Un futuro solo nuestro

Capítulo 2. Quiero ver a papá.

REMY

—Niño, dame el número de tu mamá. Alguien tiene que venir por ti —dijo el conductor de la ambulancia cuando bajaron a papá y dos hombres se lo llevaron en una camilla.

Mi corazón golpeaba fuerte, como cuando estoy en el montículo y todos me miran porque vamos perdiendo y me toca lanzar.

Intenté correr detrás de ellos, pero el hombre me detuvo. Era grande y tenía una cara muy seria.

—Espera —dijo, sujetándome por los hombros—. No puedes entrar sin un adulto.

Yo no quería esperar.

Escuchaba a todos hablar rápido. Decían cosas que no entendía.

Además, olía fuerte y me picaba la nariz.

—Dame el número de tu mamá —repitió, mostrándome su celular—. Alguien tiene que quedarse contigo mientras atienden a tu papá.

—¡No tengo mamá! ¡No está aquí! —grité, tratando de soltarme.

Quería ver a papá. Solo eso.

—¿Cómo que no tienes mamá? —frunció el ceño—. Entonces voy a tener que llamar a una trabajadora social. No puedes estar aquí solo… ¿sabes qué es una trabajadora social?

Lo miré con los ojos muy abiertos.

Sí… sabía.

Negué rápido porque no quería eso.

Una vez tuve que hablar con una.

Después de que mamá…

Bueno.

Después de lo que pasó.

Pasado…

Miré a mamá con la cara toda pegajosa por las lágrimas. Me ardían mucho los ojos.

Ella estaba frente a mí, poniéndome algo frío en los brazos y en las piernas. Decía que era maquillaje, pero olía raro y me ardía cuando presionaba mi piel.

Tenía moretones.

Algunos eran verdes y otros morados.

Unos niños de mi escuela me habían pegado.

Se burlaban porque no tenía papá.

Yo solo les dije que sí tenía. Que estaba en algún lugar. Pero se rieron más fuerte de mí… y me pegaron más fuerte también.

Después la directora llamó a mamá.

Los papás de esos niños dijeron que yo siempre iba sucio. Que mi ropa estaba arrugada y que parecía un vagabundo.

A mamá no le gustó eso.

No porque me pegaran.

Sino por lo otro.

Luego vino una señora que dijo que era trabajadora social.

Tenía una libreta y escribía mucho en ella.

Mamá me llevó a la cocina antes de que la señora me hablara.

—Ten mucho cuidado con lo que dices —me susurró—. Esa mujer puede hacer que te separen de mí para siempre. Pueden llevarte a un orfanato. Ella va a anotar todo lo que digas.

Sentí mucho miedo.

No quería ir a un lugar con otros niños que no tenían papás.

Aunque mamá a veces me gritara cosas feas, era lo único que tenía.

—Pero… ¿ella sabe dónde está mi papá? —pregunté bajito.

Mamá suspiró fuerte.

—No vuelvas a hablar de él. Ya te dije que no te quiere. Ni siquiera quería que nacieras.

Eso me dolió.

Pero aun así dije:

—Tal vez… ahora sí me quiere.

Mamá se rió bajito.

—No digas tonterías.

Después me puso mi abrigo favorito y salió a hablar con la señora.

A mí me hicieron unas pocas preguntas.

Luego la señora se fue y todo siguió igual.

Presente…

Cuando papá vino y me dijo que viviría con él, no le pregunté por qué no había estado antes.

Me daba miedo que dijera lo mismo que mamá.

Que no me quería.

Ahora eso ya no me preocupaba.

Sé que él me quiere.

Y eso es lo único que importa.

—Por favor, déjeme ir con papá, no llame a una trabajadora social —le dije al conductor de la ambulancia—. Ya cumplí siete años. No soy un bebé.

El hombre cruzó los brazos.

—Lo siento, pero-

Las puertas de emergencias se abrieron y salió una doctora con uno de los hombres que se había llevado a papá.

Cuando me vio, su cara cambió.

No parecía molesta.

Parecía… preocupada por mí.




Reportar suscripción




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.