Nuestro Último Set

Capítulo 7

Siete años antes

La cafetería del club estaba casi vacía a esa hora de la noche.

Las luces cálidas iluminaban las mesas mientras el sonido lejano de algunas pelotas golpeando las canchas exteriores aún se escuchaba a través de las ventanas.

Lucas estaba sentado frente a Valeria.

Tenía los codos apoyados sobre la mesa y una botella de agua entre las manos.

—Entonces —dijo finalmente— ¿de qué querías hablar?

Valeria removía lentamente su bebida con una cucharilla.

—Del torneo nacional.

Lucas suspiró.

—Ya te dije que lo voy a pensar.

Valeria levantó la mirada.

Sus ojos eran tranquilos… demasiado tranquilos.

—¿Por qué necesitas pensarlo tanto?

Lucas se encogió de hombros.

—Porque Adriana y yo siempre jugamos dobles.

Valeria dejó la cucharilla sobre la mesa.

—Lucas… ustedes también juegan individuales.

—No es lo mismo.

—No, claro que no.

Valeria se inclinó un poco hacia adelante.

—Pero tampoco son la única dupla del país.

Lucas frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Valeria apoyó la espalda en la silla.

—Que los entrenadores están mirando otras combinaciones.

Lucas la observó con atención.

—¿Quién te dijo eso?

Valeria sonrió apenas.

—Tengo mis fuentes.

Lucas se quedó en silencio unos segundos.

—Aun así… Adriana es mi compañera.

Valeria inclinó la cabeza.

—¿En tenis o en todo?

Lucas parpadeó.

—¿A qué te refieres?

Valeria tomó su vaso y dio un pequeño sorbo.

—Todo el mundo sabe que están juntos.

Lucas no respondió.

Valeria continuó.

—Pero también todo el mundo sabe que cuando dos jugadores dependen demasiado uno del otro… eso puede ser peligroso.

Lucas frunció el ceño.

—No dependemos.

Valeria soltó una pequeña risa.

—Lucas… tú casi te enfadas hoy porque jugó un entrenamiento con Martín.

Lucas apretó la mandíbula.

—Eso no tiene nada que ver.

—¿Seguro?

El silencio volvió a instalarse entre ellos.

Valeria lo observaba con calma.

Como si estuviera esperando algo.

Finalmente habló de nuevo.

—¿Quieres saber lo que dicen algunos entrenadores?

Lucas levantó la mirada.

—¿Qué dicen?

Valeria apoyó los dedos sobre la mesa.

—Que Adriana es muy talentosa… pero que su carrera podría crecer más si dejara de jugar siempre contigo.

Las palabras golpearon el aire con fuerza.

Lucas la miró incrédulo.

—Eso es absurdo.

Valeria levantó las manos ligeramente.

—No es mi opinión.

Lucas negó con la cabeza.

—Adriana y yo nos hacemos mejores mutuamente.

—Tal vez.

Valeria lo observó fijamente.

—O tal vez solo se están frenando.

Lucas no respondió.

Por primera vez… parecía dudar.

Valeria vio ese pequeño cambio en su expresión.

Y supo que había dado en el lugar correcto.

—Mira —continuó con suavidad—. No te estoy diciendo que dejes de jugar con ella.

Lucas la miró.

—Entonces ¿qué estás diciendo?

Valeria sonrió ligeramente.

—Solo que pruebes algo diferente.

—¿Jugar contigo?

—Sí.

Lucas respiró profundo.

—Adriana no va a entenderlo.

Valeria apoyó el codo en la mesa.

—¿Por qué no?

—Porque siempre jugamos juntos.

Valeria lo miró como si la respuesta fuera obvia.

—Entonces tal vez es momento de demostrar que también puedes ganar sin ella.

Lucas sintió que algo dentro de él se tensaba.

—No necesito demostrar eso.

Valeria lo miró en silencio durante unos segundos.

Luego dijo algo que cambió el ambiente por completo.

—¿Estás seguro?

Lucas frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Valeria se inclinó ligeramente hacia adelante.

—Lucas… Adriana es increíble. Nadie lo discute.

Lucas asintió.

—Lo sé.

—Pero últimamente todos hablan de ella.

Lucas levantó la mirada.

—¿Y?

Valeria sostuvo su mirada.

—Dicen que podría ser la mejor jugadora joven del país.

Lucas no dijo nada.

Valeria continuó.

—Incluso he escuchado a algunos entrenadores decir que su futuro en individuales es más brillante que el tuyo.

Las palabras quedaron suspendidas entre ellos.

Lucas sintió una punzada incómoda en el pecho.

—Eso no es cierto.

Valeria se encogió de hombros.

—Tal vez no.

Lucas apretó la botella entre sus manos.

—Adriana y yo somos un equipo.

Valeria asintió lentamente.

—Exacto.

Lucas frunció el ceño.

—¿Exacto qué?

Valeria sonrió suavemente.

—Que tal vez es momento de ver qué tan bueno eres… por ti mismo.

Lucas se quedó en silencio.

Valeria lo observó.

Podía ver cómo la duda comenzaba a instalarse en su mente.

Era apenas una grieta.

Pero suficiente.

—No tienes que decidir ahora —dijo finalmente levantándose—.

Lucas levantó la mirada.

—Pero piénsalo.

Valeria tomó su bolso.

—A veces… separarse un poco es la única forma de saber qué tan fuerte es algo.

Lucas no respondió.

Valeria caminó hacia la salida de la cafetería.

Pero antes de irse se detuvo.

—Buenas noches, Lucas.

—Buenas noches.

Cuando ella desapareció por la puerta…

Lucas se quedó solo en la mesa.

Mirando la botella entre sus manos.

Las palabras de Valeria seguían resonando en su cabeza.

Tal vez es momento de demostrar que también puedes ganar sin ella.

Lucas no quería creerlo.

No quería siquiera pensarlo.

Pero por primera vez…

una pequeña duda comenzaba a aparecer.

Y a pocos metros de allí…

de pie en el pasillo que conectaba la cafetería con las canchas…

Adriana había escuchado lo suficiente de esa conversación
como para sentir que algo entre ellos
acababa de cambiar.




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