Receta de Amor

Capítulo 15: Eso ya lo comprobé

MARGARITA

Mi estómago está pagando cada una de mis terribles decisiones; el licor, mis nervios, ese beso que no debo recordar, pero siento y el pequeño vaquerito que, sin permiso, se está metiendo donde nadie debería.

Directo en mi corazón mi pecho.

Exhaló despacio, apoyándome un segundo contra la pared mientras intento mantener la compostura. Todo da vueltas más lento ahora, pero no deja de girar.

—Señorita, el jefe me ordenó prepararle un caldo levanta muerto.

Alzó la mirada hacia Cleotilde, parpadeo más nerviosa que antes.

—¿El… jefe?

—Sí —responde con naturalidad. —Sígame. Lo hago sin reprochar de momento, y luego me extiende una taza humeante. —Dijo que lo necesitaba.

Frunzo ligeramente el ceño. Ese ogro ahora está siendo amable, no lo creo, recuerdo que el mismo que me quiere fuera de su rancho y que…

Aprieto los labios.

—Dígale que no era necesario.

Cleotilde sonríe apenas.

—Salió con Tomás, coma en paz señorita.

No puedo evitar hacer una pequeña mueca. Tomo la cuchara, el aroma es fuerte, pero reconfortante. Doy el primer sorbo y casi siento cómo mi alma regresa al cuerpo.

—Esto es milagroso…

—Se lo dije.

Hay un breve silencio.

—Gracias… Está delicioso.

Trago despacio.

—El vaquerito es protector. —Digo con naturalidad, pero luego me arrepiento.

—Mi sobrino, es un niño —dice Claudia casi con fastidio sentándose a mi lado. —Se encariña rápido.

Cleotilde la mira con seriedad, sin embargo, baja la mirada, no responde.

—Sírveme, tengo hambre.

—Por supuesto señorita. —La incomodidad en las palabras de Cleotilde es notable en su tono de voz.

—Pronto seré señora, me casaré.

—Felicidades. —Respondo mientras sigo comiendo.

—¿Con quién se casará? —Pregunta Cleotilde. —No le conocemos novio.

—Es un secreto de momento, nuestra relación es complicada y digamos que dará mucho de qué hablar por nuestro vínculo. —Su respuesta me causa tanta incomodidad como a Cleotilde ¿Acaso será con el ogro? —Te invitaré Margarita me caes muy bien.

—Lo agradezco, pero no me quedaré mucho tiempo —murmuró.

—Bien, si así lo decidiste, perfecto entonces, aunque igual te extenderé la invitación. ¿Dónde está Rafael? Lo busqué por el rancho y no tuve éxito.

—Salió temprano con el niño señorita Claudia.

—Bien, cuando lleguen me avisas… —Prueba la sopa. —Le falta sal, esta simple. —Se levanta y lo tira en el lavamanos desechando ese delicioso tesoro culinario, es una imbécil.

—Creo que tiene problemas en el paladar, la sopa está deliciosa y si no le parece hágase una prueba de COVID, aunque estamos en el dos mil veintiséis aún existen casos, por otro lado, es de mala educación desechar los alimentos cuando usted no los preparo, la sopa era para mí.

Se gira y su mirada echa chispa.

—¿Para ti? Aquí nada es para nadie en especial, esta cocina solo…

—La corrijo, si era para mí, el amable señor Montoya la mandó a preparar única y exclusivamente para mí. —Acabé con el contenido. —Querida Cleo. —La mujer me atiende de inmediato. —¿Podrías darme un poco más, por favor? —Añado con suavidad. Le estoy enseñando modales a esa mujer tan poco amable.

—Claro que sí, señorita. —Sonríe, de verdad, pues sus ojos se iluminaron y esa tal Claudia aprieta la mandíbula.

—No te confundas —dice con voz baja. —Este no es tu lugar.

La miró sin parpadear.

—Créame, eso lo tengo muy claro. —No retrocedo en mis comentarios. —Pero mientras esté aquí, sí espero respeto, pues lo doy por igual.

No dice nada más, simplemente se va de la cocina.

—Gracias por eso, ella sueña con reemplazar a su hermana Silvia. —Dice y luego cubre su boca. —No debí decir eso… es que me preocupa el señor, lo he cuidado desde niño, es como un hijo para mí.

—Lo entiendo. No diré nada, algunas personas no saben cuál es su lugar y otras lo olvidan, espero que el señor Montoya no la tome en cuenta jamás como mujer. No es la señora y ya se la cree. —Dije malhumorada.

Bajo la mirada hacia el caldo. ¿Por qué dije eso? ¿Por qué su posible relación con otra mujer me incomoda? Aprieto la taza entre mis manos. ¿Por qué se siente esto así?

—Se le va a enfriar —dice Cleotilde con suavidad.

Parpadeo.

—Sí… —murmuró, llevándome la cuchara a los labios otra vez, pero ya no sabe igual, me amarga y no es la sopa. Término en silencio, intentando ignorar esa incomodidad que se instaló en mi pecho sin permiso.

—Tengo que trabajar —añado, más para convencerme que para informarle.

Cleotilde asiente.




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