Receta de Amor

Capítulo 21: Promesa

MARGARITA

Hoy particularmente extraño a mi madre y curiosamente me olvidé de Storm. Escuchar la noticia de que serán tantos días encerrada aquí me tiene nerviosa, ansiosa y confundida.

Mi vaquerito bonito desliza sus dedos pequeños por mi cabello, lo hace distraídamente.

—Tu cabello es suave… —murmura sin dejarme ver a los ojos. —Y huele delicioso como el de mamá.

Apretó su nariz.

—Eres valiente, tienes una voz hermosa, no vuelvas a apagarla.

Bajo la mirada y se escondió en mi pecho.

—Mamá nos dejó y eso me dolió, papá dejó de sonreír, el rancho dejó de ser alegre y no quise hablar más, pero ahora quiero hablar contigo.

Mi pecho se aprieta.

—Algunos adultos les duele, pero no saben cómo calmar ese dolor, tú eres el amor de tu papá ¿Lo sabes verdad? —Le acomodo un mechón rebelde.

—Sí, pero no quiero que la tía Claudia enamore a papá, siempre me decía que sería mi mamá ¿Eso es mentira verdad?

Trago grueso y mi sangre hierve, luego recuerdo que soy una mentirosa y me avergüenzo.

—No olvides nunca que tu mamita es una sola y debes conversar con tu papá, pero no dejes que Claudia te diga cosas, apenas lo haga convérsalo.

Vuelvo a recalcarle esto, aunque ya lo hemos hablado Tómas realmente teme que esa odiosa mujer se convierta en su madrastra.

—Te quiero, desde que te vi me recordaste a mamá.

Eso no lo esperaba, bese la coronilla de su cabeza. —Tomás, te quiero más… pero yo debo regresar a la ciudad y…

Se aferró a mí con fuerza.

—No quiero que me dejes… llévame contigo por favor o quédate.

Sus lágrimas comenzaron a humedecer mi camisa y mi pecho duele, no quiero dañarlo, es un ángel que solo merece ser feliz.

—No llores… —Dije con la voz quebrantada. —Prometo llamarte, enviarte regalos y pedirle a tu papá permiso para visitarte. —Mis ojos se cristalizan.

El pequeño no se aparta. Sus dedos siguen aferrados a mi ropa como si soltarme fuera confirmar algo que no quiere aceptar.

—Siempre dicen eso y luego no vuelven —susurra contra mi pecho, con una madurez que no debería caber en una voz tan pequeña.

Mi garganta se cierra. No tengo una respuesta, no una que no duela y odio eso. Le levanto el rostro con cuidado, obligándolo a mirarme, aunque sus ojos estén llenos de lágrimas.

—Escúchame, Tomás… —mi voz sale más firme de lo que me siento, no sé en qué momento nuestra conexión se volvió así de linda, es un niño amable y con un corazón gigantesco. —Yo no soy “todos”. No te estoy prometiendo algo para calmarte, te estoy diciendo lo que voy a hacer.

Respiro hondo.

—Voy a llamarte, voy a escribirte y voy a volver a verte. No porque sea fácil sino porque me importas.

Sus labios tiemblan.

—¿Y si papá no deja?

—Entonces lo hablaré con él, le pediremos permiso, ambos ¿Te parece? —Tomás baja la mirada otra vez.

—No quiero que te vayas… —Vuelve a repetir.

Sus palabras ya no son un reclamo, siente miedo y es comprensible. Lo atraigo de nuevo hacia mí, más despacio y con suavidad.

—A veces las personas que queremos tienen que irse un rato —le digo. —Pero eso no significa que desaparezcan.

Siento cómo asiente, aunque no estoy segura de que lo crea.

—No quiero que seas novia de Storm, sino de mi papá y así seas mi otra mamá.

Me quedo quieta al escuchar su declaración, trago saliva.

—Eso no se decide, así como así, mi vaquerito amoroso. Los adultos tienen decisiones diferentes a los niños, tu papá no está buscando novia y dudo que le agrade la idea que una mujer de ciudad sea su novia.

Tomás, agotado por el llanto, apoya su frente en mi pecho otra vez.

—Quiero quedarme así un ratito más…

—Está bien —murmuró, acariciándole el cabello. —Siento la mirada del ogro Montoya y cuando levanto mi rostro allí está él con cara de pocos amigos y los brazos cruzados.

Mi huida del rancho se alargó y eso me preocupa, por el calor de la chimenea, el olor a café y el sonido constante de la lluvia crean una sensación en mi pecho que se está volviendo amenazante y peligrosa.

Es la sensación de estar en casa, apartó la vista primero y escuchó un gruñido bajo, no he podido olvidar ese momento de la cocina, ni cuando estuvimos tan cerca con el bombón.

No quiero descubrir su receta. Tomás se quedó dormido, beso su frente y me aparto un poco, luego me levanto y lo dejo descansar, busco en la cocina una taza de café.

Paso por un lado y subo hasta la habitación que habían designado para mí y veo por la ventana, la lluvia cae y se ve el aumento del nivel de agua, veo parte de las montañas, pero casi todas están cubiertas de niebla.

Suspiro y limpio algunas gotas salinas de mi rostro.




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