Nuestro Último Set

Capítulo 36

Parte 1

La pieza metálica no era grande.

No llamaba la atención a simple vista.

Pero en la mano de Adriana se sentía como una prueba irrefutable de algo que ya no podía seguir ignorando.

La giró lentamente entre sus dedos, observando los bordes desgastados, el leve rastro de manipulación en uno de los extremos, la forma exacta en que encajaba en su memoria.

No necesitaba confirmarlo.

Sabía de dónde venía.

—Esto no se cayó solo…

Su voz fue apenas un murmullo, pero cargado de una certeza que le tensó el pecho.

El pasillo seguía en silencio, demasiado limpio, demasiado ordenado para lo que acababa de ocurrir ahí. La luz artificial proyectaba sombras largas que parecían moverse cuando ella cambiaba de ángulo, generando una sensación incómoda, casi vigilante.

Levantó la mirada hacia el fondo.

Vacío.

Pero no tranquilo.

No después de haber visto esa sombra.

No después de haber sentido esa presencia.

Y, sobre todo, no después de tener esto en la mano.

Apretó la pieza con más fuerza de la necesaria.

—No fue una vez…

Esta vez lo dijo con claridad.

Como una conclusión inevitable.

Porque si esa pieza estaba ahí, fuera de lugar, fuera de estructura…

entonces no se trataba de un accidente aislado.

Era repetición.

Intención.

Planificación.

El pulso le golpeaba fuerte en las sienes cuando escuchó pasos acercándose.

Firmes.

Rápidos.

Reconocibles.

Lucas.

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Parte 2

—¿Qué pasó?

Lucas llegó sin aliento, pero sin perder el control. Sus ojos recorrieron el entorno antes de detenerse en Adriana, como si evaluara simultáneamente el espacio y su estado.

Adriana no respondió de inmediato.

Extendió la mano.

En silencio.

Lucas tomó la pieza.

La observó con detenimiento.

La giró.

La presionó levemente entre sus dedos.

Y su expresión cambió de forma sutil, pero suficiente.

—Esto no debería estar aquí.

—No.

El silencio que siguió no fue de duda.

Fue de comprensión.

—¿Dónde la encontraste?

—En el pasillo.

Lucas levantó la mirada de golpe.

—¿Viste a alguien?

Adriana dudó un segundo.

Pero fue un segundo honesto.

—No claramente.

Pausa.

—Pero había alguien.

La forma en que lo dijo eliminó cualquier ambigüedad.

Lucas caminó un par de pasos, revisando el entorno como si esperara encontrar algo más, alguna señal, alguna pista adicional que confirmara lo que ambos ya estaban empezando a asumir.

—Esto no es improvisado —dijo finalmente.

Adriana cruzó los brazos, sintiendo cómo el frío comenzaba a instalarse en su cuerpo, no por temperatura, sino por lo que significaba esa afirmación.

—No.

Lo miró fijo.

—Es un patrón.

Lucas apretó la pieza.

—Y alguien quiere que lo veamos.

La frase quedó suspendida.

Porque abría una posibilidad inquietante:

no solo estaban siendo observados.

Estaban siendo guiados.

********

Parte 3

La cancha parecía igual.

Pero no lo era.

Adriana lo sintió apenas cruzó el acceso. No era algo visible, ni tangible de inmediato, pero sí perceptible para alguien que había pasado años en ese mismo entorno.

El aire estaba distinto.

Más pesado.

Más cargado.

Como si algo invisible se hubiera instalado ahí.

—No me gusta esto —murmuró Lucas, caminando a su lado.

—A mí tampoco.

Avanzaron lentamente, sin hablar, dejando que el silencio amplificara cada pequeño sonido: el roce de las zapatillas sobre la superficie, el leve crujido de la estructura, el eco distante de otras canchas activas.

Adriana se detuvo.

Señaló el punto.

—Fue aquí.

Lucas se agachó, apoyando una mano sobre la superficie, recorriendo con los dedos la zona con precisión, como si buscara una irregularidad que no se veía a simple vista.

Y la encontró.

Su expresión cambió.

—Está suelto.

Adriana sintió cómo el estómago se le contraía.

—No puede ser…

Lucas presionó levemente.

El sonido fue claro.

Hueco.

Inestable.

—Aléjate —dijo de inmediato, incorporándose.

Pero Adriana no reaccionó lo suficientemente rápido.

Porque en ese mismo instante—

la estructura cedió.

No completamente.

Pero sí lo suficiente.

Un crujido seco.

Un desplazamiento leve.

El pie de Adriana perdió firmeza.

El cuerpo se desbalanceó hacia atrás.

Y por un segundo—

no hubo control.

Lucas reaccionó.

La sostuvo por la cintura antes de que cayera completamente.

El impacto fue parcial.

El susto, total.

—¿Estás bien?

La respiración de Adriana era irregular.

El pulso acelerado.

El hombro resentido.

—Sí… sí…

Pero no convencía.

Lucas no la soltó de inmediato.

Y ese contacto…

trajo algo más.

Un recuerdo.

Una cercanía que no existía hace horas.

Pero que ahora…

se sentía inevitable.

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Parte 4

La noticia se expandió rápido.

Más rápido que la primera vez.

Y con más peso.

—Segundo incidente en cancha
—Falla estructural reiterada
—Riesgo para deportistas en competencia

Las palabras aparecían en pantallas, en voces, en pasillos.

Ya no era un problema interno.

Era público.

Y eso cambiaba todo.

Adriana estaba sentada en la sala médica, con hielo en el hombro, pero sin prestarle real atención.

Su mente no estaba ahí.

Estaba reconstruyendo.

Conectando.

Uniendo puntos que antes parecían aislados.

Lucas permanecía de pie, apoyado contra la pared, en silencio, observándola más de lo que hablaba.

—Esto no es solo sabotaje —dijo Adriana finalmente.




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