Tu amor son mis alas

Capítulo 16. Los carámbanos traicioneros

Capítulo 16. Los carámbanos traicioneros

Por la noche, Petro fue a la habitación de Derek para leerle un cuento. Pero el hombre no solo llevaba el libro, sino también un azucarero.
—¿Qué es esto? —preguntó Derek sorprendido.
—¿Qué tal si saboreamos unos carámbanos de hielo? —preguntó Petro en voz baja y le guiñó un ojo con aire de complicidad.
—¡¿Un carám...?! —exclamó Derek casi a gritos por toda la habitación mientras saltaba en la cama.
—Shhh... —lo detuvo Petro, poniéndose un dedo sobre los labios.
—¿Y está aquí adentro? —preguntó el niño, señalando el azucarero.
—No. Ahora mismo vamos a tomar uno fresquito y ecológicamente puro —dijo Petro y abrió la ventana—. Pero no se lo digas a nadie.
—¿Ni siquiera a mamá? —quiso saber Derek.
—A ella es a la primera que no le conviene saberlo —dijo Petro y sacó dos carámbanos del tejado—. Toma.
Petro abrió el azucarero, mojó el carámbano en el azúcar y se lo llevó a la boca. El hombre incluso cerró los ojos, porque aquello no era solo el sabor del hielo con azúcar; era el mismísimo sabor de la infancia.
Derek hizo lo mismo: mojó su carámbano en el azúcar y comenzó a chuparlo como si fuera un caramelo.
—Delicio-o-oso —dictaminó Derek.
—Y ahora, el cuento y a dormir —dijo Petro al ver que el pequeño estaba feliz por haber probado finalmente el dichoso carámbano. El hombre le leyó un par de cuentos a Derek y se fue a dormir con la conciencia tranquila.
Michael estuvo mensajeándose con Anet hasta altas horas de la noche. Tomó en cuenta la diferencia de horario e impresionó a la chica con sus fotos y videos. Michael se esforzaba por tomar las imágenes de modo que Agatha no apareciera en el encuadre, ya que había sido precisamente por culpa de sus fotos que se había ganado el título de "mujeriego".
Zoe estaba agotada y se quedó dormida inmediatamente después de la cena. Dan, por su parte, se quedó pegado a su dispositivo para organizarlo todo para su hermosa novia. Deseaba cumplir un sueño más: quería bailar con la pelirroja, y de una manera que ese baile resultara inolvidable.
Por la mañana, a Petro le aguardaba una sorpresa. Derek bajó a desayunar tocándose la garganta y con la voz completamente ronca.
—¡¿Con que sí le diste de comer esos carámbanos al niño?! —dijo Snizhana con tono severo.
Petro bajó la mirada, ya que jamás le mentía a su esposa. El estado de Derek lo había delatado por completo.
—¡Hay que ver a quién se le ocurre! Ahora ve a buscar leche con miel. Lo único que nos falta es que le suba la fiebre. Después del desayuno, ve al restaurante y pregunta por remedios caseros para la tos —ordenó Snizhana.
Zoe se despertó tarde. Detrás de la ventana se contemplaba una estampa digna de su cuento de hadas favorito. Antes, esa historia le parecía fantástica e irreal, pero ahora veía con sus propios ojos esos enormes bancos de nieve, los árboles con sombreros blancos y los delicados copos de nieve. A cada momento pensaba en la increíble fortuna que había tenido al conocer a Dan. Es gracias a él que era feliz. Es gracias a él que tenía una familia que la amaba a ella y a sus hermanos menores.
Después del desayuno, Petro y Derek se quedaron en la cabaña para curarse, mientras que todos los demás, junto con Zlata, Kostya y los niños, se fueron a esquiar. Michael estaba fascinado; se olvidó por completo del teléfono que antes no soltaba para lograr una buena toma. El esquí lo cautivó por entero. Zoe, debido a su miedo a las alturas, no elegía rutas demasiado elevadas para descender de la montaña.
Felices, con las mejillas encendidas por el frío y de muy buen humor, todos fueron a almorzar después de esquiar en las montañas. Derek y Petro se unieron al almuerzo. Al hombre le habían dado tantos consejos y remedios que decidió probar casi todos. Petro preparó una infusión de musgo de montaña para calmar la tos y aliviar la garganta. También le añadió grasa de cordero a la leche tibia para que Derek se recuperara pronto. El pequeño se lo tomaba todo con tal de sanar rápido y unirse a los demás.
Durante el almuerzo, Derek volvió a hacer reír a todos.
—He llegado a una conclusión muy importante. Los carámbanos de hielo son muy ricos, pero traicioneros. Ahora entiendo por qué no se comen tan seguido. Prometo que no volveré a comerlos —dijo el pequeño, poniéndose la mano sobre el corazón.
¿Y cómo no adorar a este pequeño torbellino?




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