Siete años antes
El torneo seguía en pleno desarrollo cuando Adriana salió de las gradas.
El ruido del público, los aplausos y las voces de los comentaristas en los altavoces quedaban atrás mientras caminaba por el pasillo lateral del club.
Intentaba respirar con normalidad.
Pero sus pasos pesaban cada vez más.
¡No debería afectarme tanto!.
Se repitió esa frase varias veces.
Pero en su mente seguía apareciendo la misma imagen.
Lucas y Valeria abrazándose en la cancha después del partido.
Adriana llegó hasta una de las canchas exteriores, donde casi no había gente.
Se apoyó en la reja metálica.
Cerró los ojos.
El sonido de las pelotas en las otras pistas se mezclaba con el murmullo del torneo.
Durante años, ese sonido siempre le había dado calma.
Hoy no.
Hoy solo sentía un vacío extraño en el pecho.
—Sabía que te encontraría aquí.
Adriana abrió los ojos.
Lucas estaba caminando hacia ella.
Todavía llevaba la camiseta del partido, manchada con polvo de arcilla.
Su cabello estaba húmedo por el esfuerzo.
Pero sus ojos mostraban algo más.
Inquietud.
—¿Por qué te fuiste? —preguntó él.
Adriana se giró hacia la cancha vacía.
—Porque terminé de ver el partido -responde seria.
Lucas frunció el ceño.
—Adriana…
—Ganaron.
—No se trata de eso.
Adriana se cruzó de brazos.
—¿Entonces de qué se trata? -pregunta ella.
Lucas dio un paso más cerca.
—Te vi irte -dice más cerca.
—Y decidiste seguirme.
—Claro.
Adriana soltó una pequeña risa.
—Qué considerado.
Lucas suspiró.
—Estás enojada.
—No.
—Adriana…
Ella lo miró directamente.
—No estoy enojada.
Lucas la observó en silencio.
Conocía esa mirada.
Era peor que el enojo.
Era decepción.
—Jugaste bien —dijo Adriana finalmente.
Lucas no respondió.
—Valeria también.
Lucas pasó una mano por su cabello.
—Adriana…
—Se ven bien juntos.
Lucas frunció el ceño.
—No empieces con eso.
—¿Con qué?
—Con lo que estás insinuando.
Adriana negó suavemente.
—No estoy insinuando nada.
Lucas dio otro paso.
—Solo fue un partido.
Adriana lo miró fijamente.
—No.
Lucas guardó silencio.
Adriana continuó.
—Fue una decisión.
Lucas apretó la mandíbula.
—Ya hablamos de esto.
—No. Tú hablaste.
El silencio entre ellos se volvió tenso.
En una cancha cercana, un grupo de jugadores juveniles estaba terminando su calentamiento.
El entrenador gritaba indicaciones.
—¡Muévete más rápido, Salgado!
Lucas bajó la voz.
—No quería que esto se volviera un problema.
Adriana lo miró con incredulidad.
—Entonces no lo hagas.
Lucas suspiró.
—El entrenador quiere probar nuevas duplas.
—Siempre quiere probar algo.
Lucas se acercó más.
—Esto es parte del deporte.
Adriana levantó la mirada.
—¿Y nosotros qué somos?
Lucas se quedó en silencio.
Adriana sintió que algo dentro de ella se quebraba un poco más.
—Siempre dijiste que éramos un equipo.
Lucas respondió casi de inmediato.
—Lo somos.
—No lo parece.
Lucas respiró profundamente.
—Adriana, esto no cambia lo que somos.
Ella soltó una pequeña risa amarga.
—¿De verdad?
Lucas levantó las manos.
—Es tenis.
Adriana lo miró con intensidad.
—Para mí no es solo tenis.
Lucas sintió un nudo en el estómago.
Había algo en la forma en que Adriana lo miraba que lo hacía sentir culpable.
Pero no entendía exactamente por qué.
—¿Entonces qué es? —preguntó él.
Adriana tardó un momento en responder.
—Es nosotros.
Lucas bajó la mirada.
Por un segundo recordó todas las veces que habían hablado de su futuro.
De torneos internacionales.
De viajar juntos por el mundo.
De ganar títulos.
Pero ahora todo parecía más complicado.
—No tienes que hacer esto más grande de lo que es —dijo finalmente.
Adriana lo miró como si esas palabras fueran una traición.
—¿Más grande?
Lucas se pasó la mano por la nuca.
—Sí.
—Lucas… jugaste con otra persona después de todo lo que hemos construido juntos.
—Es un torneo.
—¡No!
Su voz resonó en la cancha vacía.
Lucas se quedó quieto.
Adriana respiró profundamente.
Sus ojos brillaban con una mezcla de enojo y tristeza.
—No entiendes.
Lucas la miró.
—Explícame.
Adriana dudó.
Porque explicar significaba admitir algo que siempre había mantenido guardado.
—Cuando jugamos juntos… —dijo finalmente— no es solo tenis.
Lucas frunció el ceño.
Adriana continuó:
—Es confianza.
Silencio.
—Es saber que cuando todo se pone difícil, tú estás ahí.
Lucas sintió un peso en el pecho.
Adriana bajó la mirada.
—Hoy no estabas conmigo.
Lucas no supo qué responder.
Porque sabía que ella tenía razón.
Pero también sabía que parte de él quería demostrar que podía ganar solo.
Antes de que pudiera decir algo…
otra voz apareció detrás de ellos.
—Lucas, el entrenador te está buscando.
Valeria.
Adriana cerró los ojos un segundo.
Lucas giró.
—Ahora voy.
Valeria miró a Adriana.
Su sonrisa era suave.
Pero sus ojos eran fríos.
—Buen partido el tuyo más tarde.
Adriana no respondió.
Valeria volvió a mirar a Lucas.
—Sergio quiere hablar de la semifinal.
Lucas asintió.
—Voy enseguida.
Valeria se fue.
El silencio volvió.
Adriana tomó su bolso.
—Deberías ir.
Lucas la miró.
—Adriana…
Ella levantó la mirada.
Y por primera vez en mucho tiempo, sus ojos parecían distantes.