Receta de Amor

Capítulo 30: Confiar en ti

RAFAEL

La mentira que solté frente a Storm solo tenía una finalidad: hacerle creer que existía algo suficientemente importante como para buscarlo.

No le dije dónde estaba porque necesitaba que esa segunda parte de la información llegara a otra persona. Si realmente tenía a alguien dentro del rancho entregándole información, tarde o temprano tendría que recurrir a esa persona para descubrir lo que yo me había negado a contarle.

Margarita entró a mi despacho y cerró la puerta detrás de ella.

Permaneció unos segundos con la mirada clavada en el suelo, apretando las manos frente a su cuerpo como si estuviera reuniendo valor para hablar.

—Lo siento, no puedo mirarte a los ojos. Storm quiere que consiga la muestra —dijo finalmente. Me acerqué hasta tomar sus mejillas entre mis manos y alcé su rostro con cuidado.

Nuestras miradas se cruzaron y la culpa que encontré en la suya me molestó más que verla tomada de la mano de Storm durante la reunión. No porque creyera que me debía algo; aquel hombre seguía siendo su novio y yo conocía perfectamente el lugar complicado en el que nos encontrábamos.

Lo que me enfureció era que Margarita volviera a cargar sobre los hombros una culpa que no le correspondía completamente.

—Mírame —pedí sin soltarla. —No tienes que bajar la cabeza cada vez que ese hombre te obliga a hacer algo utilizando a tu madre. —Sus ojos se humedecieron, pero no permitió que las lágrimas cayeran.

—Le dije que lo intentaría —confesó. —Sé que acabamos de prometer que no volveríamos a mentirnos y lo primero que hice al salir de esa reunión fue decirle que conseguiría algo tuyo.

—Y viniste directamente a decírmelo. —Margarita abrió la boca para responder, pero negué antes de que pudiera castigarse otra vez. —Eso es lo que importa. Storm cree que todavía puede utilizarte y, por ahora, necesito que continúe creyéndolo. —La sentí tensarse bajo mis manos.

—¿Quieres que siga fingiendo? —preguntó. La pregunta tuvo más significados de los que ambos quisimos reconocer.

Retiré las manos lentamente porque mantenerla tan cerca estaba empezando a dificultarme pensar. —Quiero que hagas exactamente lo que necesites para salir de esta situación sin poner en riesgo a tu familia. No voy a pedirte que enfrentes a Storm esta noche ni que tomes una decisión sobre tu relación conmigo mirándote desde el otro lado de la habitación.

Margarita bajó la mirada otra vez, pero esta vez no parecía avergonzada, sino confundida.

—No sé qué siento por él ahora —admitió con sinceridad. —Hace pocos días habría jurado que lo amaba, Rafael. Durante mucho tiempo pensé que era el hombre con quien iba a casarme, formar una familia y envejecer. No puedo fingir que todo eso desapareció porque llegué a un rancho, me caí en el barro y conocí al hombre más insoportable del país.

—Gracias por la parte que me corresponde.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios y consiguió aliviar por un segundo la tensión que llenaba el despacho.

—Sabes exactamente qué parte te corresponde. —Luego volvió a ponerse seria. —Pero tampoco puedo fingir que nada cambió. Cuando él me besa pienso demasiado, cuando me abraza comparó cosas que antes ni siquiera sabía que podía comparar y eso me hace sentir horrible.

La confesión me golpeó directamente en el pecho, pero no era el momento de aprovecharme de ella. Storm estaba bajo mi techo, su madre todavía dependía de las consecuencias económicas de aquel hombre y Margarita acababa de descubrir que la vida que creía tener podía no ser exactamente lo que imaginaba.

—Entonces no tomes ninguna decisión esta noche —respondí. —Primero terminemos con esto.

Margarita respiró lentamente y asintió. Después caminó hasta mi escritorio y apoyó ambas manos sobre la madera. —Storm dijo que su informante sabe mucho, pero no todo. Necesita la ubicación y por eso me pidió que la consiga. —Su expresión cambió mientras hablaba, y vi el instante preciso en que comprendió lo mismo que yo. —Si no se la doy, tendrá que preguntarle a la otra persona.

—Exactamente.

Sus ojos se abrieron un poco. —Por eso dijiste delante de todos que habías movido la muestra.

Asentí y me acerqué al escritorio.

—La muestra no existe de la manera en que Storm imagina. Mucho menos trasladé algo antes de la tormenta. Necesitaba darle una información suficientemente tentadora para obligarlo a mover a su informante. —Margarita cruzó los brazos y empezó a caminar lentamente frente a mí. Podía verla pensando y, desde que llegó al rancho, no estábamos intentando ocultarnos nada mientras resolvíamos el mismo problema.

—Entonces yo no debo darle una ubicación —dedujo.

—Todavía no.

—¿Qué hago cuando vuelva a preguntarme?

Tomé una hoja y escribí tres palabras antes de girarla hacia ella: bodega del río. Margarita la leyó y me miró confundida. —Le dirás que conseguiste escuchar a Raúl mencionar ese lugar, pero que no estás segura. No vas a asegurarle nada y tampoco intentarás convencerlo, si Storm confía realmente en ti, tendrá esa posibilidad delante.

—¿Y al informante le darás otro lugar?



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En el texto hay: amor familiar, padresoltero, vaquero

Editado: 28.08.2026

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