Tu amor son mis alas

Capítulo 11.4 Hija

Capítulo 11.4 Hija

—Aquí está el certificado de defunción de mi padre, quien era el dueño de esta casa. Soy su heredero legítimo y tengo derecho a disponer de mis bienes —dijo el hombre con arrogancia, pero su mirada se desvió hacia Snizhana, quien, tras escuchar sus palabras, agarró una toalla. En sus manos, esa toalla adquiría un aspecto amenazante. El hombre dio un paso hacia el policía; tenía la sensación de que recibiría un correazo en la espalda con esa tela en cualquier momento.
​—En el registro de la propiedad, Chuck McConnell sigue figurando como el dueño. Usted aún no ha tomado posesión de la herencia porque no ha transcurrido el tiempo legal necesario, eso para empezar —continuó Petro—. Y aquí está el documento que demuestra que Zoe Sutton alquila legalmente esta vivienda por una suma fija —Petro giró su dispositivo hacia los oficiales y mostró el contrato. —Usted aún no es el arrendador, pero incluso si lo fuera, no tiene derecho a entrar en la casa por su cuenta; eso es una violación del contrato. Mire aquí, cláusula siete punto uno.
​—Pero yo... —el hombre empezó a tartamudear.
​—Ahora mismo, usted está quebrantando la ley —sentenció finalmente el policía—. No es el propietario y, aunque lo fuera, no tiene derecho a entrar sin el permiso de la inquilina. Y sobre el trato a los niños, mejor ni hablo. Los pequeños estaban aterrorizados.
​—¿Aterrorizados? Pero si yo... —balbuceó el tipo, dándose cuenta de que se le venía el mundo encima.
​—Usted nos gritó y tocó nuestras cosas. Llamó a Servicios Sociales porque no quise darle mi cámara de fotos —intervino Michael.
​—Yo hasta lo registraría bien, no sea que se haya guardado algo ajeno —añadió Snizhana, doblando la toalla con firmeza.
​—¡Ella no! ¡Yo no he robado nada! —chilló el hombre.
​—¿Y la cadena de Zoe? —preguntó Derek de repente.
​—¡Muestre lo que tiene en los bolsillos! —ladró el policía.
​—Sabe, su padre sí dejó un testamento, pero todos sus bienes no son para usted, sino para una fundación de protección animal. Aquí tengo acceso a los registros. Chuck McConnell testó en pleno uso de sus facultades mentales —reveló Petro.
​—¡¿Qué?! ¡No puede ser! ¡Es mentira!
​—¡Bolsillos fuera! ¡Ahora mismo! —rugió el oficial.
​El hombre empezó a retroceder, mirando hacia la puerta, pero el policía reaccionó rápido y lo estampó de cara contra la mesa.
​—Queda detenido. Tengo testimonios suficientes para llevarlo a comisaría. ¡Pero primero, vacíe los bolsillos! —ordenó el agente, guiñándole un ojo a Derek, quien lo miraba con absoluta admiración.
​El hombre empezó a sacar sus pertenencias. En uno de los bolsillos apareció la cadena de Zoe.
​—¿Es suya? —preguntó el policía.
​—Sí. En el colgante, por el otro lado, está la letra "Z", la inicial de mi nombre. Me la regaló mi hermano para mi cumpleaños con los ahorros de todo un año —explicó Zoe. En ese instante, Snizhana golpeó la mesa con la toalla justo al lado de la cara del falso dueño, haciéndolo saltar del susto.
​—Joseph, ¿has anotado todo en el acta? —le preguntó el policía a su compañero.
—Sí —asintió el otro oficial.
—Llévatelo al coche, yo hablaré con estos dos —dijo el agente señalando a los trabajadores sociales, que estaban pálidos como estatuas.
—Me parece lo justo —apoyó Snizhana.
—Entreguen sus placas —ordenó el oficial.
​Los trabajadores sociales obedecieron sin rechistar.
—Les pido disculpas por el comportamiento de estos dos. Seguramente perderán su licencia. Ya no los molestarán más, pueden estar tranquilos. Sin embargo, tendrán que pensar en otra vivienda si el dueño la legó a una fundación —concluyó el policía.
​—Sí, nosotros... —empezó Zoe. Tendría que buscar casa otra vez. ¡Dios mío! ¡Con lo caros que están los alquileres! Menos mal que Bianca le dio el anticipo, ¿pero dónde encontraría algo económico, cómodo y cerca de la escuela y la universidad? Miles de pensamientos nublaron su mente.—¡Ni hablar! ¡Zoe y los niños no se quedan aquí ni un minuto más! —sentenció Snizhana. —Hija, chicos, vayan a preparar sus maletas. Solo lo más necesario. En los próximos días vendremos por lo demás o compraremos cosas nuevas.
​Al escuchar ese "hija", Zoe sintió una calidez inmensa en el alma. Sus ojos se empañaron de lágrimas. Estaba acostumbrada a resolverlo todo sola, y de repente, la ayuda y el cariño le caían del cielo. Dan tenía unos padres maravillosos. ¡Por eso él era tan especial!




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