Capítulo 13.2. El agente informante
—¡¿Y qué me vas a hacer tú, adefesio?! —comenzó a gritar la rubia—. ¿Acaso sabes quién es mi papá?
—No lo sé ni me interesa saberlo. Pero lo que sí sé con certeza es que, sin tu papá, no eres nadie —le respondió Bianca.
—¡Hola, Bianca! —la saludó el rector, interponiéndose entre ella y Olivia—. Nos alegra tenerla en nuestra universidad. Gracias por visitarnos.
—Buenas tardes, ya he podido notar el nivel de alegría —respondió Bianca—. Señor rector, le solicitaré que le facilite a mi abogado, el señor Roger Cole, las grabaciones de las cámaras de seguridad de hoy. Quiero advertirle de antemano que, además de colaborar con Zoe, presentaré una demanda contra otra estudiante de la universidad, Olivia Bloom.
—¡¿Cómo?! ¡¿Por qué?! —se quedó perplejo el rector. Lo que menos necesitaba era un escándalo que involucrara a una figura tan pública.
—Por daño a la dignidad. Pero no tengo ninguna queja contra usted ni contra la institución. Desafortunadamente, hasta en el panal con las abejas más trabajadoras y unidas siempre hay avispas —expresó Bianca filosóficamente.
—De las cuales hay que deshacerse, porque de ellas no se puede esperar ni miel ni una buena acción —añadió Mia en voz baja, quien junto con otras integrantes del equipo también había salido a recibir a Bianca.
—¡Esa no es Bianca! —empezó a vociferar Olivia—. ¡Es una impostora!
—¡Hola! Esa chica no merece atención, vámonos, te presentaré a nuestro equipo —intervino Zoe para desviar la atención hacia sí misma y dar por terminada la discusión.
—Hola, tienes razón, aquí no hay nadie con quien valga la pena hablar —respondió Bianca y se marchó junto a Zoe.
La pelirroja y la fotógrafa se dirigieron al gimnasio donde entrenaba el equipo.
—¡Olivia Bloom, ¿qué se cree que está haciendo?! —comenzó a indignarse el rector en cuanto Zoe y Bianca se alejaron—. Ya me tiene harto con sus desplantes. Esta era su última advertencia. Tenía un acuerdo con su padre de que la próxima falta sería la última. Mi paciencia también tiene un límite. Llamaré a su padre para que le busque otra institución educativa.
Olivia quiso replicar, pero el rector se dio la vuelta y se marchó, mientras unos estudiantes que estaban cerca comenzaron a burlarse simulando el croar de una rana.
—¡Váyanse todos al diablo! —exclamó Olivia y decidió salir de la universidad, comprendiendo que lo mejor era morderse la lengua.
Bianca quedó fascinada con la rutina que habían preparado las chicas. La fotógrafa ya había ideado un concepto muy interesante para la sesión de fotos, el cual incluía varias locaciones inusuales. Bianca les compartió sus planes a todas y decidió no hacer una selección previa; las aprobó a todas de inmediato, pues sabía ver la belleza en cada persona. Las chicas gritaban de felicidad. No todos los días te ofrecen salir en una campaña publicitaria. Bianca prometió que muy pronto la empresa que confeccionaba sus atuendos les entregaría los primeros diseños y tendrían su primera sesión de fotos. La fotógrafa explicó con claridad sus requisitos y normas. Las chicas quedaron gratamente sorprendidas por su sencillez y honestidad. Después del entrenamiento, Bianca coordinó algunos detalles más con Zoe y le pidió que le transmitiera a Dan sus más sinceros saludos. La fotógrafa estaba segura de que Dan lograría cumplir su sueño y alcanzaría el éxito.
Al salir de la universidad, Zoe recogió a sus hermanos de la escuela y, junto con los padres de Dan, se dirigió al hospital. Derek le había hecho varios dibujos a Dan, y Michael llevaba su cuaderno de matemáticas de la escuela para presumir sus calificaciones.
Snizhana y Zoe volvieron a subir a la habitación de Dan, mientras Petro y los niños se quedaron esperando afuera. Snizhana había preparado tanta comida que habría alcanzado para invitar a todo el hospital. Decidió organizar un pequeño pícnic en el parque que estaba dentro de las instalaciones médicas. Al aire libre y en buena compañía, el apetito siempre es mejor.
Dan, en su silla de ruedas, andaba de un lado a otro por el parque junto a su padre y los niños, mientras Zoe y Snizhana preparaban la mesa improvisada.
—¡Muchachos, ya dejen de correr de aquí para allá! ¡Vengan a comer! —los llamó Snizhana.
No se hizo esperar. Todos tenían un apetito voraz. Se terminaron absolutamente todo lo que Snizhana había preparado. La mujer no dejaba de contemplarlos con ternura; le causaba una gran alegría ver que los platillos que cocinaba se consumían con tanto gusto.
—El médico dijo que pasado mañana ya podemos empezar la rehabilitación —compartió Dan.
—¿No te estás apresurando demasiado? —preguntó Petro.
—No, todo salió muy bien y las prótesis ya estaban listas de antemano —respondió Dan. Deseaba tanto poder, por fin, caminar, correr, jugar al fútbol, bailar y estar en igualdad de condiciones con Zoe.
La pelirroja les contó sobre la visita de Bianca a la universidad y lo sucedido con Olivia.
—A esa ya debieron haberla expulsado de la universidad hace mucho tiempo —sentenció Dan de forma categórica.
Zoe continuó hablando de Bianca, mencionando que le enviaba saludos y que esperaba el momento en que pudieran realizar la sesión fotográfica.
—¿Una sesión de fotos? ¿Escuché bien? —preguntó Snizhana con asombro, sin poder creer lo que oía. Eso definitivamente era algo nuevo: Bohdan y las fotografías.
—Sí, mamá —sonrió Dan—. Quieren convertirme en la estrella de una publicidad de prótesis.
—¿La estrella de una publicidad? Cada vez me sorprendes más —confesó Snizhana.
—Y eso que todavía no han visto lo guapo que sale nuestro Dan en las fotos como si fuera un ángel, y en esas donde él y Zoe se están besando —delató de nuevo Derek, dejando a todos al descubierto.
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Editado: 02.06.2026