Nuestro Último Set

Capítulo 19

Presente — Juegos Olímpicos

El aire en la terraza se volvió irrespirable.

No por el calor.

Sino por la tensión.

Por las palabras no dichas.

Por todo lo que acababa de insinuarse… y que ahora exigía una verdad.

Lucas dio un paso más hacia Valeria.

Su mirada era distinta.

Más dura.

Más despierta.

—No te muevas —dijo en voz baja.

Valeria alzó una ceja, como si aquello le resultara casi divertido.

—¿Perdón?

—Las llamadas.

El tono de Lucas fue más firme.

Más peligroso.

—¿Qué hiciste?

Adriana observaba en silencio.

Su corazón latía con fuerza.

Sentía que estaba a punto de descubrir algo que cambiaría todo.

Valeria cruzó los brazos lentamente.

Su postura relajada contrastaba con la tensión del momento.

—Lucas… han pasado siete años.

—Respóndeme.

El silencio se volvió cortante.

El viento nocturno movía suavemente las banderas del complejo, pero en ese espacio reducido, todo parecía detenido.

Valeria lo miró fijamente.

Luego sonrió.

Pero esta vez no había dulzura.

Solo cálculo.

—¿De verdad quieres saber?

Lucas no dudó.

—Sí.

Valeria inclinó la cabeza levemente.

—No te gustará.

Adriana sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Pero no apartó la mirada.

Lucas tampoco.

—Habla.

Valeria suspiró suavemente, como si se estuviera preparando para decir algo irrelevante.

Pero sus ojos brillaban.

—Nunca recibió tus llamadas.

El mundo se detuvo.

Adriana dejó de respirar.

Lucas sintió que el suelo se movía bajo sus pies.

—¿Qué…?

Valeria lo miró directamente.

—Porque nunca llegaron.

El silencio fue absoluto.

Pesado.

Irreversible.

Adriana dio un paso hacia adelante.

—¿Qué hiciste?

Su voz fue baja.

Pero cargada.

Valeria la observó.

—Lo necesario.

Lucas apretó los puños.

—Explícate.

Valeria lo sostuvo con la mirada.

—Tenías que concentrarte.

Lucas la miró con incredulidad.

—¿De qué estás hablando?

—De tu carrera.

Su voz se volvió más firme.

Más intensa.

—Estabas a punto de dar el salto. Torneos internacionales, patrocinadores… todo.

Adriana sintió que la rabia comenzaba a subir por su pecho.

—Y yo era un problema, ¿no?

Valeria giró hacia ella.

—Eras una distracción.

Las palabras cayeron como una bofetada.

Lucas negó.

—No tienes idea de lo que dices.

Valeria dio un paso hacia él.

—Sí la tengo.

Su voz bajó.

Más íntima.

Más peligrosa.

—Te estaba perdiendo.

El silencio fue brutal.

Lucas se quedó inmóvil.

—¿Perdiendo?

Valeria lo miró.

Sin máscaras.

Por primera vez.

—Sí.

Adriana sintió el impacto.

La verdad comenzaba a tomar forma.

Oscura.

Retorcida.

—Así que decidiste separarnos —dijo lentamente.

Valeria no lo negó.

—Decidí ayudarte.

Lucas soltó una risa sin humor.

—¿Ayudarme?

—A enfocarte.

—¿Arruinando mi relación?

Valeria lo miró con frialdad.

—Era lo mejor.

Adriana dio otro paso.

—¿Para quién?

Valeria la observó.

—Para él.

Lucas negó.

—No tenías derecho.

Valeria lo miró fijamente.

—Y sin embargo… funcionó.

El silencio fue ensordecedor.

Porque tenía razón.

Siete años.

Siete años separados.

Lucas pasó una mano por su rostro.

Intentando procesar.

Intentando entender.

—¿Cómo lo hiciste? —preguntó finalmente.

Valeria se encogió de hombros.

—No fue tan difícil.

Adriana sintió que la rabia la quemaba por dentro.

—Dilo.

Valeria la miró.

—Tenía acceso al teléfono del equipo… a las listas de contacto… a los horarios.

Lucas cerró los ojos un segundo.

—Borraste mis llamadas.

—Y algunos mensajes.

Adriana sintió que el pecho le dolía.

—¿Y después?

Valeria sonrió apenas.

—Después… dejé que ustedes hicieran el resto.

El golpe fue directo.

Porque era verdad.

Ellos habían terminado de destruir lo que quedaba.

Lucas abrió los ojos.

Su mirada era otra.

Fría.

—Todo este tiempo…

Valeria lo observó.

—Te convertiste en lo que eres ahora.

Lucas dio un paso atrás.

Como si necesitara distancia.

—No gracias a ti.

Valeria ladeó la cabeza.

—No lo sabes.

Adriana no pudo más.

—Eres una enferma.

El insulto quedó suspendido en el aire.

Valeria no reaccionó como esperaban.

No se enojó.

No se defendió.

Solo sonrió.

—Soy alguien que sabe lo que quiere.

Mateo apareció en ese momento.

Su presencia llenó el espacio de inmediato.

—Sabía que estarías aquí.

Su voz fue baja.

Pero cargada de tensión.

Adriana se giró.

—Mateo…

Pero él no la miraba a ella.

Miraba a Lucas.

—¿Interrumpo?

Lucas lo sostuvo con la mirada.

—Llegas justo a tiempo.

Mateo avanzó.

Su postura era rígida.

Amenazante.

—Esto no te corresponde.

Adriana intervino.

—Mateo, no—

—Tú no hables —la interrumpió.

El tono fue seco.

Dominante.

Adriana se quedó en silencio.

Sorpresa.

Molesta.

Lucas dio un paso al frente.

—No le hables así.

Mateo lo miró.

—¿Y tú quién eres para decirme algo?

El ambiente se tensó aún más.

Valeria observaba todo.

En silencio.

Disfrutando.

Lucas no retrocedió.

—Alguien que no necesita controlarla.

El golpe fue directo.

Mateo sonrió.

Pero no era una sonrisa amable.

—Ten cuidado.

Lucas no se movió.

—O qué.

El silencio fue peligroso.

Explosivo.




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