❝ REMY ❞
—¿Qué tal sus helados, chicos? —preguntó Lucy.
Lucy es la hermana de la doctora Olivia. Me lo contó hace rato.
Es muy linda y divertida.
Está en secundaria y dice que pronto va a ir a la universidad. Yo no sé qué es eso exactamente, pero creo que es como otra escuela, pero para niños más grandes.
—¡Está buenísimo! —respondí.
—Me alegra —dijo con una sonrisa—. Noah, ¿estás bien, bebé?
—No soy un bebé —murmuró él, frunciendo el ceño.
Lucy se rió.
—Como digas, pequeñín.
Noah rodó los ojos.
Hace un rato Lucy nos llevó a comer hamburguesas con papas fritas y refresco. Dijo que la doctora Olivia tenía que trabajar, que estaba cuidando a mi papá y a más personas, y que ella se encargaría de nosotros un rato.
Noah casi no habló mientras comíamos. Tampoco lo hizo después, ni ahora.
Cuando Lucy dijo que tenía que avanzar en su proyecto y se fue a sentar un poco más lejos con su celular, me quedé mirando a Noah por un buen rato.
Él es el hijo de la doctora Olivia. Se parece mucho a ella, sobre todo en los ojos.
—Yo juego béisbol —dije—. Soy pitcher.
No respondió.
—¿Te gusta el béisbol?
—No.
Silencio.
—¿Algún deporte?
Negó con la cabeza y siguió comiendo su helado.
—Cuando llegué aquí tampoco tenía amigos —dije, moviendo las piernas en el aire—. Bueno… casi nunca tengo.
Noah levantó la mirada.
—¿Y tu mamá?
—No vivo con ella.
—¿Tus papás también se separaron?
—No. Nunca vivieron juntos. Yo antes no conocía a mi papá.
—¿No lo conocías?
Negué con la cabeza.
—No. Un día llegó y me dijo que iba a vivir con él.
Noah se quedó pensando.
—Mis papás sí vivían juntos… —dijo bajito—. Pero se separaron.
Miró su helado y suspiró.
—Ya no vivimos en Londres… y casi no veo a mi papá.
—¿Por qué?
—Siempre está ocupado. A veces hablamos por videollamada —se encogió de hombros—. Pero… no es lo mismo.
Noah ahora parecía muy triste.
—Tu mamá parece buena persona —dije—. Es muy dulce.
Noah levantó un poco la mirada.
—Sí… —dijo.
—Debe ser genial tener una mamá así —añadí—. La mía… no era así.
Frunció el ceño.
—¿No?
Me encogí de hombros.
—No le gustaba mucho estar conmigo y siempre estaba enojada.
Se quedó callado un momento.
Yo hice una mueca sin darme cuenta, solo de pensarlo.
—Pero mi papá es genial.
Y sonreí sin querer.
Noah se quedó mirándome un segundo, y luego bajó la vista otra vez.
—Jugamos los fines de semana, vamos de campamento, al parque de diversiones y volamos cometas cerca del lago. Me ayuda con las tareas y se queda en mis partidos, aunque le grita mucho al entrenador.
Me reí.
—A veces me da un poco de vergüenza… pero es el mejor papá del mundo.
Cuando terminé, Noah parecía aún más triste, así que mejor cerré la boca.
—El mío… —dijo, pero no terminó.
Se quedó viendo su helado.
—Mi papá trabaja mucho y siempre está ocupado.
Mencionó antes de guardar silencio.
—A veces íbamos de viaje —añadió—. Pero casi siempre estaba en reuniones o en el hospital.
Se encogió de hombros.
—Mi mamá es la que me lleva a todos lados.
Asentí, pero después de darle un mordisco a mi helado —que casi me congeló el cerebro— se me ocurrió algo.
—Noah, cuando mi papá salga de aquí, puedo decirle que vengas con nosotros a volar cometas —dije—. Cerca del lago siempre hace mucho viento. ¡Es muy divertido!
Noah hizo una mueca rara.
Ya no parecía triste.
Estaba serio o algo así.
—¿Y si tu papá no sale de aquí? —preguntó de repente—. ¿Y si se muere?
Sentí como mi corazón empezó a latirme muy fuerte.
—¿Por qué dices eso? —fruncí el ceño—. No digas cosas así.
Noah se encogió de hombros.
—Tuvieron un accidente en el auto, ¿no? Uno de mis tíos murió así.