El sonido de las luces del club encendiéndose llenó el aire cuando Adriana finalmente guardó su raqueta.
Había seguido entrenando sola después de que Lucas se fuera con Valeria.
Pelota tras pelota.
Golpe tras golpe.
Hasta que el cansancio empezó a sentirse en sus brazos.
Se sentó en la banca junto a la cancha y tomó su botella de agua.
El cielo ya estaba oscuro.
—Sigues aquí.
Adriana levantó la mirada.
Martín caminaba hacia ella con una toalla sobre el hombro.
—Sí —respondió—. Necesitaba despejar la cabeza.
Martín se sentó a su lado.
—Buen partido hoy.
Adriana sonrió ligeramente.
—Gracias.
—Hacemos buen equipo.
Adriana bebió un poco de agua.
—Solo fue un entrenamiento.
Martín se encogió de hombros.
—Aun así.
El silencio se acomodó entre ambos por unos segundos.
Martín miró hacia la cancha.
—Lucas no parecía muy feliz.
Adriana dejó la botella en el suelo.
—Lucas siempre es intenso.
Martín soltó una pequeña risa.
—Eso lo noté.
Adriana miró las líneas blancas de la cancha.
—Siempre ha sido así cuando se trata de tenis.
Martín inclinó ligeramente la cabeza.
—No creo que fuera solo tenis.
Adriana levantó la mirada.
—¿Qué quieres decir?
Martín sonrió con tranquilidad.
—Que es bastante obvio que está enamorado de ti.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Adriana sintió un pequeño calor subir a su rostro.
—No seas ridículo.
—No lo soy.
Adriana negó con la cabeza.
—Lucas y yo somos compañeros desde niños.
—Eso no contradice lo que dije.
Adriana no respondió.
Porque en el fondo sabía que Martín no estaba equivocado.
Lucas siempre había estado allí.
Siempre.
En cada entrenamiento.
En cada torneo.
En cada sueño.
—¿Y tú? —preguntó Martín de repente.
Adriana frunció el ceño.
—¿Yo qué?
—¿Estás enamorada de él?
Adriana se quedó en silencio.
Nunca había pensado en esa pregunta de forma directa.
Lucas simplemente era parte de su vida.
Como el tenis.
Como las canchas.
Como el futuro que siempre imaginaban juntos.
—No lo sé —respondió finalmente.
Martín asintió lentamente.
—Eso es más honesto que decir que no.
Adriana soltó una pequeña risa.
—¿Siempre analizas tanto a la gente?
—Solo cuando me interesa entenderla.
Adriana levantó una ceja.
—¿Intentas entenderme?
Martín sonrió.
—Un poco.
Antes de que Adriana pudiera responder, una voz familiar se escuchó desde la entrada del club.
—Adriana.
Ambos giraron la cabeza.
Lucas caminaba hacia ellos.
Adriana frunció el ceño.
—Pensé que te habías ido.
Lucas miró a Martín.
Luego volvió a mirarla.
—Necesitaba hablar contigo.
Martín se levantó.
—Creo que ese es mi momento para desaparecer.
Adriana negó con una sonrisa.
—No tienes que…
—En serio —dijo él—. Nos vemos mañana.
Martín recogió su bolso y se alejó.
Lucas lo siguió con la mirada hasta que desapareció por el pasillo del club.
—Parece simpático —dijo finalmente.
Adriana suspiró.
—Lucas.
—¿Qué?
—No empieces.
Lucas levantó las manos.
—No estoy empezando nada.
Adriana lo observó.
—Entonces habla.
Lucas se sentó en la banca frente a ella.
Por un momento pareció dudar.
Eso era raro en él.
—Valeria me pidió algo —dijo finalmente.
Adriana cruzó los brazos.
—¿Qué cosa?
Lucas respiró profundo.
—Quiere que juguemos dobles juntos en el torneo nacional.
Adriana parpadeó.
—¿Qué?
—Dice que tenemos buen nivel como equipo.
Adriana sintió una presión extraña en el pecho.
—¿Y qué le dijiste?
Lucas dudó.
—Que lo pensaría.
Adriana lo miró fijamente.
—¿Lo estás pensando?
Lucas sostuvo su mirada.
—Quería saber qué opinas.
Adriana soltó una pequeña risa incrédula.
—¿Qué opino?
—Sí.
—Lucas, tú y yo siempre jugamos dobles.
—Lo sé.
—Entonces no entiendo la pregunta.
Lucas bajó la mirada por un momento.
—Solo es un torneo.
Adriana sintió que algo dentro de ella se tensaba.
—¿Quieres jugar con ella?
Lucas levantó la mirada rápidamente.
—No es eso.
—Entonces ¿qué es?
Lucas no respondió de inmediato.
El silencio entre ambos volvió a crecer.
—Lucas —dijo Adriana más suave—. ¿Qué está pasando?
Lucas se pasó una mano por el cabello.
—No lo sé.
Adriana lo observó con atención.
—Eso no suena bien.
Lucas soltó una pequeña risa nerviosa.
—Tal vez estoy pensando demasiado.
Adriana apoyó los codos en las rodillas.
—Tal vez.
Lucas levantó la mirada hacia ella.
—¿Te molestaría?
Adriana tardó unos segundos en responder.
—Un poco.
Lucas pareció sorprendido por la honestidad.
—¿Por qué?
Adriana se encogió de hombros.
—Porque siempre hemos sido nosotros.
Lucas asintió lentamente.
—Sí.
Adriana lo miró directamente a los ojos.
—Lucas… no quiero que algo cambie entre nosotros.
Lucas sostuvo su mirada.
Y por un instante pareció querer decir algo más.
Algo importante.
Pero en lugar de eso solo sonrió ligeramente.
—Nada va a cambiar.
Adriana quería creerle.
De verdad quería.
Pero en ese momento…
no podía evitar sentir que el mundo que siempre habían compartido
estaba empezando a moverse en una dirección
que ninguno de los dos controlaba.