No te acerques a mamá

10. SOMOS TU ENORME FAMILIA

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~Luciano~

Ese viaje a la universidad es el peor que he podido hacer en mi vida, pero me repito a cada momento que cada segundo de sufrimiento es uno más para poder llegar a ella y explicarle todo lo que siento.

Ni mis negociaciones más importantes me han producido tanta excitación como esto.

Pregunto por todos lados, visito las oficinas más importantes, pero nadie conoce a Briana Rivas aquí. Por un momento creo que es porque ella se ha encargado de mantener un perfil bajo por ser vicepresidenta de la compañía familiar, pero no tardo en llegar a la conclusión de que jamás se inscribió y que todo fue una cortina de humo para desviarme.

Y esa aterradora idea se convierte en realidad cuando el rector de la universidad me lo confirma.

—En efecto, ella solicitó el ingreso, pero nunca se presentó o completó el trámite.

—No puede ser, tiene que ser una…

—Es verdad, señor Alarcón —me interrumpe, mirándome muy apenado—. Espero que pueda encontrar a la señorita.

—Señora —lo corrijo con frialdad, haciendo que él me mire extrañado—. Dentro de poco se casará conmigo, aunque no quiera.

Salgo de ahí a toda prisa, con el cuerpo tembloroso por la desesperación. Me llevo las manos a la cabeza, casi arrancándome el cabello de tanto pensar y de tanto sufrir.

Veo su silueta por todos lados y corro hacia muchachas que se le parecen, pero siempre es lo mismo. Ninguna tiene su rostro, su dulce sonrisa ni el amor con el que me mira.

—¡Está usted loco! —me grita la muchacha a la que aparté de su novio por besarla—. ¿Qué le pasa? ¡Pudo haberlo enviado al hospital!

—Me da lo mismo —respondo en lugar de disculparme—. Será mejor que aprenda que la vida da golpes. Ustedes nunca serán una familia.

Me aparto de ellos, ignorando sus miradas llenas de reproche y desagrado. No puedo rendirme hasta encontrarla, hasta que ella arregle la fiebre que ha comenzado a apoderarse de mi cuerpo y que me hace caer desplomado sobre el cofre de mi auto.

—No me vas a dejar, Briana, no me vas a dejar —murmuro, cerrando los ojos—. Lo primero que hagas cuando te encuentre será darme una familia.

—B&L—

~Briana~

Tal y como predije, Isabel se presenta en la casa antes de que cumpla las doce semanas de embarazo.

—Diez semanas me parecen suficientes como para que ya vayamos a ver qué es lo que pasa dentro de tu vientre —se justifica Isabel—. Lo siento, pero mi alma de obstetra no me permite estar en paz. Créeme, tardé más de lo que me hubiera gustado.

—Pero en el centro de salud del pueblo todavía no tiene la cita —le dice la tía Reina, colocando su taza de té sobre la isla de la cocina—. ¿Cómo harás para que…?

—Me la llevo a la ciudad, ¿qué más? Mi amiga nos recibirá y me prestará su equipo para poder ver por fin a mi nieto.

Aunque el pánico me asalta en ese momento, soy incapaz de decirle que no a la expresión de emoción que Isabel pone. El hecho de que considere a mi bebé como su nieto me hace inmensamente feliz.

—No te preocupes por que Luciano o algún Alarcón pueda encontrarte —me dice—. Él…

—Sí, supe que se casó —suspiro con tristeza—. Está esperando un bebé con Camila.

—No quería que lo supieras —dice, consternada—. Es que…

—Es imposible no enterarse de todo lo que hacen los Alarcón, tienen hoteles por todo el mundo —gruñe la tía Reina—. Incluso los tienen en la ciudad.

—Me duele, me duele mucho —digo, con voz rota—. Pero no estoy dispuesta a vivir encadenada a este amor imposible y solo puedo desearle a Luciano que sea muy feliz.

—Él te estuvo buscando —me confiesa Isabel, causando que mi corazón se acelere—. Creo que se siente mal por todo lo que pasó.

—Si un día lo ves, puedes decirle que no lo haga, que me encuentro muy bien —le pido—. No quiero que se angustie más por mí. Incluso puedes decirle que estoy con alguien más, si eso ayuda.

—¿Para que se vuelva loco? —resopla—. No sé qué es lo que le pasa, pero siempre fue muy celoso contigo.

—Porque Carlos…

—Porque es un tipo que no sabe lo que quiere —me interrumpe la tía—. Es un hombre egoísta que detesta perder lo que considera seguro. Así son los hombres de negocios, menos mi hermano.

—Mi Juan Carlos es el hombre perfecto —suspira Isa—. De verdad que fui afortunada por haberlo conocido.

—Y él también es afortunado de conocerte —sonrío—. Te adoro, Isa, eres lo mejor que nos pudo pasar a papá y a mí. Gracias a tu presencia pudimos volver a ser felices después de todo lo que pasó.

—No, mi niña, fue el amor lo que nos salvó a los tres —replica, besando mis manos—. Dime que sí, corazón.

—Quiero asegurarme de que te hagas todos los estudios necesarios para que sepamos si todo está en orden.

—De acuerdo.

—Pero antes tienes que tomarte el té y comer las galletas —refunfuña la tía Reina.




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