Capítulo 18.2. ¿Te convertirás en mis alas?
Snizhana junto con Michael prepararon rápidamente la mesa, Petro destapó el espumoso y todos ocuparon sus lugares. También habían invitado a Bianca a la celebración, pero ella estaba ansiosa por editar el comercial lo antes posible y mostrárselo al mundo. Bueno, y además tenía que preparar algo más.
Después del almuerzo festivo, el teléfono de Dan sonó. Habló por poco tiempo y luego se acercó a Zoe con el rostro serio.
—Llamó Bianca, dijo que es necesario volver a filmar una parte. Dijo que el concepto cambió un poco y que los trajes que salían en escena no tienen el mismo efecto en la pantalla que en vivo. Pidió que fuéramos para repetirlo todo —mintió Dan, intentando sonar convincente. No le gustaba mentir, pero era necesario para la sorpresa.
—De acuerdo. Me cambiaré de ropa ahora mismo —dijo Zoe.
—No, espera, Bianca dijo que ya están por traernos la ropa para la filmación —dijo Dan y en ese momento escuchó sonar el timbre de la puerta.
Dan tomó dos cajas con las prendas que supuestamente había enviado Bianca.
—Aquí tienes, en esta dice Zoe —dijo Dan y le entregó una de las cajas.
—Te ayudaré, hija —dijo Snizhana y subió con la pelirroja a su habitación.
Dentro de la caja había un vestido espectacular. Si la vez anterior Zoe se había puesto un vestido con plumón blanco de cisne, esta vez el vestido era de color plateado. Apenas llegaba a las rodillas, era vaporoso y, a partir de la cintura, se desprendían hilos de plata que terminaban en pequeñas estrellas, las cuales destellaban con el movimiento y formaban extrañas constelaciones.
—¡Qué hermoso! —dijo Zoe.
—Y cómo no —pensó Snizhana, ya que ese vestido había sido confeccionado especialmente para Zoe. Una amiga de Zlata era diseñadora de moda contemporánea y había creado este vestido precisamente para la pelirroja. Zlata planeaba que Zoe participara en uno de los desfiles de moda y quería involucrar a la pelirroja en el negocio del modelaje.
Media hora después, Zoe bajaba las escaleras. Se había hecho un maquillaje estilo nude, y Snizhana le había arreglado el cabello en un peinado, colocándole en la cabeza la diadema que Zoe había traído de Bukovel y guardaba en su habitación.
—¡Eres una verdadera estrella! —dijo Dan con admiración.
El chico vestía unos pantalones blancos y una camisa plateada a tono con el vestido de la pelirroja.
—Es hora de irnos. El auto ya está esperando —dito Dan, y Snizhana, en cuanto la pareja salió de la casa, los santiguó mirándolos por la ventana. Bendijo a los chicos para que tuvieran una hermosa vida juntos, la cual estaba por comenzar.
El auto los llevó rápidamente al lago. Allí todo era diferente. No había telas acrobáticas, no había cámaras; en el lago nadaba una pareja de cisnes blancos y en la orilla había una mesa con espumoso y frutas. El sol ya no brillaba con tanta fuerza, no se filtraba entre las ramas, sino que regalaba una iluminación agradable.
Zoe miró a su alrededor, no vio a nadie y levantó los ojos hacia Dan. La pelirroja comprendió que él le había preparado algo romántico.
—Mi querido mentiroso —dijo Zoe sonriendo y lo besó en la mejilla.
—Perdóname, pero quería darte una sorpresa —confesó Dan con sinceridad.
—¿Entonces todo está bien con el video? —preguntó Zoe.
—Sí, Bianca ya casi termina la edición. Prometió enviar el video antes de la noche —respondió Dan.
—¿Así que ella y mamá son tus cómplices? —adivinó la pelirroja.
—Sí, pero toda la culpa es mía. Lo confieso, pero no me arrepiento —sonrió Dan.
La pareja se acercó a la mesa y Dan ayudó a Zoe a sentarse en la silla. Cuando él se sentó a su lado, sacó de debajo de la mesa un ramo de lirios blancos.
—Qué hermosos, gracias —dijo Zoe.
—Pero tú eres aún más hermosa y delicada —la elogió Dan.
—No me adules —sonrió Zoe, estrechando las flores contra sí.
La pelirroja no dejaba de asombrarse ante el romanticismo y las ideas de Dan. Él siempre le regalaba un cuento de hadas. Una vez más se sentía como la heroína de una historia. Pero no como la Cenicienta, sino como la princesa Estrellita. Había escuchado este cuento de labios de Snizhana, cuando la mujer la consolaba porque los trabajadores de los servicios sociales querían quitarle a sus hermanos. Parecía que aquello hubiera sido en otra vida. Ahora ella era feliz.
El cisne en el lago comenzó a batir sus alas contra el agua, ejecutando su danza nupcial para su cisne hembra, lo cual atrajo la atención de Zoe.
—Son tan hermosos. Gracias —dijo la pelirroja.
—¿Quieres alimentarlos? —preguntó Dan.
—¿Se puede? —Zoe se entusiasmó con la idea. Sus ojos se iluminaron. Su Dan sabía cómo cumplir sus deseos.
—A ti se te permite todo —sonrió Dan y sacó de debajo de la mesa una bolsita con alimento.
El sol comenzó a ponerse y sus últimos rayos se filtraban a través de las ramas. La pareja se acercó al lago. Zoe arrojaba el alimento a las aves, y los cisnes nadaron más cerca y comían gustosamente los bocadillos.
Cuando el contenido de la bolsita se terminó, Zoe abrazó a Dan.
—Realmente eres un mago —dijo la joven.
—Cierra los ojos —le pidió Dan, y la pelirroja cumplió su petición—. Ábrelos.
Cuando Zoe abrió los ojos, no podía creer que fuera el mismo lugar. Por todas partes descendían guirnaldas con luces que iluminaban el lago y todo a su alrededor. Era un verdadero cuento de hadas.
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Editado: 09.06.2026