Receta de Amor

Capítulo 17: Siempre voy a venir por ti

MARGARITA

El cielo se está cayendo a pedazos, la lluvia cae a cántaros y mi corazón no deja de palpitar con fuerza al escuchar una oración repetirse por todos lados.

—Tomás, ¿dónde estás? —Raúl me ordenó no moverme, pero mi ansiedad me obliga a correr en busca del lindo vaquerito.

Busco dentro de la casa.

Entró en cada habitación sin permiso, pero debo encontrarlo. La iluminación es escasa y, sin embargo, los relámpagos de vez en cuando reemplazan la oscuridad por una claridad opaca.

—Vaquerito lindo, mi caballero con sombrero… ¿estás aquí?

Reviso debajo de las camas, abro armarios, contengo el impulso de gritar más fuerte, mi respiración se vuelve irregular.

Los niños son de sentimientos frágiles, saber que me voy mañana lo tomó de sorpresa y yo fui una bomba en su silencioso mundo. Me detengo un segundo, apoyando la mano contra la pared.

Convencí a Storm de volver no es momento de robar nada. No quiero ni puedo hacerlo. Es jugar con el patrimonio del mini vaquerito Montoya.

Además, no me han mostrado la fábrica. La llaman El corazón del Rancho. Eso dice cuan especial es su labor dentro de ese lugar y no quiero arruinarlo ¿El problema? No sé de dónde sacar el dinero para pagarla a Storm.

Intentaré convencerlo con mis encantos y una cena. ¡Lo sé! Estoy perdida por donde se me mire.

—¡Enfócate, Margarita!

Mi piel se eriza, siento que no debería entrar en este lugar, pese a las advertencias de mi sistema giró el pomo y entendí. Es la habitación del ogro, no me atrevo a entrar del todo.

—Vaquerito… ¿estás aquí? —Mi voz se pierde dentro de la habitación.

El olor me golpea no huele a chivo, sino a un aroma masculino, fuerte y al mismo tiempo salvaje, trago saliva cuando la sensación de mis labios contra los suyos me embarga.

Ese recuerdo aun no llega, pero la sensación sigue despertándome en las madrugadas. Un relámpago ilumina todo y, por un segundo, veo fotografías. La curiosidad me traiciona y doy pasos lentos y cuidadosos dentro de la habitación, tomó una que me estremece.

Él sonriendo no siendo un ogro, ella hermosa iluminando la escena y Tomás pequeño, en su hombro.

Era una familia perfecta.

Algo se me aprieta dentro del pecho, sé que no pertenezco aquí. Dejo la foto en su lugar con cuidado. —Tomás… —susurro una vez más. No obtengo respuesta alguna, entonces lo entiendo.

No está dentro.

El miedo me sube por la garganta y sin dudarlo tomó la decisión, usar un paraguas con esta tormenta eléctrica sería inútil y peligroso, me pongo un impermeable que milagrosamente conseguí, botas de goma y cambio las baterías de la linterna.

Apenas cruzó la puerta, el viento me golpeó con violencia. Las gotas frías me pican el rostro sin piedad, pero no me detengo.

—¡Vaquerito lindo! —grito, avanzando. —¿Estás jugando a las escondidas?

La linterna corta la oscuridad en ráfagas temblorosas, camino sin una dirección, las voces se escuchan más lejanas, pero tengo la esperanza de que escuche mi voz y decida salir.

—¡Tomás! ¡Blitz!

El agua me llega casi a los tobillos, el barro se pega a mis botas, el frío me cala hasta los huesos. Comienzo a temblar, no le prestó atención, continuo con mi búsqueda, porque él podría estar más complicado.

Por un momento se me hace un nudo en la garganta y de la nada mis lágrimas comienzan a caer y se mezclan con las gotas de agua.

No soy una mala persona, solo anhelaba salvar a mi madre y eso me pone más nostálgica, casi no he podido hablar con ella, además la idea de dejar al vaquerito me destroza.

Hablo para mí, dijo sus primeras palabras después de tres años, luego de mi llegada y eso vale más que todo el dinero del mundo. Por eso no quería involucrarme y aquí estoy sentimental, llorando y ansiosa por no encontrarlo.

Gritó con todas mis fuerzas, como nunca antes lo había hecho. —Mi vaquerito tierno, por favor aparece. —Mi garganta arde, aun así, vuelvo a gritar con más fuerza. —Bebé tierno. Anda, no seas así. Sal por favor.

Desconozco el rumbo que tengo, no conozco ni medio metro de este rancho, pero por mi lindo vaquerito me arriesgo, además me regaló flores.

Mi corazón continúa encogiéndose.

Doy otro paso y el mundo explota. Un rayo cae a unos metros, impactando un árbol con un estruendo brutal, el sonido me atraviesa el cuerpo.

—¡Ahh!

No alcanzo a reaccionar cuando una mano me sujeta con fuerza, mi cuerpo es jalado hacia atrás y caigo. El impacto contra el suelo es instantáneo, pero no me duele, porque alguien amortigua la caída.

Cierro los ojos al sentir su cuerpo sobre el mío, siento un brazo alrededor de mi cabeza el cual evita que golpee el suelo. El olor a tierra mojada y a él me invade al mismo tiempo.

Es el ogro.

Mi respiración se corta.

—¿Está loca? —gruñe sobre mí, con la voz cargada de furia. Abro los ojos apenas puedo ver sus facciones endurecidas. —¡¿Qué demonios hace aquí afuera?!




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