Capítulo 12.3. Una sorpresa
En el hospital les dijeron que no podían dejar pasar a los cinco a la habitación de Dan. No hoy. Tal vez mañana, pero definitivamente no justo después de la operación, por más exitosa que hubiera sido.
—Entonces vayan ustedes dos —dijo Petro—. Los niños y yo daremos un paseo por el parque. Vi que por aquí había ardillas.
—Gracias —se alegró Zoe, quien se había desanimado al pensar que no podría verlo.
Snizhana y Zoe caminaron juntas hacia la habitación de Dan.
—Sugiero que le hagamos una sorpresa. Entraré yo primero y tú unos minutos después —propuso Snizhana.
—Buena idea —asintió Zoe. Habría estado de acuerdo con cualquier propuesta.
Snizhana entró primero a la habitación.
—Hola, hijo, ¿cómo estás? —le preguntó a Bohdan, quien ya había pasado los efectos de la anestesia y tenía buen aspecto.
—Hola. Bien. Mamá, por favor dame mi teléfono, tengo que llamar a alguien. La enfermera me dijo que tú te lo habías llevado —pidió Bohdan.
—Sí, aquí está, te lo traje —dijo Snizhana, entregándole el teléfono a su hijo—. Pero no te apresures a llamar a nadie, por más ganas que tengas. Te tengo una sorpresa.
—Mamá, una sola llamada y luego la sorpresa —pidió Dan, pues se moría de ganas por llamar a Zoe.
—Hijo, te va a encantar esta sorpresa —dijo Snizhana, sonriendo.
—Mamá, solo una llamada.
—¡Hijo, primero la sorpresa! —insistió Snizhana, y en ese mismo instante la puerta se abrió y Zoe entró a la habitación.
—¿Tú? ¿Pero cómo? —se sorprendió Dan, rebosante de alegría.
—Te dije que te gustaría mi sorpresa —sonrió Snizhana al ver cómo le brillaban los ojos a su hijo—. Bueno, hablen un momento mientras yo voy a buscar al médico antes de que se vaya. Zoe, hija, asegúrate de que Dan se lo coma todo. No por nada estuvimos preparando todo eso.
—¿Se conocen y cocinaron juntas? —se asombró Dan.
—Sí —respondió Zoe.
—No estuve con ustedes menos de un día y ya me he perdido de tanto. ¿Me cuentas? —le preguntó Dan a Zoe mientras Snizhana salía de la habitación, dejándolos a solas.
—Te contaré, ¡pero primero tienes que comértelo todo! —le exigió Zoe.
—¡Vaya! ¿Eso también te lo enseñó mi mamá? —preguntó Dan, sonriendo, sin dejar de sorprenderse.
—Tienes unos padres maravillosos. Eres muy afortunado —dijo Zoe con total sinceridad y admiración.
—¿Así que también conoces a mi papá? ¿Y dónde están los pequeños? —quiso saber Dan.
—¡Ni una palabra más hasta que comas! —insistió Zoe.
—De acuerdo, la escuela de mi mamá. Qué nos prepararon... Yo comeré y tú me cuentas —pidió Dan, tomando de las manos de Zoe los bocadillos que la enfermera había autorizado. Snizhana había preparado tanta comida que tuvieron que regalarle una parte al personal médico, ya que no estaba permitido que un paciente comiera tanto después de una cirugía.
Zoe le contó una versión ligera de cómo había conocido a sus padres, omitiendo muchos detalles. Dan no necesitaba preocupaciones innecesarias. Bohdan estaba terminando de comer cuando Snizhana regresó a la habitación.
—Veo que tienes buen apetito, lo que significa que pronto nos espera la rehabilitación. El médico dijo que todo salió bien y que mañana podrás salir un rato en silla de ruedas, pero solo por poco tiempo y con el mínimo esfuerzo. Bohdan, te lo ruego, nada de heroísmos. Sigue los consejos de los médicos. Eres tan terco como yo, pero en esta situación demuestra la calma y la sensatez de tu padre. Mañana vendremos a mediodía y daremos un paseo afuera. Michael y Derek se alegrarán mucho de verte —dijo Snizhana—. No te olvides de llamar a Zlata, me acaba de escribir para preguntar por ti y amenazó con tomar el próximo vuelo si no le respondes. Ella es capaz, ya la conoces.
—Lo sé. La llamaré. Está bien, mamá, haré todo como dices —asintió Dan.
—¿Qué te gustaría que preparemos para mañana? —preguntó Snizhana, mirando a Zoe.
—¿Preparemos? —preguntó Dan, dirigiendo la mirada a Zoe. Ella aún no había tenido tiempo de contarle que ahora viviría con sus padres.
—Sí, ¿o acaso pensabas que iba a dejar a Zoe y a los niños desamparados? Mientras tú te pones de pie, habrá quien los cuide —afirmó Snizhana con seguridad.
Esas palabras tuvieron un significado muy profundo tanto para Dan como para Zoe. Bohdan deseaba con todas sus fuerzas aprender a caminar, y Zoe anhelaba tanto que alguien cuidara de ella.
—El tiempo de visita ha terminado —dijo la enfermera al entrar a la habitación.
Snizhana y Zoe se despidieron de Dan y fueron a buscar a Petro y a los niños. Los traviesos habían conseguido un balón en alguna parte y ya corrían por el césped.
—¡Por Dios, Petro! ¡Tu espalda! —gritó Snizhana, ya que su esposo se movía con el balón como si tuviera diecisiete años.
—Pero si esto es parte de la terapia —respondió Petro, sonriendo—. Los médicos me recetaron moverme, así que estoy cumpliendo.
—Ya veo tu entusiasmo. Espero que mañana no amanezcas postrado en cama. Vámonos a casa.
—¿Y cómo está Bohdan? ¿Tiene ánimos de luchar? —preguntó Petro.
—Y de qué manera. Tiene un gran estímulo. Con la ayuda de Dios, logrará cumplir su sueño y volverá a caminar.
—¡No tengo la menor duda! —respondió Petro, y todos juntos caminaron hacia el auto.
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Editado: 02.06.2026