El club estaba casi vacío esa tarde.
El sol comenzaba a bajar y teñía las canchas de arcilla con un tono dorado.
Adriana golpeaba la pelota contra el muro de práctica una y otra vez.
Revés.
Derecha.
Revés.
Cada golpe salía más fuerte que el anterior.
—Si sigues así vas a romper la pared.
La voz de Lucas apareció detrás de ella.
Adriana no se giró.
Golpeó otra pelota.
—La pared no se queja.
Lucas caminó hasta quedar a su lado.
—Pero yo sí.
Adriana finalmente se detuvo.
La pelota rodó por el suelo.
—¿Qué quieres?
Lucas apoyó la raqueta en su hombro.
—Hablar.
Adriana cruzó los brazos.
—¿Sobre qué?
—Sobre hoy.
Ella suspiró.
—Lucas, fue un entrenamiento.
—Lo sé.
—Entonces no entiendo por qué estás actuando raro.
Lucas se pasó una mano por el cabello.
—Porque lo fue.
Adriana lo miró fijamente.
—¿Qué cosa?
—Raro.
Por unos segundos ninguno dijo nada.
El aire entre ellos estaba cargado.
Lucas finalmente habló.
—No me gustó verte jugar con Martín.
Adriana parpadeó.
—¿En serio seguimos con eso?
—Sí.
—Lucas…
—Sé que es solo tenis.
—Entonces…
Lucas levantó la mirada.
—Pero no me gustó igual.
Adriana lo observó con paciencia.
—¿Estás celoso?
Lucas abrió la boca… y luego la cerró.
Adriana sonrió ligeramente.
—Lo estás.
—No.
—Lucas.
—Está bien —dijo él finalmente—. Un poco.
Adriana dejó escapar una risa suave.
—No tienes sentido.
—¿Por qué?
—Porque tú sabes mejor que nadie que vamos a jugar con otras personas miles de veces en nuestras carreras.
Lucas asintió.
—Lo sé.
—Entonces…
Lucas la interrumpió.
—Pero nunca había pasado.
Adriana inclinó la cabeza.
—¿Qué cosa?
Lucas la miró directo a los ojos.
—Nunca había sentido que alguien más pudiera ser tu compañero en la cancha.
El comentario la tomó por sorpresa.
—Eso es absurdo.
Lucas se encogió de hombros.
—Tal vez.
Adriana recogió otra pelota.
—Eres imposible.
—Pero me quieres igual.
Adriana lanzó la pelota hacia el muro.
—No cambies el tema.
Lucas sonrió.
—No lo estoy cambiando.
—Sí lo estás.
—No.
Adriana golpeó la pelota con fuerza.
Rebotó contra el muro.
Lucas la atrapó en el aire.
—Adriana.
Ella lo miró.
Lucas dio un paso más cerca.
—Quiero que ganemos juntos.
—Lo haremos.
—No solo torneos.
Adriana frunció ligeramente el ceño.
—¿Entonces?
Lucas respiró profundo.
—Todo.
Adriana sintió que su pecho se tensaba.
Lucas continuó.
—Grand Slams.
Circuito profesional.
Los Juegos Olímpicos.
El silencio se extendió entre ambos.
Ese era el sueño que siempre compartían.
Pero escucharlo en voz alta… hacía que pareciera más real.
Más grande.
Más aterrador.
—Eso es mucho futuro —dijo Adriana.
Lucas sonrió.
—El futuro es lo nuestro.
Adriana lo observó.
Siempre hablaba así.
Con una seguridad que parecía imposible de romper.
—¿Y si algo cambia? —preguntó ella.
Lucas frunció el ceño.
—¿Qué podría cambiar?
Adriana miró la cancha.
—La vida.
Lucas negó con la cabeza.
—No.
—Lucas…
—No va a cambiar.
Adriana volvió a mirarlo.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
Lucas levantó la raqueta y señaló la cancha.
—Porque esto es lo que somos.
Luego señaló entre ambos.
—Y nosotros también.
Adriana sintió el peso de esas palabras.
Lucas dio otro paso.
Ahora estaban muy cerca.
Demasiado cerca.
—No imagino esto sin ti —dijo él.
Adriana sintió que su respiración se volvía más lenta.
—Lucas…
Él levantó una mano y tomó suavemente la suya.
El contacto fue cálido.
Familiar.
Pero también diferente.
Más profundo.
—Prométeme algo —dijo Lucas.
—¿Qué?
—Que pase lo que pase… siempre vamos a volver a esta cancha.
Adriana lo miró confundida.
—¿Por qué?
Lucas sonrió.
—Porque aquí empezó todo.
Adriana apretó suavemente su mano.
—Está bien.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
Lucas pareció satisfecho.
Pero entonces una voz interrumpió el momento.
—Qué escena tan bonita.
Ambos giraron la cabeza.
Valeria estaba apoyada contra la reja nuevamente.
Observándolos.
Adriana retiró la mano lentamente.
—No te escuché llegar.
Valeria caminó hacia ellos.
—Eso es porque estaban ocupados.
Lucas cruzó los brazos.
—¿Necesitas algo?
Valeria lo miró directamente.
—Sí.
—¿Qué?
—Hablar contigo.
Lucas levantó una ceja.
—¿Ahora?
Valeria asintió.
—Es importante.
Adriana sintió una incomodidad difícil de explicar.
Lucas suspiró.
—Está bien.
Valeria comenzó a caminar hacia la salida de la cancha.
Lucas miró a Adriana.
—Te veo mañana.
Adriana asintió.
—Claro.
Lucas se alejó junto a Valeria.
Pero antes de salir, Valeria giró la cabeza.
Sus ojos se cruzaron con los de Adriana.
Y por un instante…
sonrió.
No era una sonrisa amable.
Era una sonrisa que parecía esconder algo.
Algo calculado.
Algo peligroso.
Adriana no sabía por qué…
pero un escalofrío recorrió su espalda.
Como si, sin darse cuenta…
acabaran de dar el primer paso hacia algo
que ninguno de ellos podría detener.