Tu amor son mis alas

Capítulo 16.2. Tradiciones

Capítulo 16.2. Tradiciones

La señora Marichka no esperaba que llegaran tantos invitados, pero se las arregló para acomodar a todos a la mesa. Poco después llegaron más jóvenes, quienes se reunían para preparar todo lo necesario para los villancicos festivos. Todos se presentaron entre sí. Snizhana cantó los villancicos que se sabía, mientras que Zoe, Derek y Michael cantaron "Carol of the Bells". Se decidió que ensayarían todos los villancicos juntos para diversificar el repertorio. Luego, llegó el momento de repartir los papeles, ya que la koliada no es solo cantar, sino toda una representación teatral.
—Tenemos que definir a los personajes. Debe haber una cabra, un oso, un viejo, una vieja, una gitana, un soldado, ángeles y un diablillo. Cada uno de estos personajes tendrá su propia misión y sus líneas —explicó Marichka.
—Ay, ¿puedo ser yo la cabra? —se postuló Zoe—. Me aprenderé todas las líneas. Puedo saltar y hacer varios trucos.
A Zoe le fascinó tanto la idea de la cabra que hizo un par de piruetas para impresionar a los presentes. La pelirroja logró sorprender a todos y fue elegida por unanimidad para el papel.
—¿Y yo puedo ser la gitana? —pidió Zlata.
—A mí me gustaría ser un ángel —pidió Lev.
—Y a mí —añadió Derek, aunque no tan seguro como Lev, ya que para santo y ángel la verdad no daba el perfil.
—De acuerdo —sonrió Marichka.
—¿Yo podría ser el diablo? —preguntó Michael.
—¡No, yo quiero ser el diablillo! —lo contradijo Agatha—. Ese papel me queda a la perfección. ¿Verdad, papá?
—No hables así de ti misma. Para mí siempre serás un angelito... pero con cuernos —sonrió Kostya.
Se acordó que a Kostya lo disfrazarían de oso, algo que hizo muy feliz a Zlata. Ella siempre lo llamaba "babuino", así que le causaba mucha curiosidad ver a su hombre en el papel de un oso.
—¡Dios mío, qué va a decir la gente de mí! ¡Ya es de noche, casi de madrugada, y mis invitados tienen hambre! —exclamó Marichka dándose una palmada en las manos.
En cuestión de minutos, la mesa se llenó de diversos platillos y delicias, a pesar de que todos los presentes aseguraban que no tenían hambre y que no querían comer.
Mykola, el esposo de Marichka, trajo medovuha (hidromiel), pero aclaró que era estrictamente con fines vocales. Según él, la voz sonaba mucho mejor después de probarla. Todos los adultos le dieron un trago a la bebida y confirmaron que cantar se volvía más fácil.
Mykola trajo la estrella navideña para decorarla de cara a la festividad. Les dieron pintura a los niños para que avivaran los colores, y las chicas amarraron cintas de colores y cascabeles a la estrella para que se pudiera ver y escuchar desde lejos.
Marichka trajo los disfraces para todos. Para Zoe había unos cuernitos y un abrigo corto de piel volteado al revés, con el pelaje hacia afuera.
—¡Una auténtica cabra! —dictaminó Petro cuando Zoe entró en personaje y comenzó a hacer sus piruetas.
Para Zlata trajeron una falda ancha que llevaba cosidos varios cascabeles, los cuales tintineaban con cada uno de sus movimientos. El conjunto de la falda incluía tres pañuelos: el más pequeño para la cabeza, el segundo debía amarrarse a la cintura y con el tercero se cubrían los hombros.
A los niños les colocaron aureolas, alas y guantes blancos. Por su parte, Agatha y Michael resultaron ser unos diablillos formidables. Unos cuernitos, una nariz de hocico, una cola y una capa negra los transformaron por completo en pequeños demonios.
La velada terminó de maravilla. Todos estaban exhaustos, pero las emociones los desbordaban. Derek y Lev se quedaron dormidos cuando aún estaban de visita; Petro y Kostya cargaron en brazos a los niños dormidos hasta la cabaña. Fue muy gracioso cuando Derek comenzó a balbucear las líneas de un villancico mientras Snizhana intentaba desvestirlo.
—Gracias, Dan —dijo Zoe en voz baja cuando regresaron a su cabaña y cada quien se dirigía a su habitación.

—¿Por qué? Si fuiste tú quien se aprendió las líneas y te convertiste en una cabra maravillosa —sonrió Dan.
—Nada de esto existiría, yo no sería tan feliz si no fuera por ti und tus padres. A veces tengo miedo de despertar, porque a tu lado soy plenamente feliz —confesó Zoe con total sinceridad.
—No tienes idea de lo importantes que son estas palabras para mí —respondió Dan y besó la palma de la mano de Zoe.
—Has creado un cuento de hadas para mí. Me siento como una princesa —continuó Zoe—. Sabes, de niña soñaba con que si trabajaba duro, ayudaba a mi mamá y cuidaba a mis hermanos, un hada madrina vendría a aliviar un poco mi vida, o al menos a darnos algo de comer. Con el tiempo comprendí que las hadas no existen, que todo son fantasías, un cuento que jamás se haría realidad. Crecí, pero el cuento terminó alcanzándome. Solo que no siguió el guion con el que yo soñaba; es aún mejor, mucho más brillante, porque tú no eres un simple mago... eres mi príncipe —dijo Zoe y se refugió en los brazos de Dan. Se sentía tan bien, tan tranquila, tan abrigada y en paz.




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