MARGARITA
Corro hasta la habitación donde dormiré, los empleados me observan extraños y me siento un poco más segura cuando cierro la puerta con más fuerza de la necesaria y apoyó la espalda contra la madera.
Me llevo una mano al pecho, intentando regular mi respiración, pero es inútil. Siento un nudo apretándome la garganta, uno que no tiene que ver conmigo o al menos, no del todo.
—Esto no es tuyo… —murmuro para mí misma, aunque mi voz tiembla. —No te pertenece. —Aunque lo digo en voz alta cierro los ojos con fuerza y mis lágrimas caen sin permiso.
No fue solo un abrazo, sino la forma en que se aferró a mí, como si me necesitara. Camino y me dejo caer sobre la cama.
Las manos me tiemblan.
—Dios… —susurro.
Siento su dolor profundo, demasiado grande para alguien tan pequeño y no conozco su historia, pero si percibí el vacío que dejó la dueña de este vestido. Trago en seco y me limpio el rostro con el dorso de la mano.
No puedo permitirme esto, no vine aquí a involucrarme, soy una mala persona, vine a robar para salvar a mi madre y nada más.
Me obligó a incorporarme, cambio el vestido por mis prendas ya secas, busco mi celular sobre la mesa, la pantalla se ilumina de inmediato con varias notificaciones, pero no quiero saber de Storm.
Deslizó el dedo y busco otro contacto, pulse llamar, el tono suena una vez, luego otra…
—¿Margarita?
La voz de mi madre al otro lado de la línea me rompe un poco más. Cierro los ojos.
—Mamá, pensé que… bueno llamaba a Camelia…
—Tu hermana se encuentra a mi lado —su tono cambia de inmediato. —¿Estás bien? Tu hermano dijo que no contestabas…
—Estoy bien, debí viajar a mi nuevo trabajo, era necesario.
—Camelia me dijo, que irías a un rancho, ¿Cómo es? ¿Te trataron bien?
Miro alrededor.
—Es… grande —respondo, intentando sonar normal. —Muy bonita y sin mamá, además solo vine a trabajar.
Escucho a mamá tosiendo y ruido al otro lado.
—Marga, mamá está agotada. —La voz de mi tía Esmeralda resuena a través de la bocina.
—¿Cómo está?
—Esperando que liberen el presupuesto.
Cierro los ojos
—Lo harán mañana a primera hora, Storm, me lo confirmó, así que tranquilos. Mañana empiezo con la auditoría —digo, cambiando el tono. —Todo va a salir bien, los llamaré a primera hora.
—Vas a hacerlo bien, como siempre.
Asiento, aunque no puede verme.
—Sí. —El nudo se vuelve doloroso y la opresión de mi pecho me deja sin respiración por unos segundos. —Hablamos luego, los amo.
La llamada termina, pero el silencio que queda es peor, Storm sigue con insistencia y decido responder la llamada.
—Cariño…
—Mañana empiezo. —digo sin saludarlo.
Pero incluso diciéndolo, no suena tan firme como debería.
—Eso espero —respondió de inmediato. —El tiempo no está de nuestro lado.
Aprieto el teléfono con más fuerza de la necesaria.
—Lo sé.
—Ya te extraño cariño. No estés enojada conmigo
Cierro los ojos.
—No lo estoy, solo que aún no distingo cuando hablo con mi jefe o con mi novio.
—Nena me disculpo, es que sostener la presión de mi padre, no está sencillo, ya te extraño, lo digo en serio. Mañana le harán la cirugía, le llevaré flores a mi suegra.
Suspiro, sigo enojada.
—Y le daré calorcito, ya que estás de viaje. Te amo mi hermosa futura reina.
Mis mejillas arden., aun así, no respondo.
—Sé que después que tu madre sea intervenida me amarás nuevamente. Descansa, sé que mañana será un día largo para ambos.
—Buenas noches, Storm. —No dije más.
La llamada se corta, bajo el celular lentamente, esta vez no hay lágrimas, sólo una sensación fría instalándose en mi pecho, cierro los ojos y me entrego al sueño profundo.
(...)
Jadeo en busca de oxígeno, todo está oscuro y me siento desorientada, el aire no entra en mis pulmones y mis manos se mueven a ciegas, sin embargo, consigo las cortinas de la ventana, aún está oscuro.
Aspiró con fuerza, esta vez el aire sí llega, llenándome los pulmones de golpe, tan brusco que me llevo una mano al pecho, intentando calmar el ritmo desbocado de mi corazón.
—Fue un sueño… —susurro, aunque no suena convincente. —¿Que voy hacer en un Rancho? —Los rayos del sol apenas se están asomando.
Un golpe en la puerta me hace sobresaltar y luego otro golpe, aunque es más suave esta vez.
—¿Sí…? —mi voz sale baja y áspera por el sueño.
No hay respuesta, dudo un segundo antes de abrir, pero lo hago y me quedo completamente inmóvil, el pasillo se encuentra iluminado y en la puerta está mi maleta, con marcas de barro seco en los bordes.