Nuestro Último Set

Capítulo 38

Adriana no durmió.

No porque no pudiera.

Sino porque ya no quería cerrar los ojos y darle espacio a la duda.

La foto seguía sobre la mesa.

Extendida.

Visible.

Como una herida abierta que ya no podía cubrirse.

La observó por última vez antes de levantarse.

Ya no le provocaba confusión.

Le provocaba claridad.

—Esto termina hoy.

La frase no fue impulsiva.

Fue una decisión.

Se vistió sin prisa, pero sin pausa, sintiendo cada movimiento más firme que el anterior. El cuerpo dolía —el hombro, la tensión acumulada—, pero por primera vez en días, no le importó.

Dolía menos que no saber.

Y ya no estaba dispuesta a seguir en ese lugar.

Cuando abrió la puerta, Lucas estaba ahí.

Apoyado contra la pared.

Esperando.

—Sabía que ibas a salir.

Adriana lo miró.

—¿Desde cuándo estás ahí?

—Hace rato.

Pausa.

—No iba a dejar que salieras sola.

El silencio que siguió no fue incómodo.

Fue distinto.

Más claro.

—No voy a esconderme más.

Lucas asintió.

—Entonces vamos a buscarlo.

El acceso a las áreas restringidas ya no estaba tan controlado como antes.

Demasiado movimiento.

Demasiada presión.

Demasiadas cosas pasando al mismo tiempo.

Y en medio de ese caos…

era más fácil moverse.

Adriana caminaba con paso firme.

Lucas a su lado.

Sin hablar demasiado.

No hacía falta.

Ambos sabían hacia dónde iban.

—Si es alguien del equipo…

murmuró Lucas.

—Va a estar donde pueda ver todo.

Adriana asintió.

—O donde nadie sospeche.

Doblaron el pasillo.

Uno de los sectores técnicos.

Menos tránsito.

Más silencio.

Y entonces—

lo vieron.

De espaldas.

Revisando algo.

Demasiado concentrado.

Demasiado tranquilo.

Adriana sintió el pulso acelerarse.

—Es él.

Lucas tensó la mandíbula.

—¿Estás segura?

Adriana no dudó.

—Sí.

Porque ahora…

todo encajaba.

Los tiempos.

Las ausencias.

Las miradas.

Las pequeñas cosas que antes no tenían sentido.

—Oye.

La voz de Adriana rompió el silencio.

El hombre se giró.

Y al verla…

se quedó quieto.

No sorprendido.

No completamente.

Lo que lo delató…

fue la pausa.

Ese segundo en que decidió cómo reaccionar.

—No deberían estar aquí.

El tono fue neutro.

Pero controlado.

Demasiado.

—Tú tampoco.

La respuesta de Adriana fue directa.

Sin rodeos.

El hombre sonrió apenas.

—Esto no es lo que crees.

Lucas dio un paso adelante.

—Entonces explícalo.

El silencio se estiró.

—No hay nada que explicar.

—Hay bastante.

Adriana avanzó.

Sacó la foto.

La sostuvo frente a él.

—Esto.

El hombre la miró.

Y por primera vez…

perdió el control por un segundo.

Solo uno.

Pero suficiente.

—No sé qué es eso.

—No mientas.

El tono de Adriana no subió.

Pero se volvió más peligroso.

—Estabas ahí.

El hombre negó.

—Eso no prueba nada.

Lucas intervino.

—Prueba que alguien estaba observando.

Pausa.

—Y tú encajas perfecto.

El aire se volvió denso.

El hombre los miró a ambos.

Y entonces—

se rió.

Bajo.

Tenso.

—Llegaron más lejos de lo que pensé.

La frase cambió todo.

—¿Para quién trabajas?

Adriana no se movió.

No bajó la mirada.

No dudó.

El hombre inclinó levemente la cabeza.

—Esa es la pregunta equivocada.

El silencio cayó.

—Entonces hazla correcta.

Lucas avanzó otro paso.

El hombre los observó.

Evaluando.

Midiendo.

—¿Realmente quieren saber?

La tensión subió.

—Sí.

Adriana no parpadeó.

El hombre respiró hondo.

Y por un momento…

pareció que iba a hablar.

Pero no lo hizo.

En cambio—

dio un paso atrás.

—No aquí.

El movimiento fue rápido.

Demasiado.

Lucas reaccionó.

Intentó sujetarlo.

Pero el hombre se zafó.

Empujó.

Adriana perdió el equilibrio un segundo.

El espacio se volvió caos.

Pasos.

Ruido.

Movimiento.

El hombre corrió.

Lucas lo siguió.

—¡Detente!

Doblaron el pasillo.

Otro.

Escaleras.

El sonido de las pisadas retumbaba en las paredes.

Adriana corrió detrás.

Ignorando el dolor.

Ignorando todo.

Porque ahora…

ya no había duda.

El hombre llegó al acceso exterior.

Empujó la puerta.

Salió.

El aire frío golpeó de inmediato.

Lucas estuvo a punto de alcanzarlo.

Pero el hombre se detuvo.

Giró.

Y lo miró.

—No entienden en lo que están metidos.

La voz fue firme.

Oscura.

Adriana llegó.

Respiración agitada.

Pero mirada fija.

—Entonces explícalo.

El hombre negó lentamente.

—Ya es tarde para eso.

Pausa.

Silencio.

—Esto no es sobre ustedes.

La frase cayó pesada.

—Nunca lo fue.

El mundo se detuvo un segundo.

—Entonces ¿qué es?

Lucas lo enfrentó.

El hombre sostuvo su mirada.

Y por primera vez…

no hubo evasión.

—Control.

El aire se volvió denso.

—De quién gana.

De quién cae.

De quién sigue.

El silencio fue absoluto.

—Y ustedes…

Miró a Adriana.

Directo.

—Nunca estuvieron fuera de eso.

El impacto fue total.

Adriana dio un paso adelante.

—¿Quién más?

El hombre sonrió apenas.

Cansado.

—Más de los que creen.

Pausa.

—Y más cerca de lo que soportan.

El viento cruzó el espacio.

Frío.

Inquietante.

Y en ese instante…




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.