Todo lo que no se dijo

Capitulo 11 Por primera vez

Acto II · Vínculo y Caída

Momento íntimo · Emocional y romántico

Este capítulo no empieza con una misión.

No empieza con datos ni con protocolos ni con el tipo de análisis frío con el que Alessia había organizado cada hora de las últimas seis semanas.

Empieza con una puerta.

Con Alessia apoyada contra ella después de salir del despacho de Adrián, con la palma sobre el pecho de manera completamente involuntaria, sintiendo algo que no tenía nombre en ningún manual de operaciones y que sin embargo era perfectamente reconocible.

Reconocible porque lo había visto en otras personas. Nunca en ella misma.

Hasta ahora.

✦ ✦ ✦

Después del despacho · 17:50 h · Piso 28

Se quedó apoyada en la puerta el tiempo que necesitó para recuperar el ritmo normal de la respiración.

Que no fue poco.

La palma sobre el esternón. El cuerpo haciendo cosas antes de que la mente decidiera si eran apropiadas. Y dentro — en ese lugar del que nunca se había ocupado porque había aprendido muy pronto que ocuparse de él costaba demasiado — algo que aleteaba sin pedir permiso.

Te lo estoy pidiendo a ti. No como protocolo de seguridad. A ti.

Se sentó. Abrió la pantalla. Fingió mirar el correo durante tres minutos antes de admitir que no estaba leyendo nada.

Lo que hacía era recordar.

La manera en que él había dicho su nombre cuando nadie más estaba en la sala. La manera en que había cerrado el expediente por primera vez. La manera en que esa última frase — tan pequeña, tan directa, tan completamente él — le había llegado a un lugar que llevaba seis años sin que nada llegara.

Cuando esto termine voy a hablar con él. Le diré la verdad — quién soy, por qué llegué, lo que hice con la información y por qué lo hice. Puede que me odie. Probablemente lo hará. Pero al menos sabrá que lo que sentí fue real.

Sonrió. Brevemente. Con esa clase de sonrisa que aparece cuando uno piensa algo que sabe que es una locura y sin embargo le importa más que la cordura.

Afuera, el pasillo seguía con su ritmo habitual. La investigación sobre la acusación había comenzado. Todo tenía solución.

Alessia lo creía con una certeza que, viniendo de ella, era extraordinaria.

Lo que no calculó era lo que iba a pasar esa misma noche.

✦ ✦ ✦

20:15 h · Vestíbulo del edificio

Eran las ocho y cuarto cuando Alessia salió del ascensor con el maletín al hombro y el abrigo en el brazo.

Adrián estaba en el vestíbulo.

No esperando a nadie en particular — eso era lo que habría dicho cualquiera que lo viera: estaba revisando el teléfono, de pie junto a la columna de la derecha, con la calma de siempre. Pero cuando Alessia salió del ascensor levantó la vista antes de que los pasos la delataran.

Como si ya supiera que era ella.

Me estaba esperando. No voy a fingir que no lo noto.

Adrián Kovač

¿Tienes algo esta noche?

Alessia

No.

Adrián Kovač

Bien.

Y sin más explicación, sin pedir permiso ni ofrecer alternativa, empezó a caminar hacia la salida.

Alessia lo siguió con la misma naturalidad con que había aprendido a moverse en su órbita.

Fuera, un coche esperaba. El conductor abrió la puerta trasera. Adrián esperó a que ella entrara primero.

No sé exactamente qué estoy haciendo. Sí lo sé. Lo que no sé es por qué esta vez no me detengo a analizarlo. Y esa ausencia de análisis es, en sí misma, la respuesta.

✦ ✦ ✦

En el coche · 20:20 h

Condujeron durante veinte minutos sin que ninguno de los dos hablara.

No era un silencio incómodo. Era el tipo de silencio que existe entre personas que ya saben que van a decir cosas importantes y todavía no han encontrado el momento exacto de empezar. El tipo de silencio que pesa bien — con ese peso específico de lo que aún no se ha dicho pero ya está decidido.

Alessia miraba la ciudad pasar por la ventana. Las luces, los edificios, la gente que caminaba por aceras sin saber que en ese coche dos personas estaban haciendo el inventario silencioso de algo que no sabían cómo nombrar.

En algún momento de esos veinte minutos, sin que ninguno lo propusiera, sin que ninguno lo decidiera, sus manos se encontraron sobre el asiento.

No fue un gesto. Fue una gravedad.

La misma que lleva semanas reduciéndoles el espacio sin que ninguno lo eligiera.

Sus manos son grandes. Lo noté la primera semana, cuando firmaba documentos. Lo noté de una manera completamente profesional que catalogué como dato y guardé en algún lugar. Esto no es profesional. Esto es otra cosa completamente.




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