Durante mucho tiempo pensé que este libro iba a terminar con una respuesta.
Con una conclusión definitiva.
Con el momento exacto en que todo cobrara sentido.
No pasó.
Todavía hay días en que extraño cosas que me hicieron daño.
Todavía hay días en que dudo de mí.
Todavía hay recuerdos que me visitan cuando menos lo espero.
Todavía hay preguntas que no sé responder.
Algunas quizá nunca las responda.
Y durante mucho tiempo creí que eso significaba que no había sanado lo suficiente.
Que si seguía pensando en ciertas cosas era porque aún estaba atrapada en ellas.
Hoy ya no lo veo así.
Entendí que sanar no es olvidar.
No es dejar de sentir.
No es despertar una mañana y descubrir que todo el dolor desapareció.
Sanar, al menos para mí, ha sido aprender a vivir sin pelearme constantemente con lo que siento.
Ha sido dejar de exigirme respuestas para todo.
Dejar de buscar culpables para cada herida.
Dejar de convertirme en mi propio tribunal.
No toda herida necesita una explicación para empezar a sanar.
No toda pérdida necesita una lección.
No todo dolor llega para enseñarte algo.
A veces simplemente duele.
Y aun así, la vida continúa.
La conversación también.
La diferencia es que ya no se parece a una guerra.
Durante años tuve una voz acusando y otra defendiéndose.
Una corrigiendo.
Una justificando.
Una exigiendo.
Una sobreviviendo.
Pasé gran parte de mi vida intentando decidir cuál de las dos tenía razón.
Cuál era la fuerte.
Cuál era la débil.
Cuál debía quedarse y cuál debía desaparecer.
Hoy sé que ambas estaban haciendo lo mismo:
Intentar protegerme.
La que aguantó me ayudó a sobrevivir.
La que cuestionó me ayudó a despertar.
La que creyó me sostuvo cuando todo parecía romperse.
La que dudó me obligó a buscar una verdad más profunda.
Ninguna era mi enemiga.
Ninguna estaba equivocada.
Solo estaban cansadas.
Como yo.
Ya no estoy intentando convertirme en alguien distinta.
No estoy buscando una versión más perfecta de mí misma.
No quiero ser más fuerte.
No quiero ser más correcta.
No quiero aprender a aguantar mejor.
Quiero aprender a escucharme.
Quiero aprender a confiar en mí.
Quiero aprender a amar sin desaparecer.
A creer sin culpa.
A permanecer sin traicionarme.
No sé exactamente quién seré después de todo esto.
No sé cómo se verá mi vida dentro de unos años.
No sé cuántas veces volveré a tropezar con las mismas heridas.
Pero por primera vez en mucho tiempo, esa incertidumbre no me asusta.
Porque ya no camino peleando conmigo.
Ahora camino conmigo.
Y quizá eso era lo que estaba buscando desde el principio.
No una respuesta.
No una explicación.
No una salvación.
Solo volver a casa.
Y descubrir que la casa siempre fui yo.
La conversación no terminó.
Por fin aprendimos a escucharnos.
#906 en Otros
#4 en No ficción
desamor y tristeza, reflexión en la vida y pérdidas, trauma abuso
Editado: 04.06.2026