❝ REMY ❞
Atrapé la pelota con mi guante muchas veces antes de que papá se subiera al auto con esa sonrisa grande que pone cuando está contento.
—Es hora de ir a casa, Remy —dijo mientras intentaba ponerse el cinturón—. ¿Qué pasa ahora? —resopló—. Esto no engancha bien… tengo que llevarlo al mecánico. Ponte el tuyo.
Me lo puse rápido.
Papá se inclinó un poco para mirarme mejor.
—¿El tuyo está bien?
—Sí, funciona.
Él tiró del cinturón para asegurarse y luego asintió.
—Bien.
Acomodó el espejo y arrancó.
—Tu entrenador me dijo que vas a jugar en el partido de apertura la próxima temporada.
Asentí.
Estoy muy feliz de haberlo conseguido.
—Dice que soy el lanzador más rápido.
Papá me revolvió el cabello como siempre. Yo hice una cara de fastidio, pero me gusta cuando lo hace.
—Estoy muy orgulloso de ti, hijo.
Cuando dice eso, me siento seguro.
Antes me daba miedo que un día se cansara de mí.
Pero ya no.
Hace un par de semanas cumplí siete años.
Fue mi primer cumpleaños con papá.
Invitó a los chicos del equipo y a algunos de la escuela.
Solo vinieron Tom y Julián.
Papá dijo que no importaba, que igual fue un gran día.
Pero yo sé cuándo está un poco triste.
➡︎ Hace un par de semanas...
—Lamento que poca gente viniera hoy, Remy. Seguro no les llegó la invitación —me dijo esa tarde, cuando mis compañeros se fueron.
Yo sabía que no era verdad.
Lo vi acercarse a varios papás en la escuela y hablar con ellos. Incluso parecía nervioso.
Papá no habla mucho con la gente. Una vez dijo que no se le da bien.
—No importa —le dije con la boca llena de pastel—. Tom y Julián vinieron. La pasamos bien. Fue el mejor pastel que he tenido. ¡Gracias, papá!
Él sonrió, pero sus ojos se pusieron brillosos. No sabía si estaba feliz o triste.
Solo me dio un beso en la frente y siguió comiendo pastel conmigo.
Antes, mamá decía que yo arruinaba todo. Que ojalá no hubiera nacido.
Aquí es distinto.
Desde que vivo con papá, siento que hago las cosas mejor. A veces me mira como si yo fuera importante.
Y aunque ahora solo estemos él y yo en una ciudad donde casi nadie nos conoce, nunca me había sentido tan contento.
Estoy muy orgulloso de mi papá.
*****
➡︎ Presente…
—Hoy cenaremos lasaña —dijo papá mientras manejaba.
—¿De pollo o de carne?
—De pollo —respondió sonriente.
Resoplé.
—Me gusta más la de carne.
—A mí me sale mejor la de pollo —dijo, haciendo una mueca.
—No es cierto —respondí riéndome.
—¡Ja! No puedo esperar al día en que tu te encargues de preparar la cena —soltó antes de reír entre dientes.
—Los niños no cocinan —dije—. Me puedo cortar o quemar.
—Ajá, claro —dijo, enseñándome sus dedos cubiertos con banditas—. Eso no me detiene.
Se cortó ayer con las zanahorias.
Le dije que por eso ya no debería prepararlas nunca más.
—Las zanahorias son malas.
—Igual vas a comerlas —declaró.
Encendí la radio y me acomodé en el asiento.
El camino era largo.
Pero entonces escuché un chillido fuerte detrás de nosotros.
Papá miró por el espejo.
—¿Qué…?
Yo también miré y vi un auto acercándose muy rápido.
Papá extendió el brazo frente a mí y me empujó contra el asiento.
—¡Sujétate!
El auto pitaba muy fuerte.
Luego sentí el golpe.
Todo se movió de golpe.
El auto saltó y yo me fui hacia adelante, pero el cinturón me detuvo.
Papá no llevaba el suyo.
Lo vi chocar contra el volante.
Sonó fuerte.
Después se quedó quieto.
Muy quieto.
Tenía sangre en la frente.
—Papá…
Mi voz no salió bien.