MARGARITA
Necesito tiempo y dinero, ninguna de las dos opciones está a mi disposición. Deje atrás a Storm, debo pensar, no soy una ladrona, sin embargo, tengo tres semanas y un presupuesto impagable.
Storm deposita un beso en mi frente. —Descansa amor, espero recibir tu respuesta pronto. —No menciona nada más y simplemente bajó sin decir ni una palabra.
Al entrar a casa veo a mamá sentada tejiendo el cabello de mi hermana, Camelia me observa y sonríe.
Esa sonrisa me rompe.
—¿Cómo te fue? —pregunta mamá sin dejar de mover los dedos entre los mechones oscuros.
Siempre le gustó peinarla. Dice que el cabello es memoria, que mientras lo trenzas piensas mejor.
—Bien.
Camelia frunce el ceño, me conoce demasiado.
—No te ves bien.
—Estoy cansada, nada más.
Mamá termina la trenza y besa la cabeza de mi hermana antes de mirarme. Tiene los labios pálidos, las ojeras más marcadas que ayer.
—Ven acá —dice.
Me acerco y me obliga a sentarme frente a ella como cuando era niña. Toma mi rostro entre sus manos tibias.
—No tomes decisiones que te pesen toda la vida por salvar la mía.
El aire se vuelve espeso.
—Mamá, lo resolveré. —susurro.
—No tienes que hacerlo cariño, he vivido demasiados años.
Camelia me observa. —Tu novio Storm puede ayudarnos… ¿no? —pregunta y quiero desmayarme, quisiera decirle que puede, pero no será gratis.
—Sí, me ayudara. —respondo. No es mentira, solo es una verdad incompleta. —Hablaremos de eso después ¿Sí? Voy a dormir.
Dudo dormir, pero es mi única forma de escabullirme.
—Ve, trabajas mucho hija. Dios te bendiga.
Asiento dejando un beso en su mejilla. —Te amo. —Hago lo propio con Came y me alejo, cierro muy bien la puerta de mi habitación y cubro mi boca, mis lágrimas comienzan a caer como si fuese un manantial salino.
Siento una opresión en mi pecho, además, en mi garganta se forma un nudo doloroso, sé que Storm me ama, pero también busca el reconocimiento y aprobación de su padre.
Cierro los ojos y hundo mi rostro en mis manos, no puedo robar una receta familiar, empapo mis palmas, escucho la voz de Came, son gritos, abro la puerta y corro hacia la sala.
—¡Mamá!
Corro hasta donde se encuentran, está desmayada en el sofá, mi hermana tiembla.
—Se mareó estaba hablando y de pronto…
No termino de escuchar, me arrodillo frente a ella, tomo su rostro entre mis manos.
—Mamá… mamá, mírame.
Su piel está más fría que hace unos minutos, su pecho se mueve, pero lento, demasiado lento.
—Came, llama a la ambulancia. —No se mueve. —¡Ahora!
Estoy tan asustada como ella, pero no podemos darnos el lujo de quedarnos petrificadas. Camelia obedece, sus manos tiemblan tanto que el teléfono casi se le cae de las manos.
Apoyo mi oído sobre el pecho de mamá, el palpitar de su corazón es irregular.
—No te atrevas —susurro contra su piel. —No me dejes ahora. ¡Mamá, por favor!
Mis lágrimas humedecen su bata de dormir y Camelia busca nuestros bolsos. La ambulancia se tarda menos de tres minutos en llegar. —Ve con ella Came, yo las sigo en mi auto.
Came no duda, sostiene mi mano por un momento y sube a la ambulancia con mamá, aún sin reaccionar.
Sigo en mi coche, llamo a mi hermano Paul. —Es mamá. —No le he contado sobre la cirugía. —Vamos al hospital, yo… —Mis palabras no salen.
—Las veré allá. —Es lo único que dice y cuelga la llamada. Siento que me asfixio.
No puedo perderla.
Momento después, la camilla desaparece detrás de una puerta de cristal. —No pueden entrar, conocen el procedimiento.
Siempre dicen eso.
Esperen.
Como si fuese tan sencillo, me siento junto a Camelia y la abrazo. Ella apoya la cabeza en mi hombro.
—¿Mamá, se va a morir? —pregunta sollozando. La pregunta me hace dolor el estómago.
—No Came, eso no sucederá.
Paul llega un momento después, no viene solo, trajo a su esposa embarazada, por eso no quise molestarlo temprano, sino quise solucionar por mi propia cuenta.
—Princesas. —Nos envuelve a ambas, los brazos de nuestro hermano es nuestro refugio. —¿Qué pasó con mamá?
—Se desmayó. —Dije separándome de su lado para saludar a mi cuñada Melody.
—Lo siento mucho, ella mejorará. —Dijo Melody.
Asentimos creyéndolo. El médico sale veinte minutos después.
—Fue una arritmia severa —explica. —Logramos estabilizarla, pero no podemos seguir postergando la cirugía.