Nuestro Último Set

Capítulo 40

Adriana no volvió a mirar la foto.

No porque dejara de importar.

Sino porque ya había cumplido su función.

Había abierto la puerta.

Y ahora…

era momento de cruzarla.

El silencio en la habitación no era tenso.

Era enfocado.

Distinto a todo lo anterior.

Lucas estaba de pie, apoyado contra la pared, observándola sin interrumpir. Sabía que ese momento era clave: cualquier decisión que tomara Adriana ahora iba a marcar lo que venía.

Y no era algo que pudiera empujar.

Tenía que salir de ella.

—Si esto es un sistema…

dijo Adriana finalmente,

—entonces tiene estructura.

Lucas asintió.

—Y toda estructura deja rastros.

El compañero, aún cerca de la puerta, habló sin moverse demasiado.

—No los evidentes.

Adriana lo miró.

—Los que creen que nadie busca.

El silencio confirmó que estaban pensando lo mismo.

—Accesos internos.

—Registros.

—Movimientos no oficiales.

Las palabras comenzaron a encajar.

—Necesitamos entrar a su punto de control.

Lucas frunció el ceño.

—¿Te refieres a los servidores?

El compañero negó.

—No.

Pausa.

—Eso está demasiado protegido.

Adriana cruzó los brazos.

—Entonces ¿dónde?

El compañero levantó la mirada.

Y por primera vez…

no dudó.

—En donde toman decisiones.

.

No era un sitio oculto.

Ni secreto.

Ese era el problema.

El lugar existía a plena vista.

Pero nadie lo cuestionaba.

La sala de coordinación.

Donde se organizaban horarios, accesos, logística.

Donde todo parecía administrativo.

Inofensivo.

Pero donde…

todo pasaba primero.

—Ahí es donde entra todo.

Dijo el compañero en voz baja mientras avanzaban por el pasillo.

—Y donde se filtra lo que sale.

Lucas miró alrededor.

—Siempre hay gente.

—No a esta hora.

Adriana no dudó.

El ambiente era distinto.

Más silencioso.

Menos vigilado.

Pero no vacío.

Nunca completamente.

Se detuvieron frente a la puerta.

Cerrada.

Pero no bloqueada.

Adriana apoyó la mano en la manilla.

Respiró hondo.

Y giró.

.

La sala estaba en penumbra.

Solo algunas pantallas encendidas.

Luces parpadeantes.

Datos en movimiento.

El sonido leve de equipos funcionando.

Adriana avanzó primero.

Cada paso medido.

Cada movimiento consciente.

Como si el lugar mismo pudiera reaccionar.

Lucas cerró la puerta con cuidado.

El compañero se mantuvo cerca.

Observando.

—Tenemos poco tiempo.

Murmuró.

Adriana se acercó a una de las estaciones.

Pantallas abiertas.

Registros visibles.

No protegidos como esperaban.

Y eso…

era peor.

—Esto está demasiado accesible.

Lucas frunció el ceño.

—¿Una trampa?

Adriana negó lentamente.

—No.

Pausa.

—Confianza.

El compañero intervino.

—Confían en que nadie mire.

El silencio fue claro.

Adriana comenzó a revisar.

Fechas.

Horarios.

Movimientos.

Y entonces... algo.

Un patrón.

—Mira esto.

Lucas se acercó.

Entradas repetidas.

Mismas horas.

Mismas zonas.

—No son registros normales.

Adriana negó.

—Son accesos encubiertos.

El aire se tensó.

—Y todos llevan al mismo punto.

Lucas siguió la línea.

Y entonces—

—Esto es interno.

La frase cayó pesada.

.

Adriana desplazó la información.

Más registros.

Más conexiones.

Hasta que finalmente—

se detuvo.

Un nombre.

No completo.

Pero suficiente.

Un código.

Una identificación parcial.

El compañero se tensó.

—No…

Adriana lo miró.

—¿Qué?

Él negó.

—No esperaba que apareciera tan rápido.

Lucas cruzó los brazos.

—¿Lo conoces?

El silencio fue respuesta.

—Sí.

El aire se volvió denso.

—Entonces dilo.

Adriana no apartó la mirada.

El compañero dudó.

Pero esta vez…

no retrocedió.

—Es alguien que no pueden confrontar directamente.

La frase no tranquilizó.

—¿Por qué?

Lucas avanzó.

El compañero lo miró.

—Porque no actúa solo.

El silencio cayó.

—Y porque tiene autoridad.

El impacto fue inmediato.

.

Un sonido.

Detrás.

La puerta.

Una leve presión.

Los tres se congelaron.

—No estamos solos.

Susurró Lucas.

Adriana cerró la pantalla de inmediato.

El compañero dio un paso atrás.

El sonido volvió.

Más claro.

Alguien intentando entrar.

—Tenemos que salir.

Lucas lo dijo rápido.

Pero Adriana no se movió.

Miraba la pantalla.

El nombre parcial.

La prueba.

—No sin esto.

El aire se tensó.

—Adriana—

—Un segundo.

El tiempo se volvió crítico.

Pasos.

Más cerca.

La manilla se movió.

Adriana tomó una decisión.

Rápida.

Clara.

Guardó la información.

Extrajo lo necesario.

Y se giró.

—Ahora.

Lucas abrió la puerta lateral.

El compañero salió primero.

Adriana detrás.

La puerta principal se abrió al mismo tiempo.

Pero ya no estaban ahí.

.

El pasillo los recibió en silencio.

Pero no en calma.

Corrieron.

Sin detenerse.

Sin mirar atrás.

Hasta que finalmente—

se detuvieron.

Respiración agitada.

Pulso alto.

Pero vivos.

—Lo tenemos.

Lucas habló primero.

Adriana asintió.

—No todo.

Pausa.

—Pero lo suficiente.

El compañero los miró.

Y por primera vez…

pareció convencido.

—Ahora sí los van a buscar.

El aire cambió.




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