Nuestro Último Set

Capítulo 35

Parte 1

La madrugada no tenía sonido. Sin viento, ni voces.

Solo esa quietud incómoda que se instala cuando el mundo parece detenerse… pero la mente no.

Adriana no recordaba en qué momento había dejado de intentar dormir.

Solo sabía que llevaba horas mirando el mismo punto: su reflejo difuso en el vidrio de la ventana.

Una versión de sí misma que no terminaba de reconocer.

Más rígida.

Más cerrada.

Más cansada de lo que estaba dispuesta a admitir.

Apoyó la frente contra el cristal frío.

Y cerró los ojos.

Pero no encontró oscuridad.

Encontró imágenes.

Fragmentadas.

Desordenadas.

Insistentes.

La cancha.

El mensaje.

La discusión.

El silencio de Lucas.

Ese segundo exacto donde todo se quebró.

Uno.

Solo uno.

Y ahora…

esa pausa volvía con un peso distinto.

Más incómodo.

Más sospechoso.

—¿Qué fue lo que no vi…?

La pregunta salió en un susurro apenas audible.

Pero no era al aire.

Era hacia adentro.

Porque por primera vez en años…

no estaba segura de su propia versión de los hechos.

Su mente volvió al mensaje.

A la forma en que lo leyó.

A la rapidez con que lo creyó.

Demasiado rápido.

Demasiado definitivo.

Y eso…

no encajaba con quien ella era.

O con quien creía ser.

Abrió los ojos.

Respiró profundo.

Y tomó una decisión que evitó durante años:

dejar de defender el pasado… y empezar a cuestionarlo.

*******

Parte 2

La cancha aún estaba húmeda por el rocío.

El aire tenía ese frío tenue que precede al amanecer, cuando todo parece suspendido en una pausa breve antes de volver a empezar.

Lucas estaba ahí.

Como siempre.

Pero no de la misma forma.

El sonido de la pelota contra la raqueta no tenía ritmo.

Era irregular.

Cargado.

Más descarga que entrenamiento.

Adriana se detuvo en el acceso.

No entró de inmediato.

Lo observó.

La tensión en sus hombros.

La forma en que golpeaba más fuerte de lo necesario.

El modo en que no recogía las pelotas que fallaba.

No estaba practicando.

Estaba conteniendo algo.

—Sigues llegando tarde al impacto.

La voz de Adriana rompió el silencio.

Lucas falló el siguiente golpe.

La pelota se fue larga.

Rodó hasta la red.

Y quedó ahí.

Inmóvil.

Como el momento entre ellos.

Lucas giró lentamente.

La vio.

Y en su mirada hubo algo que no estaba antes.

No era sorpresa.

Ni alivio.

Era… cautela.

—No pensé que vendrías.

Adriana avanzó un par de pasos.

—Yo tampoco.

El intercambio fue breve.

Pero cargado de todo lo que no habían dicho.

Lucas dejó la raqueta a un lado.

Se acercó.

Sin invadir.

Pero sin retroceder.

—¿Dormiste algo?

Adriana negó.

—No.

Silencio.

—¿Tú?

—Tampoco.

Una pausa.

Más larga.

Más incómoda.

Hasta que Adriana habló.

—Quiero que me digas todo.

Lucas sostuvo su mirada.

—Ya lo hice.

—No.

La negación fue inmediata.

—Me diste partes.

Yo quiero todo.

El aire cambió.

—¿Qué viste ese día?

Lucas tensó la mandíbula.

—Fotos.

Adriana dio un paso más cerca.

—Descríbelas.

El silencio fue denso.

Lucas no quería.

Se notaba.

Pero no evitó.

—Tú… con él.

—¿Con Mateo?

—No.

El impacto fue inmediato.

Adriana frunció el ceño.

—Entonces ¿con quién?

Lucas no apartó la mirada.

—Con tu compañero.

El mundo pareció desacelerarse.

—Eso no es posible.

La respuesta salió firme.

Pero había algo más debajo.

Confusión.

—Lo sé ahora.

Pausa.

—Pero en ese momento no.

Adriana negó lentamente.

—Eso nunca pasó.

Lucas avanzó un paso.

—Entonces alguien lo hizo parecer.

Y esa frase…

cambió todo.

*******

Parte 3

El silencio que siguió no fue incómodo.

Fue revelador.

Porque por primera vez…

no estaban discutiendo versiones.

Estaban enfrentando la misma verdad.

Desde lados distintos.

—Nos manipularon.

La voz de Adriana fue más baja ahora.

Más consciente.

Lucas asintió.

—Sí.

Pero no bastaba.

—Y aun así caímos —añadió él.

Adriana lo miró.

Y ahí…

vino el golpe real.

—No es lo mismo.

Lucas sostuvo su mirada.

—Sí lo es.

El tono no subió.

Pero se volvió más firme.

Más honesto.

—Tú creíste palabras.

Yo creí imágenes.

Pausa.

—Ambos elegimos no preguntar.

El aire se tensó.

Porque no había defensa posible.

Adriana bajó la mirada.

Y sintió algo que evitó durante años:

responsabilidad.

—Yo… pensé que ya lo habías decidido.

Su voz tembló apenas.

Lucas respondió sin suavizar.

—Yo pensé lo mismo de ti.

Silencio.

—Entonces nos rendimos.

La frase quedó suspendida.

Pesada.

Verdadera.

—No luchamos.

Adriana levantó la mirada.

Y lo enfrentó.

—No sabíamos contra qué luchar.

Lucas negó levemente.

—Pero sí sabíamos por quién.

El golpe fue directo.

Y esta vez…

sí dolió.

*******

Parte 4

El sonido metálico rompió el momento.

Más fuerte que antes.

Más cercano.

Ambos giraron al mismo tiempo.

La puerta lateral estaba abierta.

Completamente.

Oscura.

Inquietante.

El aire que venía de ahí era distinto.

Más frío.

Más denso.

—Eso no estaba así —murmuró Lucas.

Adriana sintió el pulso acelerarse.

—No.




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