Nuestro Último Set

Capítulo 11

Siete años antes

El sol de la tarde caía con fuerza sobre las canchas del club.

La arcilla roja brillaba bajo la luz intensa, y el aire estaba cargado de polvo fino que se levantaba con cada paso de los jugadores.

El Torneo Nacional Juvenil estaba en su punto más alto.

Las semifinales comenzaban.

El público llenaba las gradas de la cancha central.

Padres, entrenadores, periodistas deportivos y jugadores de otros clubes murmuraban entre ellos mientras esperaban el siguiente partido.

—Siguiente encuentro en cancha central —anunció el altavoz—. Adriana Vega contra Daniela Ríos.

Un pequeño aplauso recorrió la grada.

En el pasillo de acceso a la cancha, Adriana ajustaba las cintas de su muñeca con movimientos lentos.

Intentaba concentrarse.

Intentaba olvidar.

Pero en su cabeza seguían apareciendo imágenes del día anterior.

Lucas riendo con Valeria.

Lucas celebrando puntos con ella.

Lucas abrazándola después del partido.

Concéntrate.

Se dijo a sí misma.

Respiró profundo.

El tenis siempre había sido su lugar seguro.

La cancha.

Las líneas.

La red.

El sonido de la pelota golpeando la raqueta.

Ahí todo era claro.

Ahí no había confusión.

—¿Lista?

Adriana levantó la mirada.

Sergio Montalva, el entrenador del club, estaba frente a ella con los brazos cruzados.

—Sí.

Sergio la observó con atención.

—Te ves distraída.

Adriana negó con la cabeza.

—Estoy bien.

El entrenador no parecía convencido.

—Daniela juega muy agresivo desde el fondo.

—Lo sé.

—Y no te va a regalar puntos.

Adriana asintió.

—No los necesito.

Sergio sonrió levemente.

—Esa es la actitud.

Desde el otro lado del pasillo apareció Lucas.

Adriana lo vio.

Y por un segundo el tiempo pareció detenerse.

Lucas también la miró.

Había ido a ver su partido.

Su corazón dio un pequeño golpe.

Pero inmediatamente recordó la conversación del día anterior.

La sensación fría volvió a instalarse en su pecho.

Lucas caminó hacia ella.

—Adriana.

—Lucas.

El silencio entre ellos fue incómodo.

—Vine a ver tu partido —dijo él.

—No hacía falta.

Lucas frunció ligeramente el ceño.

—Siempre veo tus partidos.

Adriana no respondió.

Sergio miró a ambos.

—Adriana, cinco minutos.

Ella asintió.

El entrenador se alejó.

Lucas bajó la voz.

—¿Todavía estás molesta?

Adriana lo miró.

—No.

—No parece.

Adriana suspiró.

—Lucas, ahora tengo un partido.

Lucas guardó silencio.

Luego asintió.

—Juega como sabes.

Adriana lo observó un segundo.

Por un momento quiso decir algo más.

Pero el juez de silla anunció desde la cancha:

—Jugadoras a la pista.

Adriana tomó su raqueta.

—Nos vemos.

Lucas la vio caminar hacia la cancha central.

Sentía una incomodidad persistente en el pecho.

Algo entre ellos no estaba bien.

Y no sabía cómo arreglarlo.

En la grada, Valeria ya estaba sentada.

Observaba la cancha con interés.

Cuando Lucas apareció y se sentó algunas filas más abajo, una sonrisa ligera cruzó su rostro.

El partido comenzó.

Daniela sacó primero.

El intercambio inicial fue rápido.

Golpes potentes desde el fondo.

Adriana se movía con precisión por la cancha.

Su concentración era absoluta.

Cada golpe era limpio.

Cada paso exacto.

Lucas observaba desde la grada.

Había visto a Adriana jugar miles de veces.

Pero cada vez que la veía en la cancha le impresionaba lo mismo.

Su determinación.

Su forma de luchar cada punto.

—Es increíble —murmuró alguien detrás de él.

Lucas se giró.

Era Martín Salgado.

—Siempre lo ha sido —respondió Lucas.

Martín se sentó a su lado.

—Aunque hoy se ve diferente.

Lucas frunció el ceño.

—¿Diferente?

—Más agresiva.

Lucas volvió la mirada a la cancha.

Adriana acababa de ganar un punto espectacular con un passing shot imposible.

El público aplaudió.

Martín tenía razón.

Estaba jugando con una intensidad poco habitual.

Como si estuviera liberando algo.

El primer set terminó 6-2 para Adriana.

Durante el descanso, ella se sentó en su silla y bebió agua.

Desde la grada, Lucas la observaba.

Por un momento Adriana levantó la mirada.

Sus ojos se encontraron.

Pero esta vez no hubo sonrisa.

Solo distancia.

Lucas sintió un pequeño vacío.

En ese momento, Valeria se levantó de su asiento y bajó las escaleras de la grada.

Se detuvo junto a Lucas.

—Está jugando increíble.

Lucas asintió.

—Siempre lo hace.

Valeria cruzó los brazos.

—Aunque parece que hoy está… molesta.

Lucas la miró.

—¿Por qué dices eso?

Valeria se encogió de hombros.

—Tal vez porque escuché algo curioso esta mañana.

Lucas frunció el ceño.

—¿Qué cosa?

Valeria lo miró con una expresión calculada.

—Nada importante.

—Valeria.

Ella suspiró.

—Solo escuché a Adriana hablando con Martín -comenta.

Lucas sintió un pequeño pinchazo en el estómago.

—¿Hablando de qué? -pregunta él, inquieto.

Valeria dudó un momento.

Como si no estuviera segura de decirlo.

—De ti -responde ella.

Lucas se tensó.

—¿Qué dijeron? -consulta con más curiosidad.

Valeria bajó la voz.

—Que quizás ya era hora de que cada uno siguiera su camino -responde.

Lucas sintió que algo se apretaba en su pecho.

—Eso no suena a Adriana.

Valeria lo miró con aparente simpatía.




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