No te acerques a mamá

9. NO SE NECESITA PADRE

cGhVFav.png

~Briana~

Isabel solo se queda una semana con nosotras, lo suficiente para asegurarse de que voy a estar bien y que no voy a intentar escapar a ningún sitio.

También me ha acompañado a mi primera visita prenatal, una en la que aún no me han hecho una ecografía porque todo parece indicar que las cosas marchan bien. Isabel me ofreció ir a la ciudad más cercana para poder hacerla, pero preferí esperar a aquella cita de las doce semanas.

No juzgó mi decisión, pero sé que la voy a tener aquí antes de cumplirlas para poder convencerme.

—¿Y qué te ha parecido todo esto, hija? —me pregunta la tía mientras recogemos las manzanas que se acaban de caer del árbol.

Antes de responder, enderezo la espalda y miro a mi alrededor. Apenas puedo describir con palabras la paz que siento al contemplar las montañas que nos rodean, las nubes que impiden ver la cima y los frondosos árboles que dan toda clase de frutos. Incluso la textura fresca y suave del césped bajo mis pies descalzos es como caminar entre nubes.

—Creo que estamos en el paraíso —sonrío—, pero eso es quedarme corta.

—Y tú que pensabas irte —se ríe, dejando la canasta en el suelo para sentarse—. Te habrías perdido de tan magnífica experiencia.

Yo también me echo sobre el césped, pero esta vez me doy el lujo de recostarme. El cielo no está despejado por completo, pero aun así el azul se ve muy bonito.

Mi corazón todavía está inquieto y ansioso por saber qué ha sido de Luciano en todo este tiempo, pero la belleza del paisaje y la calma del lugar me ayudan a mantenerme serena.

—¿De verdad el padre de tu hijo te ha dejado abandonada? —me pregunta de repente mientras se recuesta—. Puedes contármelo, no es que vaya a ir por todo el pueblo a anunciarlo.

—Sé que no —suspiro—. Es solo que me duele hablar de eso.

—Entiendo. Si no quieres…

—No me abandonó. Yo sé que se haría cargo si supiera que estoy embarazada, pero entonces lo condenaría a la infelicidad.

—¿De qué hablas? —pregunta desconcertada.

—Él ama a otra mujer, tía —explico con voz rota—. Si le digo que estoy embarazada, es casi seguro que se casaría conmigo por obligación.

—Pero entonces no es un mal hombre —susurra—. Bueno, no, olvídalo. Si se metió contigo mientras estaba con otra…

—Su novia lo engañó —suspiro—. Un día llegó ebrio a mi casa y pasó lo que pasó después de tomar algunas copas con él. Sé que dirás que no debí, pero el amor me venció y creí ilusamente que él se había enamorado de mí.

—Eres una mujer muy lista, ¿por qué asumiste eso?

—Porque cuando estás enamorada, la locura te invade —sonrío con tristeza mientras me incorporo para sentarme—. Cuando estás entre los brazos de la persona que amas, cualquier pensamiento racional se escapa de tu cabeza.

—Sí, lo sé —suspira, sentándose también.

—Pero no solo mi estupidez fue la culpable —le aclaro—. Me dijo tantas cosas en ese momento. Él decía mi nombre; jamás sentí que pensara en ella.

—Entonces…

—Entonces él dijo que era un error y poco tiempo después volvió con ella —suspiro—. La verdad es que parecían felices y no quise arruinar eso.

—Entiendo, es una situación difícil —murmura—. Lo siento mucho, Briana.

—Por favor, no me aconsejes que lo busque —le ruego—. Sé que mi hijo necesita un padre, pero…

—No, no te diré nada de eso —me asegura—. Respeto tu decisión y tienes todo mi apoyo. No se necesita un padre para ser una buena persona; ve a Juan Carlos. Ninguno de los dos necesitó nunca uno.

—Sí, mi padre es el mejor hombre del mundo —sonrío—. Gracias, tía, muchas gracias.

La tía Reina solo asiente, mirándome con cariño. No suele dar muchas muestras de cariño, pero esa mirada de comprensión vale mucho más que mil abrazos y besos.

Que alguien me entienda es lo único que necesito para seguir adelante con la vida de madre soltera que he elegido.

—B&L—

~Luciano~

La distancia entre Camila y yo crece cada día más desde que me dijo lo del embarazo. Sé que puedo averiguar fácilmente si ese hijo es mío o no, pero no me atrevo a confirmarlo.

Aunque me haya sido infiel, es bastante probable que ese niño sea mío. Mi madre insiste una y otra vez para que acepte mi destino, pero simplemente no se me da la gana.

Ese niño para mí no existe y dudo mucho que necesite un padre destruido como yo. Briana me ha dejado trastornado, lleno de ansiedad y unos celos tormentosos que no me dejan dormir.

¿Estará ahora mismo replicando lo que hizo conmigo? ¿Disfrutará de ese lugar, sea cual sea, en el que esté? ¿A cuántos hombres habrá conocido y sonreído?

Lo último me hace maldecir todo el tiempo. No quiero que lo haga; me muero solo de imaginarlo. Aunque antes no quisiera aceptarlo, Briana me pertenece

Finalmente, y gracias a un amigo cercano de la familia Rivas, consigo los datos de la universidad donde se matriculó Briana. Leer esa información me revuelve el estómago porque está alojada en una de las residencias universitarias mixtas y sin separación de género por piso.




Reportar suscripción




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.