Nuestro Último Set

Capítulo 3

Siete años antes

El ruido de las pelotas golpeando las raquetas llenaba el aire del club desde temprano aquella mañana.

Adriana Vega llegó a las canchas antes de lo habitual. El cielo aún tenía ese tono azul claro que anunciaba el inicio de un día caluroso.

Dejó su bolso en la banca y respiró profundamente.

Ese lugar siempre la calmaba.

El olor de la arcilla húmeda.
Las líneas blancas recién marcadas.
El sonido constante de las pelotas rebotando en distintas canchas.

Era su mundo.

Y en ese mundo, Lucas siempre había estado.

—Llegaste temprano.

La voz familiar hizo que Adriana sonriera antes siquiera de girarse.

Lucas caminaba hacia ella con una botella de agua en la mano y la raqueta colgando de su hombro.

—No podía dormir —dijo Adriana.

—¿Nerviosa por el torneo?

—Emocionada.

Lucas dejó su bolso junto al de ella.

—Es lo mismo.

Adriana negó con una sonrisa.

—No para mí.

Lucas la observó unos segundos.

—Hoy vamos a entrenar dobles.

—Lo sé.

—Necesitamos mejorar la comunicación en la red.

Adriana cruzó los brazos.

—Nuestra comunicación es perfecta.

Lucas levantó una ceja.

—Ayer casi te golpeo con un smash.

—Porque invadiste mi lado.

—Porque dudaste.

—Porque gritaste demasiado tarde.

Lucas soltó una carcajada.

—Siempre tienes una excusa.

Adriana tomó una pelota del cesto y la lanzó contra su pecho.

—Y tú siempre tienes la culpa.

Lucas la atrapó sin esfuerzo.

—Ven.

Entraron a la cancha.

El entrenador aún no había llegado, así que tenían unos minutos para practicar solos.

Adriana tomó posición en la línea de fondo.

Lucas se colocó frente a ella, al otro lado de la red.

—Primero jugamos un set —dijo él.

—¿Uno contra uno?

—Sí.

Adriana sonrió.

—Te arrepentirás.

Lucas giró la raqueta entre los dedos.

—Dudo mucho eso.

El saque inicial fue de Adriana.

La pelota salió rápida y profunda.

Lucas respondió con un revés cruzado que la obligó a correr.

El intercambio comenzó inmediato.

Golpe tras golpe.

Movimiento tras movimiento.

Ambos conocían el juego del otro casi de memoria.

Sabían cuándo atacar.

Cuándo defender.

Cuándo engañar.

—Sigues dejando abierto el lado derecho —dijo Lucas mientras devolvía una pelota profunda.

—Eso es para hacerte correr.

Lucas sonrió.

—Funcionó.

Se deslizó sobre la arcilla y devolvió el golpe con precisión.

Adriana respondió con un paralelo que rozó la línea.

—¡Punto!

Lucas levantó las manos.

—Eso fue suerte.

—Eso fue técnica.

El juego continuó.

La intensidad crecía con cada punto.

No era solo entrenamiento.

Nunca lo era cuando jugaban entre ellos.

Era competencia pura.

Lucas atacó con un golpe potente que obligó a Adriana a retroceder.

Ella logró devolver la pelota alta.

Lucas avanzó hacia la red.

Saltó.

El smash cayó con fuerza en el centro de la cancha.

Adriana alcanzó a tocar la pelota… pero salió fuera.

Lucas levantó un dedo.

—Uno a cero.

Adriana lo miró con desafío.

—Esto recién empieza.

El siguiente punto fue aún más intenso.

Adriana sacó fuerte.

Lucas respondió.

Intercambio rápido.

Adriana cambió la dirección de la pelota en el último segundo.

Lucas corrió… pero no alcanzó.

—Uno a uno —dijo Adriana con una sonrisa.

Lucas caminó hacia la red.

—Sabes que me encanta cuando te pones competitiva.

—Siempre estoy competitiva.

—No como ahora.

Adriana frunció el ceño.

—¿A qué te refieres?

Lucas apoyó los brazos sobre la red.

—Cuando jugamos así… es cuando mejor eres.

Adriana sintió un pequeño calor subir por su pecho.

Lucas tenía esa forma de decir cosas que parecían simples… pero que siempre llegaban directo a ella.

—¿Terminaste de analizar mi juego?

—Nunca.

Adriana caminó hacia la red.

—Entonces sigue mirando.

El siguiente punto fue el más largo.

La pelota cruzó la red más de veinte veces.

Ambos corrían de lado a lado de la cancha.

El sudor comenzaba a correr por sus frentes.

Finalmente Adriana encontró el momento.

Golpeó un drop shot perfecto.

La pelota cayó suavemente cerca de la red.

Lucas corrió… pero llegó tarde.

—Dos a uno —dijo Adriana.

Lucas apoyó las manos en las rodillas, respirando con fuerza.

—Eso fue cruel.

—Eso fue inteligente.

Lucas levantó la mirada.

—Definitivamente me voy a casar contigo algún día.

Adriana se quedó inmóvil.

—¿Qué?

Lucas parpadeó… como si recién hubiera escuchado lo que había dicho.

—Nada.

Adriana cruzó los brazos.

—No, no. Espera. ¿Qué dijiste?

Lucas rió nerviosamente.

—Solo fue una broma.

Adriana caminó hacia él.

—Lucas Navarro.

—Sí.

—No sabes mentir.

Lucas levantó las manos.

—Estábamos hablando de tenis.

—No.

—Sí.

—No.

Lucas suspiró.

—Está bien.

Se acercó un paso.

—Tal vez no fue completamente una broma.

El corazón de Adriana empezó a latir más rápido.

—Lucas…

—¿Qué?

—Tenemos diecisiete años.

—Exacto.

Adriana soltó una pequeña risa.

—Estás loco.

Lucas se encogió de hombros.

—Tal vez.

Entonces levantó la mano y apartó suavemente un mechón de cabello que había caído sobre el rostro de Adriana.

El gesto fue tan natural… tan íntimo… que el mundo pareció detenerse por un segundo.

Adriana sostuvo su mirada.

Lucas sonrió suavemente.

—Pero si algún día pasa… no digas que no te avisé.

Adriana sintió el impulso de responder algo.

Pero una voz interrumpió el momento.




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