Siete años antes
El sol comenzaba a descender sobre las canchas del club cuando el entrenador reunió a todos los jugadores cerca de la red.
—Bien, escuchen —dijo mientras revisaba una libreta llena de anotaciones—. El torneo juvenil nacional es en tres semanas. Necesitamos intensificar el entrenamiento.
Adriana apoyó la raqueta contra su hombro mientras escuchaba. A su lado, Lucas hacía girar una pelota entre los dedos con esa calma despreocupada que siempre parecía tener.
—Dobles masculino ya está definido —continuó el entrenador—. Y para dobles mixtos…
Levantó la vista.
—Navarro y Vega, como siempre.
Lucas levantó una ceja con orgullo.
—Obviamente.
Adriana le dio un pequeño codazo.
—No seas arrogante.
—No es arrogancia si es verdad.
El entrenador continuó hablando.
—Pero también tendremos otra dupla fuerte este año.
Adriana vio cómo la chica rubia que había llegado minutos antes se acercaba desde la otra cancha.
Valeria Cruz.
Su paso era seguro, elegante incluso. No parecía intimidada por nada.
—Valeria acaba de llegar del circuito juvenil europeo —explicó el entrenador—. Ha jugado torneos bastante exigentes.
Lucas la observó con interés.
—Eso suena serio.
Valeria sonrió levemente.
—Lo es.
Sus ojos se deslizaron hacia Adriana.
—He visto algunos videos de ustedes dos jugando dobles.
Adriana cruzó los brazos.
—¿Y?
—Son buenos.
La pausa que siguió fue demasiado breve para ser natural.
—Pero siempre hay margen para mejorar.
Lucas soltó una pequeña risa.
—Eso suena como un desafío.
Valeria inclinó la cabeza.
—Tal vez lo sea.
El entrenador suspiró.
—Bien. Ya que están tan animados, hagamos algo útil. Partido de práctica.
Señaló la cancha.
—Navarro y Cruz contra Vega y Martín.
—¿Martín? —repitió Adriana.
Un chico alto, de cabello castaño, levantó la mano desde el banco.
—Yo.
Adriana sonrió.
—Perfecto.
Lucas rodó los hombros mientras caminaba hacia la línea de fondo.
—No llores cuando perdamos.
—Eso debería decirlo yo.
Los cuatro se posicionaron en la cancha.
El aire parecía distinto ahora.
Más tenso.
Más competitivo.
Adriana botó la pelota una vez antes de sacar.
Observó brevemente a Lucas.
Durante años habían jugado del mismo lado de la red.
Ahora estaba frente a ella.
Y extrañamente… se sentía raro.
Lanzó la pelota al aire.
El saque salió rápido y profundo hacia Valeria.
La rubia respondió con un golpe limpio, enviando la pelota hacia Martín.
El intercambio comenzó.
Pelota tras pelota cruzando la red a toda velocidad.
Lucas se movía con una agilidad impresionante. Cada golpe parecía calculado al milímetro.
Adriana lo conocía demasiado bien.
Sabía cuándo iba a atacar.
Sabía cuándo fingía.
Pero también sabía algo más.
Lucas jugaba distinto cuando estaba motivado.
Y ahora parecía decidido a demostrar algo.
Un golpe cruzado de Lucas pasó a centímetros de la línea.
—¡Punto! —gritó el entrenador.
Lucas levantó la mirada hacia Adriana.
—Sigues siendo lenta.
Adriana sonrió con desafío.
—Sigue soñando.
El partido continuó.
Los puntos se volvieron cada vez más intensos.
Valeria jugaba bien.
Muy bien.
Sus movimientos eran precisos y su mirada calculadora.
Pero Adriana notó algo.
Cada vez que Lucas celebraba un punto… Valeria lo miraba.
No como una compañera.
Como algo más.
El pensamiento le resultó incómodo.
Sacudió la cabeza.
Concéntrate.
El siguiente intercambio fue brutal.
Lucas atacó con un smash potente que Martín apenas logró devolver.
Adriana corrió hacia la red y respondió con una volea perfecta.
—¡Punto!
Respiró con fuerza mientras caminaba hacia su posición.
Lucas se acercó a la red.
—Nada mal.
—Siempre fui mejor que tú.
Lucas se inclinó ligeramente sobre la red.
—Eso es mentira.
Sus miradas se encontraron.
Por un segundo el resto de la cancha desapareció.
Solo estaban ellos.
Como siempre había sido.
El entrenador aplaudió.
—¡Último punto!
Adriana tomó aire.
Sacó con fuerza.
El intercambio fue rápido, intenso.
Lucas respondió con un golpe profundo que obligó a Martín a retroceder.
Valeria atacó con un revés paralelo.
Adriana alcanzó la pelota en el último segundo.
Golpeó con todo.
La pelota cruzó la cancha y cayó justo dentro de la línea.
—¡Juego! —gritó el entrenador.
Adriana levantó los brazos.
—Ganamos.
Lucas negó con una sonrisa.
—Por poco.
Martín chocó su mano.
—Buen punto.
Mientras caminaban hacia la red, Valeria se acercó a Lucas.
—Juegas bien.
Lucas encogió los hombros.
—Intento no quedar en ridículo.
Ella rió suavemente.
Adriana recogía las pelotas cuando escuchó algo.
—Podríamos entrenar juntos alguna vez —dijo Valeria.
Adriana levantó la mirada.
Lucas parecía sorprendido.
—¿Entrenar?
—Sí. Creo que podríamos mejorar bastante.
Sus ojos brillaban con un interés evidente.
Lucas dudó un segundo.
—Claro… supongo.
Adriana sintió un pequeño nudo en el estómago.
No sabía por qué.
Tal vez era solo imaginación.
Pero la forma en que Valeria miraba a Lucas…
no parecía la de una simple compañera de entrenamiento.
El sol ya comenzaba a ocultarse cuando todos empezaron a recoger sus cosas.
Adriana caminó hacia la salida del club con su bolso al hombro.
Lucas la alcanzó.
—Oye.
—¿Qué?
—Estuviste increíble hoy.
Adriana lo miró.
—Lo sé.
Lucas soltó una risa.