Nuestro Último Set

Capítulo 34

Parte 1

Sala de Seguridad — Madrugada

La sala no estaba diseñada para contener emociones.

Pero esa madrugada…

era lo único que había.

Adriana lo sintió apenas cruzó la puerta.

El aire no era pesado por el espacio.

Era pesado por lo que todos sabían.

O creían saber.

Pantallas encendidas.

Archivos abiertos.

Rostros tensos.

Y en el centro…

una silla vacía.

—Se entregó hace veinte minutos —dijo el encargado.

Lucas se tensó apenas.

Adriana no reaccionó de inmediato.

—¿Dónde está?

—En la sala contigua.

El silencio que siguió no fue duda.

Fue preparación.

—Queremos que estés presente —añadió el hombre, mirando a Adriana.

Ella sostuvo la mirada.

—Voy a estar.

Lucas giró hacia ella.

—No tienes que—

—Sí.

Lo cortó.

Firme.

Sin levantar la voz.

—Esto empezó conmigo. Termina conmigo.

El peso de esa frase se instaló en la sala.

Irreversible.

El pasillo hacia la sala de interrogatorio era más estrecho.

Más frío.

Las luces blancas no ayudaban.

Hacían todo más clínico.

Más real.

Adriana caminó adelante esta vez.

Lucas un paso detrás.

Sin intentar detenerla.

Pero listo.

Siempre listo.

La puerta se abrió.

Y ahí estaba.

Mateo.

Sentado.

Las manos apoyadas sobre la mesa.

La postura relajada.

Demasiado.

Como si no estuviera siendo interrogado.

Como si hubiera llegado por decisión propia.

Que, en cierto modo…

era verdad.

Adriana se detuvo en el umbral.

Un segundo.

Solo uno.

Pero suficiente para sentirlo todo.

El pasado.

El presente.

El daño.

La construcción.

La manipulación.

Y aun así…

entró.

Mateo levantó la mirada.

Y sonrió.

No sorprendido.

No incómodo.

Reconociéndola.

—Sabía que vendrías.

El silencio fue inmediato.

Adriana no se sentó.

Se quedó de pie.

—Esto se acabó.

Mateo ladeó la cabeza.

—¿Seguro?

La provocación fue suave.

Pero precisa.

—Tenemos pruebas.

Lucas habló ahora.

Controlado.

—Y una investigación formal.

Mateo lo miró apenas.

Sin interés real.

—Siempre tan correcto.

Luego volvió a Adriana.

—Pero no entiendes algo.

Ella no respondió.

Esperó.

—Esto no es tan simple como crees.

*********

Parte 2

El interrogador tomó la palabra.

—Mateo Rivas, está siendo investigado por sabotaje, manipulación de instalaciones, acoso reiterado y posible interferencia en comunicaciones privadas.

La lista cayó sin pausa.

Sin adornos.

Mateo no se movió.

No negó.

No interrumpió.

Solo escuchó.

Como si cada palabra ya estuviera prevista.

—¿Quiere responder? —preguntó el encargado.

Silencio.

Mateo apoyó la espalda en la silla.

Miró a Adriana.

Directo.

—¿De verdad quieres escuchar esto?

El aire se tensó.

—Sí —respondió ella.

Sin dudar.

Mateo sonrió apenas.

—Entonces escúchalo bien.

Pausa.

—No fue por el tenis.

El silencio se volvió absoluto.

—Nunca lo fue.

Adriana frunció el ceño.

—¿Entonces qué?

Mateo inclinó ligeramente el cuerpo hacia adelante.

—Por ti.

El impacto fue inmediato.

Lucas dio un paso.

Pero Adriana no se movió.

—Eso no es—

—No lo reduces a una frase —interrumpió Mateo—. No después de todo.

Su tono no subió.

Pero se volvió más firme.

Más real.

—Desde el principio… siempre fue así.

Adriana sintió cómo algo dentro de ella se tensaba.

—¿Manipular? ¿Separar? ¿Lastimar?

Mateo negó suavemente.

—No.

La miró.

—Ordenar.

El silencio fue denso.

Confuso.

—Nada de lo que hiciste tenía sentido —continuó—. Él no te entendía. Tú no lo veías.

Lucas apretó la mandíbula.

—No tienes idea de lo que dices.

Mateo ni siquiera lo miró.

—Yo sí te veía.

A Adriana.

Siempre a Adriana.

—Sabía lo que necesitabas antes de que lo dijeras.

El aire se volvió incómodo.

Peligroso.

Porque ya no era solo manipulación.

Era algo más.

Mucho más.

—Interviniste comunicaciones —intervino el encargado—. Eso está probado.

Mateo asintió levemente.

Como si no fuera relevante.

—Sí.

El reconocimiento fue directo.

Sin defensa.

Sin culpa.

—Y la estructura de la cancha —continuó—. También está documentado.

Mateo guardó silencio.

Pero no negó.

Adriana dio un paso al frente.

—Pudiste haberme lesionado de forma irreversible.

Mateo la miró.

Y por primera vez…

algo cambió.

—No.

La respuesta fue inmediata.

—Nunca habría permitido eso.

El escalofrío fue real.

—No decides eso —dijo Adriana.

Mateo sostuvo su mirada.

—Siempre lo hice.

El silencio que siguió…

fue uno de los más peligrosos hasta ahora.

********

Parte 3

—¿Y hace siete años?

La pregunta salió de Adriana.

Baja.

Pero firme.

Mateo no respondió de inmediato.

Pero su expresión…

cambió.

Apenas.

—También.

El aire se quebró.

Lucas dio un paso al frente.

—¿Fuiste tú?

Mateo lo miró por primera vez con real interés.

—Tardaste en darte cuenta.

El impacto fue directo.

Sin filtro.

Sin posibilidad de interpretación.

—Nos separaste —dijo Adriana.

No como pregunta.

Como afirmación.

Mateo no sonrió.

No esta vez.

—Los ayudé a ver lo que ya estaba roto.

—Mentira —respondió Lucas.

Pero su voz no fue tan firme como antes.




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