Siete años atrás
El sol ya estaba alto cuando el entrenador llegó a la cancha.
—¿Ya empezaron sin mí?
Lucas levantó la mano desde el fondo de la cancha.
—Siempre.
El entrenador Ramírez negó con la cabeza, aunque una leve sonrisa apareció en su rostro.
—Eso explica por qué el club habla tanto de ustedes.
Adriana apoyó la raqueta sobre su hombro.
—¿Eso es bueno o malo?
—Depende —respondió él—. La fama puede ser una ventaja… o una presión.
Valeria, que estaba sentada en la banca, cruzó las piernas con elegancia.
—Yo diría que es una ventaja.
Adriana la miró de reojo.
Valeria siempre hablaba con una seguridad que a veces resultaba incómoda.
—Bien —dijo Ramírez—. Hoy vamos a trabajar dobles.
Lucas y Adriana se miraron automáticamente.
Siempre que entrenaban dobles, jugaban juntos.
Pero esta vez el entrenador levantó una mano.
—No tan rápido.
Adriana frunció el ceño.
—¿Qué?
—Hoy cambiamos las parejas.
Lucas bajó la raqueta.
—¿Por qué?
Ramírez caminó hacia la red.
—Porque el tenis profesional no siempre funciona como ustedes quieren.
Valeria sonrió suavemente.
—Eso suena interesante.
Ramírez señaló.
—Lucas con Valeria.
Adriana con Martín.
Adriana giró la cabeza.
Martín Álvarez acababa de entrar a la cancha vecina y caminaba hacia ellos.
Era alto, fuerte y tenía uno de los saques más potentes del club.
—Hola —dijo él con una sonrisa tranquila.
Adriana levantó una mano.
—Hola.
Lucas apretó ligeramente la mandíbula.
No le gustaba esa idea.
Ramírez lo notó.
—Lucas, ¿tienes algún problema?
Lucas negó rápidamente.
—No.
Pero Adriana lo conocía demasiado bien.
Sabía que sí.
Los jugadores tomaron sus posiciones.
Adriana y Martín en un lado.
Lucas y Valeria en el otro.
—Partido corto —anunció el entrenador—. Primer equipo en llegar a cuatro juegos gana.
Adriana hizo rebotar la pelota antes de sacar.
Martín se inclinó hacia ella.
—Siempre quise jugar contigo.
Adriana levantó una ceja.
—¿Ah, sí?
—Sí.
—Bueno… hoy tienes suerte.
La pelota salió rápida desde su raqueta.
Lucas respondió con un revés potente.
Martín interceptó en la red.
Valeria devolvió con precisión.
El intercambio comenzó rápido.
Muy rápido.
El nivel era alto.
Pero algo en la cancha se sentía diferente.
Lucas no apartaba los ojos de Adriana.
Ni siquiera cuando la pelota no estaba de su lado.
Valeria lo notó.
—Concéntrate —susurró mientras se preparaba para recibir.
Lucas respondió el siguiente golpe con fuerza.
Adriana corrió hacia la línea lateral y devolvió la pelota con un ángulo perfecto.
Lucas alcanzó a tocarla… pero salió fuera.
—Quince cero —anunció Ramírez.
Valeria suspiró.
—¿Ves?
Lucas apretó la raqueta.
—Estoy concentrado.
Adriana escuchó el tono.
Y también lo sintió.
Ese pequeño choque invisible entre ambos.
El partido continuó.
Adriana y Martín jugaban sorprendentemente bien juntos.
Martín cubría la red con seguridad.
Adriana dominaba desde el fondo.
—Buen golpe —dijo Martín después de un passing shot perfecto.
Adriana sonrió.
—Gracias.
Lucas escuchó eso.
Y el siguiente saque salió mucho más fuerte de lo necesario.
La pelota pasó como un misil.
Adriana apenas logró devolverla.
—¡Wow! —exclamó Martín—. Eso fue rápido.
Valeria se acercó a Lucas.
—Te estás tomando esto demasiado personal.
Lucas no respondió.
El juego siguió.
Pero el ambiente estaba cargado.
Cuando Adriana anotó otro punto con un revés cruzado, Lucas golpeó la pelota contra el suelo con más fuerza de la habitual.
Ramírez levantó una ceja.
—Lucas.
Lucas respiró profundo.
—Lo siento.
Adriana caminó hacia la red durante el cambio de lado.
—¿Qué te pasa?
Lucas la miró fijamente.
—Nada.
—Lucas.
—Estás jugando bien con él.
Adriana parpadeó.
—¿Eso te molesta?
Lucas bajó la voz.
—No.
—Estás mintiendo.
Lucas suspiró.
—Solo… no estoy acostumbrado.
Adriana cruzó los brazos.
—¿A qué?
—A verte jugar con otro.
Por un momento el ruido de las otras canchas desapareció.
Adriana sostuvo su mirada.
—Es tenis, Lucas.
—Lo sé.
—No es nada más.
Lucas asintió lentamente.
Pero algo en sus ojos decía lo contrario.
El juego final fue el más intenso.
Tres puntos seguidos.
Intercambios rápidos.
Golpes potentes.
Finalmente Adriana vio el espacio.
Golpeó una pelota profunda al fondo de la cancha.
Lucas llegó tarde.
La pelota tocó la línea.
—¡Juego! —anunció Ramírez.
Adriana y Martín habían ganado.
Martín levantó la mano para chocar la palma con Adriana.
—Buen partido.
Adriana respondió el gesto.
Pero cuando levantó la mirada…
Lucas ya estaba caminando hacia la banca.
Sin mirar atrás.
Valeria observó la escena en silencio.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Se acercó a Adriana.
—Interesante.
Adriana frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
Valeria inclinó ligeramente la cabeza.
—Nunca había visto a Lucas perder la calma por un partido.
Adriana tomó una toalla.
—No perdió la calma.
Valeria la miró fijamente.
—¿De verdad crees eso?
Adriana no respondió.
Porque en el fondo sabía algo.
Lucas no estaba molesto por el partido.
Estaba molesto por otra cosa.
Y esa sensación…
esa pequeña grieta invisible entre ellos…
apenas estaba empezando a aparecer.
Valeria se levantó de la banca.