
~Briana~
El vuelo dura solo dos horas, pero son las más trascendentales de mi vida. En este breve periodo decido que no me pienso quedar más de dos semanas con la tía Reina. No es que piense que sea una bruja, como dice Antonio, sino que simplemente quiero empezar mi vida sola.
Además, la tía tiene fama de casamentera. En cuanto se entere de que estoy embarazada, seguramente buscará que me case con algún muchacho en el pueblo.
A mi hijo o hija lo criaré sola.
—¿Estás bien, amor? —me pregunta Isabel cuando aterrizamos—. Has estado callada todo el viaje.
—Estoy pensando que no quiero quedarme con la tía Reina para siempre —le digo con honestidad—. Ella solo querrá que me case con alguien para cubrir mi error.
—Creo que juzgas muy duramente a tu tía —me dice con tristeza—. Ella ha pasado por situaciones muy difíciles en la vida y por eso su carácter se ha fortalecido, pero…
—No la juzgo, solo estoy siendo objetiva —la interrumpo—. Ella tiene unos valores muy bien arraigados y más de una vez escuché que regañó a mis padres por casarse después de haberme concebido.
Isabel suelta una risita.
—En realidad se enfureció porque la familia de tu mamá era bastante católica y tu abuelo, que en paz descanse, era de temperamento volátil.
—Pero…
—Y a tu tía Reina, sí, no le gusta meterse en problemas —continúa—. Eso no quiere decir que te obligará a casarte con alguien del pueblo.
—Eso espero —mascullo—. Solo quiero dedicarme a mi hijo.
—Por cierto, tienes que ir al hospital pronto para que comiences con tus citas prenatales.
Nos levantamos de nuestros asientos y recogemos nuestro equipaje de mano. A pesar de que fue poco el tiempo en que estuvimos sentadas, me quejo del hormigueo de piernas. Isabel me tranquiliza como siempre, pero también me asegura que me hará un chequeo médico para revisar que todo esté bien.
—Mira, allá está tu tía —me dice Isa, señalando con entusiasmo a esa mujer a la que apenas puedo reconocer.
La última vez que la vi, era una mujer con kilos de más, a la que le apretaba todo cuanto se ponía. No se puede decir que ahora es completamente delgada, pero sus curvas resaltan de forma envidiable en esa camisa a cuadros y su chaleco de cuero.
Además, lleva el cabello rubio corto, en un peinado que enmarca sus bellas facciones.
—Dios mío, mujer, ¿qué te hiciste? —exclama Isa cuando nos acercamos—. Estás radiante.
—Gracias, Isabel —responde ella con un tono de voz tan amable que casi me desmayo—. Y ustedes dos también están preciosas. Eso sí, les pondré mis mascarillas para quitarles las ojeras.
Isabel y yo soltamos una risita. Me agrada la nueva actitud de la tía, pero tampoco puedo confiarme. Tal vez esta solo sea una fachada para que caigamos en una trampa.
—Ven aquí, dale un abrazo a la tía —me pide Reina.
El abrazo que me da es tan fuerte que siento que se me salen los ojos de las órbitas. Isabel ahoga un grito y nos separa enseguida.
—Cuidado, Reina, por favor —le pide—. Briana está embarazada.
—¡¿Cómo?! —grita la tía, asustada—. ¿Y el padre?
«Ay, no, aquí vamos», pienso con fastidio.
—No hay padre —le digo con toda la tranquilidad que puedo—. Este embarazo fue una falla del anticonceptivo y tuve una aventura con…
—El padre no es mal hombre, pero no se hará responsable —interviene Isabel—. No la juzgues, por favor.
La tía Reina nos observa muy consternada y tarda al menos un minuto antes de volver a abrir la boca.
—Siento por lo que estás pasando, hija —me dice finalmente, acariciando mi hombro—. También sé lo que es que un hombre te ilusione y te deje con promesas vacías.
La miro sorprendida y sin saber qué contestar a eso. La tía Reina es tan discreta con su vida personal que lo único que sé es que nunca se casó ni tuvo hijos.
—Ya, quita esa cara, cielo —se ríe—. Mi vida tampoco es una tragedia, y creo que te va a gustar vivir en el pueblo. Hay pocos hombres, y los que hay son de mi entera confianza.
—Pero…
—Espero que te quedes el mayor tiempo posible —suspira—. La casa se siente un poco triste sin compañía.
Isabel se encoge de hombros, sonriéndome de forma adorable.
Al final voy tras ellas arrastrando mi maleta y un montón de sueños hechos pedazos. Sin embargo, al poco tiempo en el pueblo y en esa casa maravillosa, descubro que nada ha sido una trampa, al menos no la que yo esperaba.
La trampa fue creer que estaría tan poco tiempo aquí y al final terminar enamorada de Río Verde, el pueblo en el que recibiría el mejor regalo de mi vida.
—B&L—
~Luciano~
Salgo del aeropuerto con el corazón y el cuerpo congelados, sin saber qué hacer o qué decir ante esa noticia sobre la que Camila no me ha insinuado absolutamente nada.