Nuestro Último Set

Capítulo 9

Siete años antes

El Torneo Nacional Juvenil siempre era el evento más importante del año para los jugadores jóvenes del circuito.

Ese sábado por la mañana, el club estaba irreconocible.

Las gradas de la cancha central estaban llenas de entrenadores, familias, jugadores y algunos periodistas deportivos que comenzaban a seguir a las futuras promesas del tenis nacional.

Banderas del club colgaban de las barandas.

Los altavoces anunciaban partidos.

El olor a bloqueador solar y café recién hecho flotaba en el ambiente.

Adriana caminaba por el pasillo que llevaba a las canchas con su bolso al hombro.

Había llegado temprano.

Demasiado temprano.

No tenía partido hasta la tarde.

Pero sabía perfectamente por qué estaba ahí.

Porque Lucas jugaba en una hora.

Y no con ella.

Cuando llegó al tablero de partidos, lo vio inmediatamente.

Lucas Herrera / Valeria Fuentes
vs
Tomás Vergara / Bruno Ibarra

Adriana sintió un pequeño golpe en el pecho.

—Sabía que vendrías.

La voz de Martín Salgado apareció a su lado.

Adriana lo miró.

Martín era alto, relajado y siempre tenía esa sonrisa fácil que hacía que todos confiaran en él.

—¿Qué haces aquí tan temprano? —preguntó ella.

Martín se encogió de hombros.

—Mi partido es después del tuyo.

Miró el tablero.

Luego la miró a ella.

—Pero creo que no viniste por tenis femenino.

Adriana suspiró.

—No empieces.

Martín levantó las manos.

—Solo digo lo obvio.

Adriana no respondió.

Miró hacia la cancha central.

Los jugadores comenzaban a calentar.

Lucas estaba en la red hablando con Valeria.

Ella reía por algo que él había dicho.

Adriana sintió una punzada incómoda en el estómago.

Martín siguió su mirada.

—No sabía que iban a jugar juntos.

—Yo tampoco.

Martín guardó silencio un momento.

—¿Estás bien?

Adriana cruzó los brazos.

—Claro.

Martín la miró con una ceja levantada.

—Adriana…

—Estoy bien.

Pero no lo estaba.

Porque ver a Lucas en la cancha con otra persona se sentía extraño.

Incorrecto.

Como si alguien hubiera cambiado una pieza importante en un lugar que siempre había sido suyo.

En la cancha, el juez de silla anunció:

—Jugadores a sus posiciones.

Lucas levantó la mirada hacia las gradas.

Por un segundo sus ojos encontraron los de Adriana.

El tiempo pareció detenerse.

Lucas sintió un pequeño nudo en el estómago.

No esperaba que ella estuviera ahí.

Valeria notó el cambio en su expresión.

Siguió su mirada.

Y vio a Adriana en la grada.

Sonrió.

—Ah… interesante.

Lucas volvió a mirarla.

—¿Qué?

—Tu público.

Lucas frunció el ceño.

—No empieces.

Valeria giró la raqueta entre sus dedos.

—Solo digo que la presión debe ser mayor.

Lucas suspiró.

—Juguemos.

El partido comenzó.

Tomás sacó primero.

La pelota cruzó la cancha con velocidad.

Lucas devolvió con un revés limpio.

El intercambio fue rápido.

Golpes fuertes.

Movimientos precisos.

La grada comenzó a animarse.

—¡Vamos, Vergara! —gritó alguien.

—¡Dale Lucas!

Adriana observaba cada punto con atención.

Intentaba concentrarse en el juego.

Pero su mente no dejaba de analizar cada detalle.

La forma en que Lucas hablaba con Valeria entre puntos.

La forma en que ella le tocaba el brazo al celebrar un buen golpe.

Eso siempre lo hacíamos nosotros.

Martín estaba sentado a su lado.

—Tengo que admitirlo —dijo—. Se ven bien jugando juntos.

Adriana no respondió.

En la cancha, Lucas subió a la red y remató un punto espectacular.

La grada estalló.

Valeria levantó los brazos.

—¡Eso fue increíble!

Lucas sonrió.

Y chocaron las manos.

Adriana sintió que algo dentro de ella se encogía.

El primer set terminó 6-3 para Lucas y Valeria.

Durante el descanso, Lucas miró nuevamente hacia las gradas.

Adriana seguía ahí.

Con el rostro serio.

Lucas sintió una incomodidad creciente.

—¿Te distrae? —preguntó Valeria mientras bebía agua.

—No.

—Porque parece que sí.

Lucas apretó la botella entre sus manos.

—Solo juega.

Valeria lo observó con una leve sonrisa.

—Como quieras.

El segundo set fue más intenso.

Tomás y Bruno comenzaron a presionar más en la red.

Los puntos se volvieron más largos.

Más físicos.

—¡Lucas! —gritó Valeria— ¡mía!

Golpeó un smash perfecto.

Lucas levantó el puño.

—¡Vamos!

Desde la grada, Adriana apretó los dedos alrededor de la baranda.

Se entienden.

Eso era lo peor.

Que funcionaban.

Que no parecía que Lucas necesitara a nadie más.

Martín notó su tensión.

—Adriana…

—No digas nada.

—Solo voy a decir algo.

Ella lo miró.

—Respira.

Adriana soltó el aire lentamente.

En la cancha, el partido llegó a 5-5.

El público estaba completamente metido en el juego.

—¡Vamos, Fuentes!

—¡Dale Vergara!

Lucas se preparó para sacar.

Rebotó la pelota.

Miró al frente.

Pero antes de lanzar el saque, volvió a mirar a la grada.

Adriana seguía ahí.

Mirándolo.

Sin expresión.

Lucas sintió que el corazón le latía más fuerte.

Sacó.

Ace.

El público aplaudió.

Valeria sonrió.

—Eso es lo que quiero ver.

Lucas no respondió.

Minutos después ganaron el set 7-5.

El juez de silla anunció:

—Juego, set y partido.

Las gradas aplaudieron.




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