulta terrible. Últimamente, tengo náuseas con más facilidad y no entiendo por qué.

—En la tarde, mi vida —sonríe—. Iré con tu madre al salón y me pondré hermosa para ti.

—Bien, entonces nos vemos.

—¿No me vas a decir que ya soy hermosa? —se ríe.

—Nos vemos más tarde —murmuro.

Camila no intenta detenerme, pero sé que la acabo de dejar completamente desconcertada. A decir verdad, no me arrepiento. Aunque no he podido probar del todo su infidelidad, el rencor sigue ahí, y dudo que vuelva a confiar en ella.

—Hijo, ¿estás bien? ¿Por qué sales tan temprano? —me pregunta mi madre al verme bajar las escaleras—. Son las…

—Tengo cosas que hacer —respondo—. No me esperen hasta la hora del almuerzo.

—Descuida, llevaré a mi linda nuera de compras para que se vea hermosa para ti —me promete como si eso fuera a alegrarme—. Me alegra demasiado que pudieran recuperarse antes de que fuera demasiado tarde. Ustedes siempre fueron el uno para el otro.




Reportar suscripción




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.