Nuestro Último Set

Capítulo 39

El cuerpo en el suelo no reaccionaba.

No de inmediato.

No lo suficiente.

Adriana se arrodilló sin pensar, apoyando una mano cerca del hombro de la persona herida, sintiendo el calor irregular de la piel, la respiración entrecortada, el peso de algo que no debía haber pasado.

—Hey… ¿me escuchas?

Su voz no fue suave.

Fue urgente.

Necesaria.

La persona emitió un leve sonido, apenas perceptible, pero suficiente para confirmar que seguía ahí.

Lucas llegó a su lado, evaluando rápido, mirando la estructura colapsada, el metal doblado hacia adentro, los puntos de fijación claramente manipulados.

—Esto fue provocado.

No era una sospecha.

Era un hecho.

Adriana no apartó la mirada del herido.

—Necesitamos ayuda ahora.

El compañero, unos pasos atrás, no se movía.

Miraba.

Como si estuviera viendo algo que ya conocía.

—Ya no están probando —murmuró.

Lucas giró hacia él.

—¿Qué?

Pero Adriana lo interrumpió.

—Después.

Su voz fue firme.

—Ahora ayúdame.

Porque en ese momento…

no había espacio para teorías.

Solo para sobrevivir.

.

El personal médico llegó rápido.

Demasiado rápido para lo que era normal.

Como si alguien más hubiera visto venir esto.

Como si alguien estuviera esperando.

Adriana retrocedió apenas cuando comenzaron a atender al herido, pero no se alejó del todo. Sus ojos seguían cada movimiento, cada indicación, cada gesto.

—Tiene pulso débil.

—Posible trauma en costillas.

—Preparar traslado inmediato.

Las voces se cruzaban.

Técnicas.

Frías.

Pero necesarias.

Lucas se acercó al rostro del herido.

Lo observó.

Y entonces—

se quedó quieto.

—Adriana…

Su voz cambió.

Ella lo miró.

—¿Qué?

Lucas dudó.

Un segundo.

Pero lo dijo.

—Es Tomás.

El mundo se detuvo.

Adriana sintió cómo algo se le comprimía en el pecho.

Tomás.

No era alguien lejano.

No era parte del “sistema”.

Era cercano.

Visible.

Real.

—No…

La palabra salió sola.

Pero no negaba el hecho.

Negaba lo que implicaba.

Porque eso significaba algo claro:

ya no había distancia.

.

La camilla desapareció por el pasillo.

El movimiento volvió.

El ruido.

La urgencia.

Pero para Adriana…

todo se volvió más lento.

Más pesado.

Más personal.

—Esto se salió completamente.

Lucas lo dijo en voz baja.

Adriana no respondió.

Porque estaba mirando el punto donde Tomás había estado.

Y no podía dejar de pensar en algo:

eso pudo haber sido cualquiera.

Eso pudo haber sido ella.

—Esto ya no es advertencia.

Su voz fue firme.

Lucas asintió.

—No.

—Es daño real.

El silencio se instaló.

Y el compañero finalmente habló.

—Siempre termina así.

Ambos giraron hacia él.

—¿Qué significa eso?

Lucas avanzó.

El compañero los miró.

Y esta vez…

no evitó.

—Que cuando pierden el control…

empiezan a eliminar variables.

El aire se volvió denso.

—¿Variables?

Adriana frunció el ceño.

—Personas.

La palabra cayó seca.

Sin adornos.

Sin vuelta.

.

—¿Estás diciendo que esto fue intencional?

La voz de Lucas subió.

No mucho.

Pero lo suficiente.

El compañero no retrocedió.

—Sí.

Adriana dio un paso adelante.

—Entonces Tomás era un objetivo.

El compañero dudó.

Y ese segundo…

fue suficiente.

—No exactamente.

El silencio se tensó.

—Entonces ¿qué?

Lucas insistió.

El compañero apretó los labios.

—Era… un mensaje.

El impacto fue inmediato.

—¿Para quién?

Adriana no apartó la mirada.

El compañero la sostuvo.

—Para ti.

El mundo se detuvo.

Literalmente.

—No.

Adriana negó.

—No.

Pero el compañero no bajó la mirada.

—Sí.

Pausa.

—Porque estás demasiado cerca.

El aire se volvió irrespirable.

Lucas dio un paso al frente.

—Eso es absurdo.

—¿Lo es?

El compañero lo enfrentó.

—¿Quién encontró la pieza?

Silencio.

—¿Quién vio la foto?

Más silencio.

—¿Quién llegó hasta él hoy?

El golpe fue directo.

Adriana no habló.

Porque no podía negar nada.

La presión dejó de ser externa.

Se volvió interna.

Directa.

Personal.

Adriana respiró hondo.

Una vez.

Dos.

Y cuando habló…

su voz ya no tembló.

—Entonces se equivocaron.

Lucas la miró.

—¿Qué?

Adriana sostuvo su mirada.

—Si esto era para detenerme…

Pausa.

Determinación.

—No lo lograron.

El silencio fue absoluto.

El compañero negó.

—No entiendes—

—No.

Lo interrumpió.

—Ahora sí entiendo.

La diferencia fue clara.

—Esto no es solo sobre lo que pasó.

Pausa.

—Es sobre lo que sigue.

Lucas la observó.

Y por primera vez…

no intentó frenarla.

—¿Qué estás pensando?

Adriana no dudó.

—Dejar de reaccionar.

El aire se tensó.

—Y empezar a movernos primero.

El sonido del teléfono rompió el momento.

Uno del equipo médico.

Lucas respondió.

Escuchó.

Su expresión cambió.

Adriana lo notó.

—¿Qué pasó?

Lucas bajó lentamente el teléfono.

El silencio antes de hablar…

fue suficiente.

—Tomás está en estado crítico.

El golpe fue directo.

Sin filtro.

Sin suavizar.

Adriana cerró los ojos un segundo.

Solo uno.

Pero en ese segundo…

algo cambió.

Cuando los abrió…

ya no había duda.

Ya no había miedo dominante.




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