Nuestro Último Set

Capítulo 14

Presente — Juegos Olímpicos

El sol caía a plomo sobre la cancha central.

El cemento azul vibraba bajo la luz intensa, y el calor subía en ondas visibles desde la superficie, envolviendo a los jugadores en una atmósfera casi irreal. El estadio estaba completamente lleno. Banderas ondeaban en cada rincón: rojo, blanco, verde, azul… el mundo entero concentrado en un solo lugar.

El murmullo del público era constante, expectante, como si todos intuyeran que ese partido no era uno más.

Adriana se posicionó en la línea de fondo.

Rebotó la pelota una vez.

Dos.

Tres.

Intentó ignorar el ruido.

Intentó ignorar el pasado.

Intentó ignorarlo a él.

Pero al levantar la mirada…

Lucas estaba ahí.

Al otro lado de la red.

Observándola.

Sin apartar los ojos.

Concéntrate.

El juez de silla anunció:

—Juego inicial. Servicio de Italia.

Mateo se colocó a su lado, flexionando ligeramente las rodillas.

—Yo cubro la red. Tú mantén el fondo.

Adriana asintió.

—Claro.

Pero su mente no estaba completamente ahí.

Estaba en otro lugar.

En otra cancha.

En otro tiempo.

Lucas hizo un pequeño movimiento con los hombros, preparándose.

Valeria giró su raqueta entre los dedos, tranquila, confiada.

Como si disfrutara cada segundo de ese momento.

Adriana lanzó la pelota.

Sacó.

El golpe salió limpio.

Rápido.

Directo.

Lucas respondió con un revés cruzado.

Mateo interceptó en la red.

Punto.

—Quince cero.

El público aplaudió.

Mateo sonrió.

—Bien.

Adriana asintió.

Pero no dijo nada.

El segundo punto comenzó.

Esta vez el intercambio fue más largo.

Golpes de fondo.

Precisión.

Velocidad.

Adriana se movía con soltura.

Pero cada vez que la pelota cruzaba hacia Lucas…

algo dentro de ella se tensaba.

Lucas devolvió con un ángulo imposible.

Adriana corrió.

Se deslizó.

Golpeó.

La pelota pasó rozando la red.

Valeria no llegó.

Punto.

—Treinta cero.

El público reaccionó con entusiasmo.

Mateo se acercó.

—Eso fue perfecto.

Adriana apenas sonrió.

En el otro lado, Valeria se inclinó hacia Lucas.

—Está nerviosa.

Lucas negó levemente.

—No.

—¿No lo ves?

Lucas no respondió.

Pero en el fondo sabía algo.

Adriana no estaba nerviosa.

Estaba conteniéndose.

El juego avanzó rápido.

Italia ganó el primer game.

—Uno a cero.

Cambio de lado.

Adriana caminó hacia la banca.

Tomó agua.

Intentó regular su respiración.

Mateo se inclinó hacia ella.

—Los tenemos.

Adriana miró hacia la cancha.

Lucas se preparaba para sacar.

—No te confíes.

Mateo sonrió.

—Nunca lo hago.

Pero sus ojos se desviaron hacia Lucas.

Había algo en su mirada.

Algo que no le gustaba.

Una conexión que no entendía.

—¿Qué historia tienes con él? —preguntó de repente.

Adriana no lo miró.

—Ahora no.

Mateo insistió.

—Necesito saber con quién estamos jugando.

Adriana finalmente giró la cabeza.

—Con un rival.

Mateo sostuvo su mirada unos segundos más.

No parecía satisfecho.

Pero no dijo nada.

Lucas se posicionó para sacar.

Rebotó la pelota.

Miró al frente.

Y por un segundo…

sus ojos se cruzaron con los de Adriana.

El saque salió potente.

Ace.

—Quince cero.

El público chileno estalló.

Valeria sonrió.

—Eso es.

Lucas no celebró.

Solo se preparó para el siguiente punto.

El juego continuó.

Chile empató.

—Uno iguales.

El partido se volvió más intenso.

Más físico.

Más emocional.

Cada punto era una batalla.

Cada golpe llevaba algo más que técnica.

Adriana comenzó a soltarse.

Su juego se volvió más agresivo.

Más preciso.

Más… personal.

Golpeó un passing shot imposible que dejó a Lucas sin reacción.

El público aplaudió con fuerza.

Mateo levantó el puño.

—¡Eso!

Adriana respiró agitada.

Pero no celebró.

Solo miró al frente.

A Lucas.

Y por un instante…

recordó.

Esa misma jugada.

Años atrás.

Entrenando juntos.

Riéndose después de lograrla.

Ahora no había risa.

Solo distancia.

En el siguiente punto, Valeria interceptó en la red.

—No te voy a dejar pasar tan fácil —murmuró.

Adriana la miró.

—Nunca lo hiciste.

Valeria sonrió.

Pero sus ojos eran fríos.

—Y nunca lo haré.

El marcador avanzaba.

3–3.

4–4.

El público estaba completamente involucrado.

Cada punto era celebrado.

Cada error, murmurado.

Mateo comenzó a mostrarse más intenso.

—¡Vamos, Adriana! —gritó después de un punto ganado—. ¡Esto es nuestro!

Adriana asintió.

Pero su concentración volvía una y otra vez a Lucas.

A su presencia.

A su mirada.

A todo lo que no habían dicho.

En un cambio de lado, Mateo la tomó del brazo.

—Mírame.

Adriana lo miró.

—Estás jugando contra él, no con él.

Las palabras fueron directas.

Duras.

Adriana frunció ligeramente el ceño.

—Lo sé.

—No parece.

Adriana retiró suavemente su brazo.

—Estoy aquí, Mateo.

—Entonces demuéstralo.

El tono fue más fuerte de lo necesario.

Adriana lo miró fijamente.

—No me hables así.

Mateo sostuvo su mirada.

Pero algo en los ojos de Adriana lo hizo retroceder.

—Solo concéntrate.

El juego continuó.

5–5.

La tensión era máxima.

Lucas se preparó para recibir.

Valeria se inclinó hacia él.

—¿Aún dudas?

Lucas la miró.




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